PRENSA ROSSI

¿Pero es que no sentís curiosidad? ¿Pensáis que podréis seguir con vuestra vida, criar a vuestros hijos, realizaros laboralmente y como persona, vivir en Comunidad, pagar vuestras facturas, aparcar bien el coche, Continuar >>

REGALOS PARA LOS CHURUMBELES

¿Aún dudas qué regalar a tu hija en la próxima Navidad? ¿Te sientes mal por ello? ¿Crees que eres un mal padre? No pienses más y lee: Si quieres estar de acorde Continuar >>

100 AÑOS DE LA DECLARACIÓN BALFOUR

  Un siglo de usurpación, dolor y opresión para el pueblo palestino. (Caricatura del artista jordano Latif Fityani) A. MARTÍN   Continuar >>

UN CÓMIC FUTURISTA Y ANTIFASCISTA

¿Les gustan los comics? Pues no lean éste. Es una bazofia. Puede que los propios demonios interiores de los autores le hayan dado forma; si es así, hay que convenir que sus Continuar >>

HITLER ¿HOMBRE O MONSTRUO?

  “No se debe dar mucho valor a la vida individual. Si la existencia de uno de nosotros fuera indispensable, no estaría esclavizada a la muerte” Adolf Hitler. Hitler es el personaje Continuar >>

LA POLITICA DEL FUTURO PRÓXIMO

  La política de este tiempo que viene será espiritual o no será. Lo que llaman Política Económica ni es Política ni es Económica. De hecho es la ruina de la Política Continuar >>

NO ERA PAZUZU, QUE ERA PUIG-DEMONI

Los iconos de mi juventud van cayendo, uno a uno, sin compasión, sumiéndome en una depresión de aquellas que te impulsan a saltar de un ascensor en marcha. Hace años me enteré Continuar >>

 

EL MITO DE LA CAVERNA O MATRIX AL REDESCUBIERTO

Un curioso y deprimente artículo, aunque bastante mal traducido, resulta interesante en algunas cosas pues no está escrito por nadie del “ambiente”, lo escribe una tal “Julieta Sanguino”, que bien podría ser un colectivo o un pseudónimo, bajo el título “Ilustraciones de la decadencia humana”… Hay muchos clichés en las ilustraciones y en el texto, algunos puede herir sensibilidades de lectores, pero no deja de ser curioso que “haya vida inteligente ahí fuera…”

 EL CENIZO

 

El mundo contemporáneo es un atisbo de la realidad, una visión mediada por los demás, llena de apariencia, de falacias, de incertidumbres, de irrealidades. Nos encontramos ante una sociedad con miedo, con cámaras por doquier y nada de descanso. Vivimos con la falsa necesidad de tenerlo todo al instante, de comprar lo último en la moda, de mostrar nuestros momentos más sentimentales en las redes sociales; aparentamos y nos vemos felices, queremos consuelo y simulamos tristeza y así todos parecen creerlo.

Vivimos con marcas comerciales por todo el cuerpo que parecen estar tatuadas en cada centímetro de nuestra piel. Deseamos pertenecer y ser distintos al mismo tiempo y las empresas lo saben. Queremos mostrar la belleza de nuestro cuerpo adornándolo con los más bellos collares o atuendos que sean específicamente de una marca. Criticamos a los demás y vivimos felices bajo esa rutina al ver que alguien prueba su estatus y clase social a través de las redes sociales, que compra un nuevo objeto que todos desean y lo único que hace es subirlo a Facebook, aunque nunca en su vida lo use.

Vivimos en una realidad irreal, parecida a la de las distopías ficticias a las que esperamos nunca llegar. Las mujeres más hermosas y jóvenes se fijan en hombres mayores, horribles y con mucho dinero para obtener lo que anhelan. Queda de lado la felicidad real, el bienestar emocional, porque las emociones ahora se centran en la apariencia, en mostrar lo que no somos y querer lo que no tenemos, porque el anhelo a lo prohibido nos mueve y nos hace girar ante el mundo que piensa igual que nosotros.

Distopía es un término antónimo de utopía significando una ‘utopía negativa’, donde la realidad transcurre en términos antitéticos a los de una sociedad ideal, representando una sociedad hipotética indeseable.

Todos formados, con una marca en el pecho que dice “consumo”, nos dirigimos a la inevitable incertidumbre de no pertenecer, de ser excluidos si no tenemos las ventajas de encajar. El mundo está prefabricado; la comida es enlatada, la ropa, los programas de televisión y nuestra visión del mundo son como los gobiernos la imaginaron, como los políticos quieren, como el sistema manda que debe ser.

No vivimos para cuidar a otro ser, a la naturaleza o a los animales, vivimos para cuidarnos, para enriquecernos, para lograr el poder absoluto que nos haga más fuertes que al resto. Los recursos que tenemos se acaban lentamente, pero nos cuesta trabajo entender esta premisa. Buscamos el placer inmediato, nos volvemos una sociedad con la cultura del placer inmediato, del lujo eterno, de las pasiones efímeras.

La tecnología nos encadena, nos dedicamos a ser más populares en un mundo virtual, nos divertimos sólo en la apariencia. Mientras el mundo se diversifica y cambia afuera, por dentro todo permanece bello, triunfan los estándares de belleza que impone Photoshop, los lugares más hermosos que vemos en Swarm, las fotografías de los paisajes en Instagram o los artículos lujosos que nos encantaría tener de Pinterest. Nos creemos cultos e informados porque escribimos sin criterio en Twitter y vemos lo que los medios, nuestros amigos y gente famosa escribe o hace. Queremos ser como ellos al precio que sea.

Nos parece cada vez más normal la industria sexual, la que domina al mercado y se incrusta en todos los medios de comunicación. Buscamos ver más curvas, más sexo, más penes, vaginas y pechos. Banalizamos las relaciones, nos da lo mismo tener sexo con alguien conocido o desconocido, hacemos citas a través de aplicaciones telefónicas para buscar amor, encuentros sexuales o simplemente contacto físico.

Ya nada nos sorprende, las películas tienen sexo real y ni siquiera nos inmutamos ante el hecho. Los poemas nos parecen vacíos, la literatura requiere de un ingrediente sexual para triunfar y si añades la palabra erótico o sensual a una frase, sabes que su éxito está garantizado.

La fe de las personas se acaba o se exalta. Miles acuden a otros sitios para buscar consuelo en donde las grandes entidades religiosas no lo logran. Se abren más y más centros de ayuda que prometen la curación, la salvación, la gloria, una nueva vida lejos de los problemas que nos aquejan. La religión se convierte también en una industria de sueños, de vivencias y aventuras. Todos los hombres cumplen un papel fundamental: sanadores, dioses, curas, Papas, sacerdotes, todos una figura masculina; las mujeres, relegadas mas no en el olvido, cumplen papeles menos complacientes: incitadoras, monjas que no pueden siquiera oficiar una misa y no hay más, la religión machista que desde la Edad Media dominó, aunque diversa en otras miles de religiones, cumple las mismas funciones con los mismos actores. Todo es negocio y si no lo creen, basta con ver las iglesias llenas de oro y los feligreses paupérrimos que acuden en harapos.
http://culturacolectiva.com/ilustraciones-de-la-decadencia-humana-que-solo-entenderan-las-personas-con-criterio/

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