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CARTA ABIERTA A NUESTRA “LIMPIA, FIJA Y ESPLENDOROSA” RAE

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“HATER”

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CARTA A UN TONTOLABA

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Triste y patético tontolaba:
Cuando recibas la presente, unas cuántas víctimas de lo que sueles llamar “casos aislados” o “incidentes” pero que en realidad son crímenes islámicos, estarán siendo lloradas hipócritamente por cientos de congéneres tuyos que, entre velitas y tarareos de “Imagine” siguen sin explicarse qué ha podido enfadar tanto a los musulmanes para que asesinen una vez más a europeos indefensos.

Y es que no te lo explicas.

Si hace unos días, siguiendo las consignas de la tele, has felicitado el Ramadán en Facebook y Twitter para que toda la morería vea lo guay y tolerante que eres.

Si hasta has colgado en tu ventana una pancarta de Refugees Welcome y has firmado una petición para que en los colegios públicos sea obligatoria la enseñanza del Islam y no optativa como hasta ahora.

Si has suprimido el chorizo de los bocatas que le preparas a tu hijo para que sus amigos moritos no se sientan ofendidos.

Incluso a la hora del aperitivo has cambiado el rioja por una Coca Cola Light. Dices que es para mantener la línea, pero en realidad es por precaución: no quieres líos si aparece algún musulmán por el bar, que con esto del Ramadán están muy nerviosos. Pues ni por ésas.

Cuando, por enésima vez, los púlpitos oficiales de la progresía te han vuelto a insistir en que se trata de “casos aislados” y que los moros son, en realidad, muy majos, te has empezado a mosquear un poco.

Cuando los periodistas insisten en que el verdadero problema no son las víctimas de los atentados sino el peligro de que haya una ola de islamofobia, hasta te has llegado a cabrear. Eres tonto pero no tanto.

Sin embargo, cuando has comentado esto con otros tontolabas, has tenido que retractarte rápidamente. Alguno ya empezaba a insinuar que, con tus palabras, estabas fomentando el odio. En algún rincón profundo de tu cerebro te preguntabas si el odio no lo están propagando desde las mezquitas subvencionadas con tus impuestos cuando predican la guerra santa contra el infiel. Pero te has callado para no parecer un fascista heteropatriarcal xenófobo.

Ahora, mientras pones en tus redes sociales la banderita y el “je suis…” de turno, intentas acallar esa voz interior que, desde los escasos restos que te quedan de decencia, te grita que, además del fanatismo islámico, a esas víctimas las ha matado tu buenismo progresista, hipócrita y cobarde.

J.L. Antonaya

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