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CONCHA ESPINA Y EL CARA AL SOL

Esta mujer, señora de la verdad, madre de Víctor de la Serna, quien sobre sus hombros llevó, junto con otros tres falangistas, la caja que trasladaba el cadáver de Miguel de Unamuno, en un artículo que tituló “Valencia en Europa”, escribió que gracias a un mecenas valenciano, Rogelio García Castelló, se impresionó en Alemania el disco que había que resonar en Burgos por primera vez con el Cara al sol. Otro español, Juan Llosas, orquestó e instrumentó aquella música, dirigiendo una banda alemana.

Años después, Concha Espina escribió un artículo que tituló Enlace, dedicado únicamente al Cara al Sol. Decía que ignoraba cuál era la esencia emotiva de esa canción que enarbolaba frecuentemente cerca del Himno Nacional como un enlace suyo enviado sabe Dios a qué destino misterioso. Tal vez, seguía escribiendo, su mayor encanto trasciende de las cinco rosas nacidas a cada instante y para siempre en la punta de las cinco flechas interpretadas por la canción.
Hace después referencia a los que supieron nutrir de maravillosa emoción el poema de la Falange. Levantaron su mano abierta contra el poder satánico desencadenado en España y se pusieron a escribir un himno de amor y de gloria. «Con un tema triunfal; el traje nuevo y humilde, dirección a los cinco puntos cardinales de la mejor heráldica española. Y un ritmo sonoro al paso marcial de las escuadras combatientes». A continuación cita, por este orden, a José Antonio, Tellería, Alfaro, Sánchez Mazas, Foxá quienes «juntos hacen el número de las flechas memorables. Aquella noche de Madrid, cuando en La Ballena Alegre rimaban la música y el verso de sus estofas, acaso uno habló, impaciente, como el triste y enorme poeta de Rocken, cuando dijo: “Busco unas palabras para la canción que poseo”».

Sorprende que la escritora haya omitido, en esa lista, los nombres de Dionisio Ridruejo y Pedro Mourlane que también participaron en el himno de Falange Española, aunque ella añade, en forma de pregunta: «¿Los otros?». Sin que esté claro lo que ha querido decir. El primero, o sea, Ridruejo, leyendo un papel arrugado. Había modificado una idea y un verso de José Antonio y añadido el verso completo: Volverán banderas victoriosas / Al paso alegre de la paz. El segundo, el canciller como lo llamaba José Antonio, escribe este verso: Que por cielo, tierra y mar se espera.

Y termina Concha Espina su artículo añadiendo que «lo único necesario es el testimonio de que la poesía y la belleza, signadas con la impronta del sacrificio, tiene un valor eterno, una fuerza espiritual indomable. En ese inefable poder reside la virtud animadora de la canción falangista». Son los arqueros que disparan con rosas a un ideal de alegría y de paz. Hombres que cantando se despedían de lo que en el mundo se consideraba la felicidad. Un pálpito de banderas y de soles en los aires de un alegre amanecer y una primavera que volverá a reír.

El 19 de mayo de 1955, falleció esta mujer, que fue candidata al Nobel de Literatura y que Marcelino Menéndez Pelayo vio en ella una novelista cuando escribió, La niña de Luzmela, calificada de «rebosante de vida». Poco antes de morir le preguntaron: «¿Cuál es a su juicio el sentido de la vida?». A lo que respondió: «Cumplir la voluntad de Dios con humildad y paciencia, puesto que tenemos fe en su otra vida interminable».

“Y antes que suban al campanario,
los posos fúnebres de mi agonía,
baja hasta el polvo de mi calvario
para salvarme tú, Madre mía.”

Hoy, los restos de la que fue genial autora, reposan en el cementerio de la Almudena de Madrid.

Por José Mª García de Tuñón Aza
Editado en la Gaceta de la Fundación José Antonio Primo de Rivera – nº 218– 17 de febrero de 2017.

NOTA: Escritora falangista María de la Concepción Jesusa Basilisa Rodríguez-Espina García, más conocida como Concha Espina. Nació en Santander el 15 de abril de 1869. A los 24 años se casó con Ramón de la Serna, residiendo durante unos años en Chile. Premio Nacional de literatura por Altar Mayor, en 1927. Saludó la llegada de la República, aunque pronto abrazó la causa falangista. Los últimos años de su vida estuvieron marcados por la ceguera, escribiendo varios libros sobre la “Guerra Civil y la represión roja”, en palabras de la Fundación Nacional Francisco Franco. Falleció el 19 de mayo de 1955. Barrio de Palomeras Sureste. Distrito de Puente de Vallecas.

(Del digital TEXTOS ALTERNATIVOS – Barcelona)

 

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