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CARTA ABIERTA A NUESTRA “LIMPIA, FIJA Y ESPLENDOROSA” RAE

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EL DISCURSO INFANTILOIDE DE LA EXTREMA DERECHA

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De un tiempo a esta parte, ciertos sectores de la extrema derecha española han adoptado el discurso antiinmigración en su versión más pedestre como explicación de todos los males. Así, la figura del malvado inmigrante, que roba el trabajo al laborioso español, se ha convertido en la diana favorita de la parte más reaccionaria de la política patria a la hora de lanzar sus críticas.

Un análisis maduro, basado en datos empíricos obtenidos de la sociología o la economía, demuestra que el problema fundamental de la clase trabajadora española procede de la precarización laboral a que está siendo sometida por parte de las oligarquías. En este sentido, el capitalismo utiliza el fenómeno de la inmigración para rebajar las condiciones laborales y recortar los derechos sociales de los obreros españoles. La inmigración se convierte, de esta manera, en una herramienta de la plutocracia en su batalla contra las conquistas de la clase trabajadora.

Asimismo, otro de los problemas que conlleva la inmigración masiva, y que es apenas tratado tangencialmente por la extrema derecha, es la disolución del sentimiento nacional frente a una multiculturalidad impuesta por el orden mundialista que, en su ansia homogeneizadora, pretende acabar con las identidades nacionales para crear una masa homogénea y sumisa.
El problema de la precarización laboral o incluso la de pauperización de la clase trabajadora, no se soluciona cambiando el sujeto de la explotación, sino cambiando las estructuras socioeconómicas responsables de ésta. Ergo, la solución no viene sustituyendo al inmigrante que trabaja en un régimen de pseudoesclavitud por un español que continúe haciéndolo bajo las mismas condiciones, sino atajando el verdadero problema: el capitalismo.

Curiosamente, la extrema derecha parece estar más interesada en criminalizar la figura del inmigrante que en reivindicar un salario justo o una jornada laboral de 35 horas. Una verdadera avalancha de manifestaciones en este sentido ponen de manifiesto que la extrema derecha sólo pretende perpetuar la explotación de los trabajadores, eso sí, españoles.

Tampoco en las actuaciones asistencialistas, tan en boca en los últimos tiempos, encontramos nada verdaderamente revolucionario. El hecho de suplantar al Estado en una función que le es propia sin exigirle a cambio que se haga cargo de las contraprestaciones sociales, lo único que fomenta es el desentendimiento de éste por las necesidades del Pueblo. El asistencialismo puede ser considerado como una medida contingente delimitada en el tiempo, pero no como una línea de actuación en sí misma, ya que, de hecho, permite que el Estado se olvide de los más necesitados. La verdadera lucha no está en la caridad sino en exigir al Estado una cobertura básica para que los más desfavorecidos puedan vivir de una manera digna.
Por otra parte, pese a la reivindicación de figuras históricas encuadradas dentro de la idea de revolución nacional, estos movimientos no plantean propuestas como la nacionalización de la banca o la participación de los obreros en los beneficios de las empresas, por poner sólo un pequeño ejemplo, sino que se limitan a un discurso infantiloide que busca al culpable en quien no es sino otra víctima del sistema.

Por todo ello, la extrema derecha manifiesta su total ausencia de proyecto político para un verdadero cambio radical. A lo más que llegan es a poner parches a una rueda que lleva reventada desde hace décadas, no exigiendo como parte de su agotado discurso un cambio de estructuras económicas verdaderamente revolucionario.

Mientras esta concepción “naif” de la política siga teniendo predicamento entre la derecha más reaccionaria, ésta se verá abocada a continuar siendo poco más que una mamporrera del sistema.

Ricardo Agrados

 

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