BACHA BAZI, NO ES FLAMENCO | El cadenazo digital

BACHA BAZI, NO ES FLAMENCO

Hace ya algunos años, un iluminado llamado José Luis Rodriguez Zapatero, a la sazón presidente de gobierno en España intentó impulsar no se sabe muy bien con qué pretensiones la llamada Alianza de Civilizaciones, un truño monumental con el que se quedó sólo y que basicamente sirvió para que otros dirigentes mundiales confirmaran lo que ya intuían: que Zapatero era idiota.

Aquella gilipollez no pasó de la primera puerta, pero sirvió para que en gran parte de la sociedad española comenzara a asentarse la idea de que “to er mundo e güeno” y que el mestizaje de culturas enriquece.

En la biblioteca del Congreso de EEUU se halla colgada en lugar destacado, con gran protocolo, la foto que acompaña estas líneas ilustrada del siguiente texto explicativo: Danza de un baccha (niño bailarín). Samarkanda (ca. 1905-1915), fotografía de S. M. Prokudin-Gorski.

En 1872, Eugene Schuyler, explorador norteamericano y cónsul en Turquía escribiría: “Estos batchas son tan respetados como los más grandes cantantes y artistas lo están entre nosotros. Cada movimiento que hacen es seguido y aplaudido, y nunca he visto tanto interés sin aliento, ya que excitan, toda la gente parece devorarlos con sus ojos, mientras sus manos golpeaban al tiempo para cada paso. Si un Batcha condesciende a ofrecer a un hombre un plato de té, el receptor se eleva a tomarlo con una profunda reverencia, y devuelve el cuenco vacío de la misma manera”.

La orgullosa exhibición de la instantánea en el Congreso de Yanquilandia y “la lírica” del texto del consul no hace si no confirmar que la producción de estúpidos no es solamente patrimonio español.
Los Bachi Bazi o “niños juguetones” es una práctica centenaria asociada a la cultura Pastún afghana y a sus regiones colindantes y que básicamente consiste en una de las más antiguas costumbres de pedofilia homosexual extendida socialmente entre las castas más pudientes y que a día de hoy, a pesar de estar prohibida en Afghanistán persiste con toda la fuerza de su tradición.

Menos mal que ZP no tuvo éxito con sus intercambios culturales, porque no quiero ni imaginarme la carita del expresidente español, sentado a horcajadas sobre una de aquellas maravillosas alfombras de las mil y una noches y -pensando que va a presenciar un espectáculo de flamenco- aparezcan los niños juguetones.

Que digo yo, que mejor cada uno en su casa, ¿o no? .

LARREA   MAY/2017

 

lar34

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