REPÚBLICA SÍ. PERO NO TRICOLOR

Hoy la abigarrada amalgama de cursis, resentidos, degenerados, traidores y vividores conocida como Progresía celebra el aniversario de la proclamación de la Segunda República.
La otra abigarrada amalgama, la de los cobardes, cornudos, lameculos, acomplejados y vividores conocida como Derecha intentará mirar hacia otro lado ante la previsible e ilegal exhibición de trapos tricolores, insultos a la borbónica legalidad vigente y demás muestras festivas de la otra piara.

La habitual histeria ante símbolos “preconstitucionales” queda aparcada para otras fechas. Ante el masónico y preconstitucional trapo rojo, amarillo y morado, mejor guardar un respetuoso silencio.
Y es que la artificiosa, maniquea y deformada imagen instalada en el mononeuronal imaginario progre a golpe de tergiversación, memoria histérica y películas subvencionadas ha calado no sólo en el rojerío más agreste y enemigo del jabón, sino en la opinión pública general.

La Segunda República se ha convertido así en una especie de Arcadia feliz, poblada por aguerridas y algo machorras aunque encantadoras sufragistas marisabidillas, talentosos artistas mariposones morando en la Residencia de Estudiantes y esforzados y, quizá, un poco bruscos líderes obreros revolucionarios. Seráficos y santurrones apóstoles anarquistas predicaban sobre las ventajas de la alimentación vegetariana, del nudismo y de la Institución Libre de Enseñanza, mientras bonachones e ilustrados masones intentaban sacar a España de su secular atraso. Y así sucesivamente.

Cualquier parecido entre esta edulcorada invención y la realidad, es pura coincidencia pero ha sido asumida como verdad incuestionable incluso por la derecha menos subnormal.

La Segunda República se ha convertido en una canónica Edad de Oro sinónimo de todo lo bueno, sin mezcla de mal alguno.
Como necesaria contrapartida, el franquismo es sinónimo de la maldad más abyecta de la que, para ser considerado buen ciudadano, hay que hacer aspaventeros gestos de repugnancia y negación.

El que la Segunda República fuese una de las épocas más nefastas de nuestra Historia, de que imperase el fanatismo antinacional que nos condujo a la Guerra Civil, de que desde su nacimiento estuviese inspirada por los peores sectarismos del siglo anterior, y de que fuese una época decadente violenta y criminal en la que las alimañas marxistas asesinaban por la espalda a los falangistas con la connivencia de los corruptos Gobiernos republicanos de derechas e izquierdas, son circunstancias molestas que no deben enturbiar con su inoportuna realidad el cuento chupiguay de la versión oficial.
Por eso, en esta fiesta de la mediocridad progre, me quiero limitar a hacer una aclaración que creo necesaria:

Considero el trapo tricolor y lo que representa como una sucia toalla indigna de colgar junto al bidé más pringoso de un puticlub de tercera.
Lo que no quiere decir que sienta el más mínimo respeto por la monarquía borbónica, decadente, caciquil y corrupta hasta el tuétano que cayó el 14 de Abril de 1931.

No sé si me explico.

J.L. Antonaya

ant-5

 

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