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UN CUENTO DANTESCO

 

Los ululantes lamentos de la pálida multitud cesaron cuando, al fin, vieron aparecer la Barca.
Como una sombra más negra que la misma Oscuridad, se deslizaba silenciosa hacia la lúgubre orilla del Aqueronte en la que las almas condenadas aguardaban. De la oscura nave saltó a tierra una figura ominosa y tétrica que, con voz tonante, habló a los Viajeros:

– Buenas noches, señoras y señores, bienvenidos al Gran Crucero. Mi nombre es Caronte y seré su guía durante la travesía. Por favor, vayan subiendo a bordo sin amontonarse. Muy bien. Para facilitar el desembarco, los viajeros cuyo destino sea el Primer Círculo que se queden por aquí. Les recuerdo que el Primer Círculo es también conocido como Limbo. Para gilipollas sin malicia, ya saben ¿Sólo tres? No, señorita, creo que usted se dirige al Segundo Círculo, el de los lujuriosos, pase por este lado. Gracias. ¿Algún lujurioso más? ¿Usted también señora? ¡A su edad!, en fin, póngase ahí junto al cardenal. Vale. Muy bien. Ahora los del Tercer Círculo, glotones y golosos, no, usted no. Ya sé que es aficionado a las mariscadas, pero los liberados sindicales deben ponerse al fondo, junto a los diputados y los periodistas. Ustedes no se apean hasta el Octavo Círculo, el de los embaucadores. Pueden sentarse porque todavía les queda un rato. ¿Los demás tienen claro su destino? Los que tengan alguna duda pueden consultar la Guía Dantesca que encontrarán debajo de sus asientos, junto al pack de bienvenida. A ver, el caballero que levanta la mano ¿en qué puedo ayudarle?

– Verá, yo es que he llegado tarde y no me han dado el billete con el destino.

– A ver, déjeme que consulte un momento mi tablet ..¿A qué se dedicaba usted?

– Yo era magistrado del Tribunal Superior de Cataluña.

– Ah, ya veo. Verá, es que con ustedes hay un problema de última hora. Normalmente lo alojaríamos en el Octavo, junto a proxenetas, embaucadores, cargos públicos corruptos, hipócritas y consejeros fraudulentos, pero es que esta mañana nos ha llegado una circular que, tras valorar la sentencia contra Arturo Mas y compararla con la de Blanquerna los cambia de ubicación. Quédese al fondo y yo le aviso.

– Ah ¿y dónde me llevan entonces?

– Muy cerquita, no se preocupe. Al Noveno Círculo. Bueno, espero que tengan una feliz travesía. Pueden ir apagando sus cigarrillos y agarrando los remos. Partimos en cinco minutos.

J.L. Antonaya

 

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