TODOS EN PIE POR ESPAÑA

Todos los lectores de El Cadenazo (por algunos foros llamado “El digital más odiado de España”) se han dado cuenta de que en él convivimos redactores con múltiples ideas y criterios. Del Continuar >>

SEXO, MENTIRAS Y CINTAS DE VIDEO

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CATALUÑA YA TIENE SU ANA FRANK

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ANNA GABRIEL EN CHICHIPEDIA

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YA ESTABAN TARDANDO EN SACAR A HITLER

Si hay que demonizar, nada mejor que los nazis. Esta vez el tadem Hitler-Gobbles ejercen de Satanás-Abraxas en el aquelarre separatista. ¿Cómo se puede ser tan ignorante y tan hijo de puta Continuar >>

REVOLUCIÓN PATRIÓTICA, ÚNICA SOLUCIÓN

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ACIMJI EN BARCELONA EL 12 DE OCTUBRE

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LA DERROTA DE ESPAÑA

No sé si será impresión mía pero me angustia sobremanera la deriva de los acontecimientos en España.

El Régimen del 78, que nació de una traición, la de la Cámara que debía velar por unos principios y unas realidades, se inició con una falacia, una falsedad intrínseca, la de que la soberanía emana del pueblo. Con ello se dio pábulo a las tesis Roussonianas expuestas en “El Contrato social”, publicado en marzo de 1.762, por las que la justicia y la verdad pasaban de ser categorías permanentes de razón a meras decisiones de voluntad. O dicho de otra forma que lo que decide la mayoría en las urnas es lo que vale, es la verdad, sea esto bueno o malo para la Nación. Otra cuestión es la manera de conformar esta decisión de voluntad mediante los partidos políticos, las diferencias en la concurrencia a unas elecciones dependiendo del dinero que se ponga en ello, con lo que se quiebra la igualdad de condiciones, pero eso ya es otra historia.

Así, la Constitución de 1978, que recogía y aceptaba estas tesis relativistas, nos habló de una democracia, de una Nación de Naciones, de unidad indisoluble, de un Rey y un ejército garantes de esa unidad, de unas Autonomías que iban a evitar los separatismos al conceder una serie de beneficios o prerrogativas organizativas territoriales a esas partes diferenciadas y díscolas históricamente respecto de su pertenencia a la Patria común, España. Se legalizaron, por las buenas o por las malas artes todos los partidos políticos. Se nos vendió, en definitiva, la panacea para un futuro mejor, en paz y tranquilidad. Y muchos, demasiados, se lo creyeron.

Los primeros empeños del nuevo régimen fueron dirigidos a consolidar ante la sociedad a un Rey puesto a dedo por Franco, a eliminar las reticencias y resistencias al cambio que se nos prometía feliz, a acostumbrar al pueblo Español a que interiorizara, votación tras votación, que él era el dueño de su propio destino, a que creyera que nada malo le podía ocurrir si él tomaba las riendas de este destino.

Que había que cambiar estructuras económicas, pues se cambiaban, que había que desmantelar grandes empresas estatales de siderurgia, pues se desmantelaban y se malvendían. Pero claro, era el pueblo quien lo decidía, y lo ejecutaba a través de las personas a quienes ese pueblo había colocado al frente de la gestión de los asuntos de Estado. No había equivocación posible.

Cuando ya el rodillo del sistema estuvo aceptado de mayor o menor grado, el sistema sacríficó a los nuevos Kerenskis de la UCD y aupó al poder a los socialistas. El objetivo, dar un giro de tuerca en consecución de eso que se llamó progresismo. El pueblo español comprobó que no pasaba nada, que ninguna conmoción suponía que la principal fuerza de uno de los bandos en liza en la guerra civil asumiera la dirección de la Nación, se normalizaba así la democracia, la alternancia en el poder. Se ponía la guinda al sistema. Los gobiernos de izquierda aceleraron más la marcha imparable del progresismo que, por definición, no tiene vuelta atrás, ni siquiera en lo bueno que pudiera tener algo de lo de atrás. Es como deslizar un vehículo sin frenos por una carretera inclinada. Para adelante, siempre para adelante. Lo hecho se fija para siempre. Nadie vendrá para deshacer entuertos… hasta el golpe final que, a buen seguro, va a tener lugar.

Luego volvieron los gobiernos de derecha, el bombazo del 11-M y de nuevo la izquierda. No es objeto de este escrito hacer una síntesis más o menos exhaustiva de lo acontecido durante sus mandatos. Para eso está la Historia y las hemerotecas. Pero sí hago al lector una consideración, ¿No os da la sensación de que la categoría humana de nuestros políticos se va degradando cada vez más según se suceden las legislaturas?.

Finalmente, la vuelta de la derecha. Ya van por la segunda legislatura. Nada de lo hecho con anterioridad ha sido derogado por quienes parecía que quieren representar a la derecha pacata, conservadora, vergonzante y neocatecumenal de nuestra Nación. Sus votantes, o son tontos o cómplices de un partido y unos gobiernos abiertamente favorables a la ley del aborto, a las nulas ayudas a la natalidad de las familias españolas, al favorecimiento de las concesiones a los presos de ETA y a la aminoración de los efectos de sus condenas, al proceso de acogida masiva a todos cuantos quieran instalarse en nuestro suelo a disfrutar de los beneficios de todo orden, a las consecuencias de la ley de memoria histórica en punto a la eliminación de cualquier vestigio de nuestra reciente historia, no solo en el terreno político, sino meramente religioso, eliminando hasta las cruces. ¿Podría haber evitado todo lo anterior?. Si hubiera querido, sí. Para algo está el instituto de la derogación. Pero no han querido. Ellos, progresistas como el que más. ¿Sus logros?, corrupción generalizada y ausencia de una idea de España en los territorios que aspiran a la secesión. Y que, de seguir en esa línea, a no tardar van a conseguir.

A mayor abundamiento en la sensación de angustia, y derivada del asalto a determinadas cotas de poder de quienes han capitalizado el descontento de la población por la deriva de los últimos gobiernos, tenemos la irrupción como dogma social de la instauración de la “ideología de género”, amparada por ley y forzada, en cuanto a la interpretación de ésta, hasta el paroxismo por los nuevos gurús de la protesta, los podemitas y podemitos. Afirmaciones tales como “no se nace hombre o mujer, el sexo se aprende o construye y se denomina género”, “la sexualidad es polimorfa, depende de nuestra elección”, “la familia es un invento, obsoleto y decadente, que necesita ser reformulado”, “los hombres son el problema, el machismo es la génesis del mal”, “la violencia es unidireccional, del hombre hacia la mujer” y “el matrimonio es opresivo, instrumento para oprimir y subyugar a las mujeres”, no ayudan a conciliar ni a solucionar los problemas que puedan existir, sino más bien a emponzoñar a una sociedad que, víctima de sus propias leyes dadas con sus votos, éstas mismas les impiden siquiera mostrarse en desacuerdo con ellas, sus resultados o sus interpretaciones, so pena de ser tildado de lgtbfobo o como se diga y ser denunciado y enjuiciado por delito de odio, cajón de sastre en el propio Código Penal no solo no derogado por el gobierno de la derecha cuando pudo hacerlo sino auspiciado por el mismo.

Y por último, el lacerante, hiriente y sangrante reto del separatismo en Cataluña, anunciado a bombo, platillo y escupitajo por los traidores a su propia esencia, odiadores de lo que son, Españoles. Quienes no hubieran osado ni siquiera argüirlo como una ensoñación si hubiera de verdad un gobierno Español digno de tal nombre.

No. España lleva en su pecado su propio castigo. Al habernos privado de categorías permanentes de razón, justicia y verdad, éstas han podido ser sustituídas por meras decisiones de voluntad.

Hasta que al pueblo Español no le entre en la cabeza que hay cosas que no se pueden, que no se deben tocar, so pena de autodestruirse, no habrá solución al problema. O reacciona pronto y bien o estamos abocados a vivir en un territorio sin alma, sin Patria, sin familia, sin justicia, belleza ni Dios o, en último término, y esto produce todavía más terror, estas cualidades se nos impondrán a sangre y fuego por foráneos y a su peculiar estilo en pocas décadas, como ya lo lograron en otro tiempo y nos han anunciado hasta la saciedad en sus proclamas y amenazas. En definitiva, la derrota de España.

¿Lo vamos a consentir?.

LLÁCER
21 de enero de 2017

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