¿HELP CATALONIA? ¿SAVE EUROPE?

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PASSAPONTI: EJEMPLO DE MILITANCIA

“Quise cruzar la vida con la luz del rayo, que el espacio alumbra, seguro de no vivir más que un instante, seguro de no morir debilitado. Así como el rayo: corto, breve, Continuar >>

PROSTITUCIÓN EN FACEBOOK, LEGAL

Supongo que cualquiera que tenga Facebook recibe este tipo de perfiles con solicitud de amistad. Lo que ofrece el perfil es claro: sexo. Esas famosas “Normas Comunitarias” por las que muchos hemos Continuar >>

TODOS EN PIE POR ESPAÑA

Todos los lectores de El Cadenazo (por algunos foros llamado “El digital más odiado de España”) se han dado cuenta de que en él convivimos redactores con múltiples ideas y criterios. Del Continuar >>

SEXO, MENTIRAS Y CINTAS DE VIDEO

Escuchaba hoy divertido una tertulia en la radio acerca de lo saludable de la ingestión de frutas, justo en el momento en que al hablar de la pera alguno de los comentaristas Continuar >>

CATALUÑA YA TIENE SU ANA FRANK

Hay que apuntalar la nueva versión de la historia, así que pasen y vean la triste historia de Pilar Duaygües, una joven republicana que vivió el conflicto de nuestra Guerra civil en Continuar >>

ANNA GABRIEL EN CHICHIPEDIA

Chichipedia se actualiza sóla, luego vienen los humanos y rectifican. En lenguaje teleco: han troleado la entrada. Gracias por las risas, anonymous. A. MARTÍN   https://es.m.wikipedia.org/wiki/Anna_Gabriel   Continuar >>

 

REIVINDICACIÓN DE LA GILIPOLLEZ

Venturosamente, ya han pasado a la Historia los días en que ser gilipollas era un motivo de mofa, befa y discriminación social.

En aquella época oscura, los gilipollas intentaban ocultar su condición para no ser señalados. Algunos lo conseguían con grandes esfuerzos y reprimían durante años su naturaleza gilipollesca. La Historia recoge ejemplos de grandes gilipollas que, aún hoy, siguen siendo admirados como próceres ilustres. Sobre todo, por otros gilipollas. Nombres como Sabino Arana o Blas Infante, siguen siendo venerados por gilipollas que transmiten su gilipollez a las futuras generaciones como una antorcha sagrada.

Sin embargo, en otros casos, los gilipollas son descubiertos por una sociedad intolerante que los ningunea y minusvalora. Si algunas de estas víctimas de los prejuicios sociales no sufren por tal discriminación es porque, afortunadamente, su grado de gilipollez es tan elevado que les impide darse cuenta de su propia condición. La mayoría de los gilipollas ignoran, aún hoy, que lo son. Esta circunstancia mitiga el sufrimiento de los gilipollas y les impide detectar el pitorreo que sus acciones despiertan en sus conciudadanos. Sin embargo, también supone un freno al pleno reconocimiento de la gilipollez como derecho.

A pesar de que cada vez se acepta con mayor normalidad que los gilipollas ocupen puestos destacados en cualquier ámbito de la vida social, aún sigue habiendo gran número de ellos que tienen miedo a salir del armario. Y esto constituye un atraso injustificable en pleno siglo XXI.

Hoy, cuando los gilipollas asumen importantes responsabilidades desde La Moncloa, la Zarzuela o la propia Casa Blanca, cuando notorios gilipollas son elegidos en las cada vez más gilipollescas elecciones y la gilipollez, como un magma ubicuo, inunda parlamentos, ayuntamientos, cuarteles y tribunales, es hora de que los gilipollas den un paso al frente y reivindiquen el orgullo de su condición.

Por todo ello, desde estas páginas exigimos que nuestros legisladores promuevan un Día del Orgullo Gilipollas. Dicho Día debe ser festivo en todas las ciudades de España, en las que será obligatorio que se celebren cabalgatas y romerías en las que los gilipollas, ataviados con sus mejores galas, desfilen y dancen con alborozo. Exigimos que tales cabalgatas se financien con cargo al presupuesto y se publiciten desde todos los medios de comunicación públicos y privados.

Es necesario, asimismo el fomento de la gilipollez en nuestro sistema educativo. Con este fin, exigimos que en todos los niveles de enseñanza existan asignaturas obligatorias que promuevan la gilipollez entre los estudiantes

También exigimos que la condición de gilipollas, como ya ocurre con la de extranjero o la de cocougetero, sea tenida en cuenta como prioritaria a la hora de conceder ayudas o subvenciones así como para acceder a cualquier empleo.

Por último, para erradicar los prejuicios que aún hoy siguen existiendo contra los gilipollas, creemos imprescindible la creación del delito de gilipollofobia, que castigue con la máxima dureza a cualquiera que, por acción u omisión minusvalore o critique alguna gilipollez o difunda opiniones que puedan ofender a cualquier gilipollas.

J.L. Antonaya

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