ACIMJI MULTA

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SALUDO A NUESTRO ESTILO

  Aún tienen los camaradas -los de verdad- esa capacidad de emocionarme en algunas ocasiones; y en todas, cuando es de ti de quien hablan. Hace pocos días, Alvaro y yo intentábamos Continuar >>

PAPÁ ¿QUIÉN ERA JUAN IGNACIO?

A Juan Ignacio González Ramírez, secretario nacional del Frente de la Juventud, vilmente asesinado el 12 de diciembre de 1980 (La redacción de El Cadenazo)   -Padre. -Dime, hijo. -Cuéntame de nuevo Continuar >>

ANTORCHAS 2017

PANCARTA DE CABECERA DE LA VII MARCHA DE LAS ANTORCHAS.  MADRID 16 DE DICIEMBRE Continuar >>

LA MARCHA DE SALEM

  Fue un 9 de Diciembre de 2000 en la periferia de Estocolmo, cuando y donde una chusma forastera asesinó brutalmente a Daniel Juhani Wretström, nacido el 15 de Octubre de 1983. Continuar >>

LOS PILARES DE LA DEMOCRACIA

En toda Democracia auténtica, es decir, debidamente reconocida y aprobada por la conciencia universal, los partidarios son el complemento lógico, indispensable, del sufragio universal. Podemos admitir un sufragio por partidos; un sufragio Continuar >>

EXTRAÑAMIENTO DEL MILITANTE CATÓLICO. EN TU PROPIO SOLAR QUEDASTE FUERA

Se ha celebrado un año más el Día de la Constitución. En las redes sociales han circulado pasquines y carteles de propaganda del referéndum en que fue aprobada. Resulta curiosa, vista con Continuar >>

 

LA VUELTA DE LOS VENCIDOS

Por la estepa solitaria, cual fantasmas vagarosos,

abatidos, vacilantes, cabizbajos, andrajosos,

se encaminan lentamente los vencidos a su hogar,

y al mirar la antigua torre de la ermita de su aldea,

a la luz opalescente que en los cielos alborea,

van el paso retardando, temerosos de llegar.

Son los hijos de los héroes que, en los brazos de la gloria,

tremolando entre sus filas el pendón de la victoria,

regresaron otras veces coronados de laurel.

Son los hijos, la esperanza de esa raza poderosa

que, los campos fecundando con su sangre valerosa,

arrastraba siempre el triunfo amarrado a su corcel.

Son los mismos que partieron entre vivas y clamores,

son los mismos que exclamaron: ¡Volveremos vencedores!…

Son los mismos que juraban al contrario derrotar,

son los mismos, son los mismos, sus caballos sudorosos

son los potros impacientes que piafaban ardorosos

de los parches y clarines al estruendo militar.

Han sufrido estos soldados los horrores de la guerra,

el alud en la llanura y las nieves en la sierra,

el ardor del rojo día, de las noches la traición;

del combate sanguinario el disparo, la lanzada

—el acero congelado y la bala caldeada—

y el empuje del caballo y el aliento del cañón.

Pero más que esos dolores sienten hoy su triste suerte,

y recuerdan envidiosos el destino del que muerte

encontró en lejanas tierras. Es mejor, mejor morir,

que volver a los hogares con las frentes abatidas,

sin espadas, sin banderas y ocultando las heridas,

las heridas que en la espalda recibieron al huir.

A lo lejos el poblado ya percibe su mirada:

¿Qué dirá la pobre madre? Qué dirá la enamorada

que soñaba entre sus brazos estrecharle vencedor?

¿Qué dirá el anciano padre, el glorioso veterano,

vencedor en cien combates? ¿Y el amigo? ¿Y el hermano?

¡Callarán avergonzados, si no mueren de dolor!…

Y después, cuando a la lumbre se refiera aquella historia

del soldado, que al contrario disputando la victoria,

en los campos de batalla noble muerte recibió;

y los viejos sus hazañas cuenten luego, entusiasmados,

se dirán los pobres hijos del vencido, avergonzados:

¡Los valientes sucumbieron y mi padre regresó!…

Tales cosas van pensando los vencidos pesarosos,

que, abatidos, vacilantes, cabizbajos y andrajosos,

caminando lentamente, se dirigen a su hogar;

y al mirar la antigua torre de la ermita de su aldea,

a la luz opalescente que en los cielos albores

van el paso retardando, temerosos de llegar.

 

Luis de Oteyza (1882-1960)

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