POBLACIÓN IDIOTIZADA, DÓCIL Y SUMISA

Tengo recuerdo de haber leído ya este artículo que les enlazo, incluso creo haberlo comentado, pero lo encuentro tan esclarecedor que no me resisto a reproducirlo de nuevo. La tesis principal es Continuar >>

PRIMEROS DEFENSORES DE LA NATURALEZA

Hermann Göring recibe el saludo, brazo en alto, de los animales por su orden de prohibir la vivisección, en un conocido cartel de la época (que no reproducimos por aquello de la Continuar >>

A PROPÓSITO DE MACHADO: LORCA… ESPAÑOL, CATÓLICO Y TAURINO

“Lo más interesante de esta inmensa ciudad es precisamente el cúmulo de razas y de costumbres diferentes. Yo espero poder estudiarlas todas y darme cuenta de todo este caos y esta complejidad. Continuar >>

ISLAMOFOBIA, TERRORISMO Y SER BLANCO…

El terrorismo se define como el uso sistemático del terror para coaccionar a sociedades o gobiernos, utilizado por una amplia gama de organizaciones, grupos o individuos en la promoción de sus objetivos, Continuar >>

“DE CASTA LE VIENE AL PUJOL”

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RECUERDA

  Estamos en territorio enemigo y nadie nos dará cuartel. Somos la bestia a batir. Nunca lo olvides. No esperes justicia de sus tribunales. Cuando condenan a unos patriotas por gritar “¡Cataluña Continuar >>

MÚSICA DEL TERCER REICH EN RADIO NACIONAL

Iba conduciendo y suena en la radio la famosa canción “Lili Marlen” en una antigua grabaciòn con voces de soldados de fondo… Casi me salgo del carril… Resula que Radio Nacional de Continuar >>

 

¿ES DEMÓCRATA LA DEMOCRACIA?

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Como casi todos los pedantes, yo lo soy, suelen comenzar los artículos con una entrada de diccionario o etimológica, no voy a ser menos, que para algo existe la Wikipedia que viene a ser como la Espasa de antaño pero sin tener que pagar…

Dice la cita enciclopedia “democracia” es, atentos a la parrafada:

“La democracia (el latín tardío democratĭa, y este del griego δημοκρατία dēmokratía) es una forma de organización social que atribuye la titularidad del poder al conjunto de la ciudadanía. En sentido estricto, la democracia es una forma de organización del Estado en la cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta que confieren legitimidad a sus representantes. En sentido amplio, democracia es una forma de convivencia social en la que los miembros son libres e iguales y las relaciones sociales se establecen de acuerdo a mecanismos contractuales.”

Nunca me ha interesado la democracia, no creo en ella, me parece un engaño, una tomadura de pelo que enmascara poderes financieros, intereses de lobbies de presión, una añagaza para hacer creer al común, que es dueño de sus destinos.

No voy a hablarles de la “democracia ateniense” pues de sobra saben los lectores que aquello era una oligarquía esclavista y el “pueblo”, esa entelequia que citan los liberales, poco o nada decidía. No voy a decir tampoco que todos los regímenes despóticos merezcan respeto, sólo pretendo dudar y hacer dudar de la sacrosanta palabra democracia y sus “fundamentos”

Se nos dice que la democracia es el gobierno del pueblo, que éste detenta el poder por “representantes interpuestos”, vulgo partidos políticos. Creo innecesario criticar estos “instrumentos de poder” pues no son más que estructuras para que gente mediocre acceda a privilegios, sueldos y estatus impensables por sus propios méritos intelectuales o laborales. Los partidos políticos, no representan al pueblo en general, de hecho la mayoría del “pueblo” suele ignorar sus programas, o estos son cambiantes o tan parecidos que son difíciles de discernir. Aún así, los ciudadanos les votan.

Los fascismos en general, siempre tuvieron aversión a calificarse de “partidos”, preferían otras acepciones. La repugnancia venía dada por las aspiraciones totalitarias de los mismos fascismos y porque sabían perfectamente que los partidos no eran más que entes prostituibles fácilmente.

Si estamos conformes en que los “partidos” no representan los intereses ciudadanos, antes bien, sólo representan los suyos propios, nos queda pensar qué legitima la “democracia” como tal.

Alguien nos argüirá que la participación de los ciudadanos en sus destinos, la participación en su futuro, sin embargo, además de los ejemplos de auténticos “timos” electorales que se suceden a ritmo vertiginoso en los últimos decenios, también aumenta la abstención (que tiene dos factores, la del lumpen babeante y la del elector que rechaza el sistema) e incluso la del voto nulo de aquellos que no se ven representados. Los “todólogos y politólogos” diversos se encargan de decir que tal abstencionismo es un peligro pues denota “desencanto” y puede llevar  ¡oh dioses! al triunfo de los “extremismos”… Cabe preguntar si los “extremismos” no tienen derechos democráticos, que ya les digo yo que no, que suelen ser perseguidos, ilegalizados, anulados, ninguneados o multados.

Entonces, ¿qué legitimidad tiene un sistema “democrático” que se supone representa a la ciudadanía, al pueblo, cuando este mismo, ni se molesta en ir a votar en proporciones alarmantes?

¿Qué legitimidad tienen parlamentos que han votado menos de la mitad de los ciudadanos?

El calendario electoral de los profesionales de la política han convertido las elecciones en el rito “democrático” que cada cuatro años intenta combatir el desencanto de los electores que empiezan a no sentirse representados.

Los partidos oficiales del régimen continúan siendo los “más representativos”, cada cuatro años renuevan ese pacto con el sistema que les confiere legitimidad a cambio de sumisión. Porque su misma existencia como partidos no depende ya de los electores o de los afiliados que estén asociados en ellos, sino de la legitimidad y las subvenciones que se derivan de las elecciones a tanto por voto o de las subvenciones que reciben o de la propia corrupción que los financia.

Solo así se explica que unas elecciones en las que hay una clara mayoría de abstenciones , sean la piedra angular de un sistema político en el que ya, casi nadie cree, pero que mantiene a una pléyade de organizaciones que tienen más de burocráticas e incluso mercantiles, que propiamente políticas, entendiendo esta como la búsqueda del bien común..

Cada cuatro años se opera el milagro de la “representatividad” y claro está, los “representados” nos quedamos como estábamos porque aquí ya nadie cree en esos milagros democráticos que sanciona el credo legislativo, porque a ningún representante le interesa nuestra opinión ni si podemos llegar o no a fin de mes, si tenemos o no vivienda, ni si tenemos o no contratos basura ni si se respetan o no nuestros derechos laborales. A los representantes solo les interesa nuestro voto y nuestra sumisión, no sea que se les acabe el chollo.

Y en el terreno de lo social lo mismo podría decirse, es la presión popular la fuerza que realmente puede hacer cambiar las cosas. Y no son las organizaciones políticas de la casta las que pueden desarrollar esta acción directa de los ciudadanos sino otras formas de organización. De ahí el tremendo esfuerzo que dedican gobiernos y grupos económicos de poder en controlar a la opinión pública y callar a la disidencia.

Si somos todos los que nos negamos a ser representados por los partidos, los que no nos sentimos identificados con esa casta de representantes políticos, los que tomamos conciencia que podemos transformar la sociedad ¿qué harían los de la casta? ¿otra guerra mundial?

Lo más llamativo para la gente de a pie, es cuánto fango ha ido saliendo de debajo de las alfombras de los diferentes partidos políticos. Debajo de la alfombra de unos: Madrid, Valencia, financiaciones irregulares, licitaciones ilegales, robos… de debajo de la alfombra de otros: Ere´s, Andalucía…. A los nuevos que han entrado y como hay poco fango que sacar (por lo menos de momento), les acusan de cualquier cosa y los otros nuevos, se suman al carro de la calumnia.

De todo esto podemos sacar en claro lo triste del panorama de los medios de comunicación, su falta de imparcialidad, todos con su línea editorial, con sus claras preferencias políticas, intereses económicos y falta de interés por informar de verdad, lo único que interesa es crear opinión.

Cada vez que vemos tanto abuso de poder, tráfico de influencias, prepotencia, mentira y en cambio en las filas algún nuevo partido, más ilusión en la gente, mas iniciativa, cansancio de todo lo vivido hasta ahora hasta tendemos a que se nos pegue esa ilusión, luego lo racionalizas, haces balance de otros procesos históricos, en su momento ilusionantes para mucha gente como fue la llegada de Felipe González y piensas en ese dicho de “el poder corrompe”, cuando en realidad es que los partidos no son el poder real, son títeres beneficiados de intereses económicos.

Luego en nuestras vidas, en la calle, en el trabajo, en nuestro entorno… Seguimos más o menos como siempre, servicios sociales peores en los que se siguen malgastando los recursos beneficiando a amigotes varios, cada vez peores condiciones laborales y más miedo dentro de nuestros trabajos, porque nos están gobernando por el miedo a perder la cobertura de nuestros derechos básicos y, encima, no les puedes llamar dictadura, que es lo que son, una dictadura partitocrática y plutoráctica.

Dadas las experiencias pasadas en política, es por lo menos cuestionable que en las instituciones se den soluciones a los grandes problemas que tenemos, más bien pueden poner parches, hacer gestos y medidas populares, sin atacar de raíz a lo que genera estos problemas, en estas líneas no se quiere hacer una llamada pesimista a no votar, si crees en algo actúa en consecuencia, vota o no votes. Lo que sí pretenden estas líneas es ilusionar y animar a quién las lee a fortalecer los movimientos alternativos, de tercera vía, asociarnos con la gente que tiene las mismas problemáticas o inquietudes que nosotros…

Las iniciativas son múltiples, tantas como los problemas que nos acucian, elige la que más te convenza. Sólo organizados, coordinados e interactuando con nuestra gente podemos paliar los efectos de algunos de los problemas antes mencionados, sólo juntos y fuertes podemos hacer frente a las injusticias vengan de donde vengan.

Los partidos no nos representan, la democracia de partidos es una mentira, y además, no es “democrática” pues el pueblo no es activo en la política que le concierne. Si, además, le sumamos que los partidos que toman cotas de poder, son los que más medios tienen u obtienen para sus maquinarias publicitarias, ¿dónde queda aquello del principio de que en democracia “los miembros son libres e iguales”, cuando estos supuestos miembros, no llegan a conocer otras alternativas…?

Triste y desgraciadamente, aunque la democracia sólo nos deja a los “marginales” el derecho al pataleo, y eso según y cómo, aunque la constitución reconoce la posibilidad de “otro tipo de asociaciones de electores”, en el “juego democrático” sólo nos queda, sólo nos han dejado, el ser un “partido” y participar en la “fiesta”, con el peligro y dificultades que ello conlleva, aún a sabiendas de que jamás serás coronado como “reina del baile” o la marginalidad. No somos los únicos, los anarquistas también llevan decenios predicando contra el sistema partitocrático. Quizá no sea aún nuestro momento.

La democracia, entendida ésta como sistema que busque la satisfacción de las necesidades del pueblo y la articulación de sus reivindicaciones, no pasa y no debería pasar por esas estructuras llamadas partidos.

La democracia, debería aceptar a los que no creen en ella, debería aceptar a aquellos que están dispuestos a creer en principios de jerarquía frente a voto, de intereses generales por encima de los particulares, de autogestión a pequeños niveles cercanos (municipio, sindicato productor, etc.) de aquellos dispuestos a colgar de un árbol, como dijo un personaje histórico, a los corruptos en incumplidores.

De verdad, créanme hay otras fórmulas representativas, operativas diferentes a los partidos, y “democracia” no necesariamente pasa por partidos políticos. De hecho, el principal obstáculo para el bienestar social son los propios partidos y sus intereses bastardos.

Pierdan el miedo, arrojen al olvido las “verdades” del sistema como aquella tan cacareada “que el poder corrompe y el poder total corrompe totalmente”, pues a la vista está, la podredumbre del actual sistema contradice el axioma.

Sea como sea, nos depare el futuro lo que nos depare, quede siempre nuestro testimonio y de los que nos precedieron, también para los que nos sucedan: la democracia no nos representa, no es más que una mentira.

EL CENIZO

 

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