ARCO IRIS, JUDÍOS Y OLLAS DE ORO

Los de mi generación – preLogse, preTelebasura- tenemos un primer recuerdo del arco iris asociado a un refrán: “Cuando llueve y hace sol, sale el arco del Señor. Cuando llueve y hace Continuar >>

LEVIATÁN

Hace unos días comentaba junto a un grupo de amigos hasta qué punto los modernos medios de transmisión de datos, de los cuales nos valemos a diario para comunicarnos, entretenernos, informarnos, etc., Continuar >>

OTRO CRIMEN DE LOS BUENOS EN PAPEL

Ya os comentamos en un artículo el año pasado que pronto serían públicos -este año prescribe el “secreto”- los Archivos Secretos de aquella vergüenza llamada Los Juicios de Nüremberg. Como suele ser Continuar >>

LAS PAJAS EN EL OJO AJENO

Han tardado poco, pero que muy poquito, los pijo-comunistas, en adjudicarse la propiedad del orbe. Las grandes capitales de España, en las que gobiernan desde hace dos años -recordémoslo, sin haberlas ganado Continuar >>

LA TAUROMAQUIA Y LOS SIGNOS DE LOS TIEMPOS

  A mi no me gusta la tauromaquia. Si me gusta y mucho su idioma. Hay expresiones que gracias al idioma y la cultura taurina, definen mejor que nadie la realidad del Continuar >>

¡FELIZ DIES NATALIS SOLIS INVICTI!

¡Feliz Solsticio! Honra a tus dioses. Celebra la adversidad. Festeja los lazos de sangre y suelo. Únete en camaradería. Muere y renace un año más. Honra al Sol. ¡Salve et Victoria! A. Continuar >>

A RAHOLA LE PLANTAN UN PINO

No quisiera que algún lector confundiera el titular de este pequeño comentario, con esa soez expresión de “plantar un pino” y pensara que estoy haciendo apología para que defequen sobre la independentista Continuar >>

 

EL SÍNDROME DE ESTOCOLMISTÁN

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Se suele entender por Síndrome de Estocolmo, el transtorno sicológico que se produce en una persona secuestrada cuando termina por mostrarse comprensiva y empatizar con sus secuestradores. Por extensión, suele aplicarse a todos los casos en que el respeto y la admiración hacia el enemigo se acaban exarcebando hasta terminar en una identificación con el mismo. Lo que suele llamarse “pasarse al moro”.

Y es precisamente con la morería, tan de moda últimamente por la letal afición de sus ya innumerables “casos aislados” y “refugiados perturbados” a dar matarile a los europeos, con quien algunos empiezan a sentir cierta simpatía. Y tiene su lógica.

Cuando uno vive en una sociedad anestesiada y alienada por los dogmas y estupideces del marxismo cultural, del consumismo hedonista, de las ideologías de género y génera y demás basuras hijoputescamente correctas, es inevitable admirar a quien no reniega de su cultura ni de su raza y está dispuesto a dar la vida por imponer su visión del mundo. Aunque esa visión del mundo incluya decapitar a los perros infieles como uno mismo. Y disfrazar con burkas y pañolones a las señoras.

A los que no compartimos la visión chata y materialista de la existencia que nos impone el Gran Hermano Demócrata, es normal que nos caiga mejor el moro dispuesto a inmolarse en nombre de su dios cargándose de paso a unos cuantos europeos castrati que el panchito cuya máxima aspiración es parecerse al gringo cuya rapiña ha arruinado su bananera república forzándolo a emigrar. Panchito que está dispuesto a trabajar por la mitad que los españoles, precarizando el mercado laboral y haciendo así el caldo gordo al liberalismo más rapaz.

El moro no tiene ese problema. Se supone que el 80% de los musulmanes afincados en Europa viven de las ayudas sociales y, cual cocougeteros liberados, no dan un palo al agua. Pero eso no es culpa de ellos, sino del buenismo giliprogre que, desde el pepero más baboso al podemita más hediondo, exhiben nuestros buenrollistas políticos colmando de todo tipo de subvenciones a los agarenos en detrimento de los españoles.
Que los sarracenos se reproduzcan a un ritmo mucho más acelerado que los europeos, no es culpa de ellos, que, al fin y al cabo, cumplen con su sagrada obligación de aumentar el número de guerreros del Profeta, sino de las cifuentes y carmenas que priorizan a los moritos sobre los niños españoles a la hora de conceder becas de comedor, por ejemplo.

Hace poco, un camarada me decía que el Islam no es más que una de las muchas caras del problema de la inmigración masiva promovida por los kalergis y demás sanedrines globalizadores y multicultumierdas. Y, aunque no le faltaba razón, creo que se olvidaba de la principal diferencia: Mientras que el resto de extraeuropeos importados por el capitalismo aspiran a integrarse en el basuriento y putrefacto modo de vida “occidental” asumiendo como propias todas sus aberraciones culturales, el musulmán aspira a arrasar ese corrompido modo de vida y sustituirlo por su teocracia medieval que, aunque fanática y cerril es, evidentemente, más atractiva para los que, desde fuera del rebaño demócrata, detestamos la decadencia moral que nos impone el sistema.

Pero la solución a esta decadencia no pasa por sustituir la podredumbre (y progredumbre) demoliberal por la barbarie y el fanatismo religioso de sanguinarios iluminados del desierto, sino en encontrar un conjunto de ideas en torno a las que aglutinar, ilusionar y movilizar a la juventud europea.

Cualquier otra alternativa es desnudar a un emir para vestir a otro.

J.L. Antonaya

 

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