EL COLAPSO DE LA COSMOVISIÓN: LA IZQUIERDA QUE MURIÓ

La estrategia política de aquellos que poseen la cultura hoy día (los ofendidos, los “representantes” de las “minorías”, que representan poco más que el capricho de una burguesía infantil y vaga en el terreno del pensamiento [sí, me refiero a la progresía]) es muy pero que muy inteligente; nada nueva, pero inteligente.

Recordemos aquella pintada que apareció en una iglesia de París, durante las protestas de mayo del 68: “os enterraremos a carcajadas”. De esta manera, se daba paso a una metamorfosis de lo que se situaba a la izquierda del espectro político en Occidente. Esa izquierda que, antaño había defendido a los trabajadores y había sido forjada en el sudor de los obreros, dejaría de existir para siempre en esta parte del mundo, y se convertiría en defensora de los experimentos sociales que la clase privilegiada impondría al pueblo para dominarlo, hasta día de hoy.

Así pues, el trabajo sistemático está completo: los de arriba empujan a la masa a la distracción, a la pasividad, al orgullo por la ignorancia, a la fobia, a la disolución de todas las cosas…y los que se dicen de abajo, no tienen más que reivindicarlo, para que el espectáculo continúe, y que el telón de la explotación no se cierre jamás.

Los que se dicen rebeldes en este círculo vicioso de sin sentido político, desvían los intereses de clase hacia los vicios, y en ellos se difumina la conciencia de clase, hasta perderse en la más absoluta nada. Los que juran que entre ellos existan dogmas de cualquier tipo (para reflejar descontento y cierta individualidad teatral) basta con que soples sobre los iconos representativos de su individualidad en la política (véase cualquier papanatas del partido de los moraditos, ensalzados como dioses con infalibilidad política por sus seguidores) para que se tiren de los pelos hasta límites insospechados.

Quizás, esto sólo se mantenga así en los últimos años porque ellos han conseguido reflejar la angustia del populacho distraído y aburguesado (al fin y a cabo, el gran logro del capitalismo es conseguir que los obreros sean felices siendo explotados, o al menos que estén conforme con ello). Quizás sea tan fácil como “enterrar a carcajadas” al opositor verdadero (no al parlamentario, ni al politicucho de foto). Convertirlo en un ser ridículo e indecente para nuestro “avanzado tiempo”. Caer en esta categoría, no significa otra cosa que el ostracismo político…al fin y al cabo, hicieron caso a Gramsci (como deberíamos haberlo hecho los que nos decimos izquierdistas de los de antes), y la ideología social les pertenece.

No deja de ser curioso, cómo el argumento temporal se puso de moda hace ya dos siglos…”¿Cómo vas a decir eso? ¡Si estamos en el siglo XIX!”, lo cual resulta paradójico, por otro lado…

Y en ese lado nos encontramos nosotros, al fin y al cabo, en el ostracismo, la marginalidad política. Enterrados entre carcajadas por un movimiento político que se dice rebelde, cuando no es mucho más que kafkiano.

Todo intento de subversión contra su dominio de la cultura, se estigmatiza, y a posteriori se convierte en burla, por auténtico y cierto que sea. De esta manera, no tardarán en aparecer bromas sobre los argumentos biológicos, de aquellos que combaten contra aquellos que combaten la mentira de la guerra de sexos y la ideología de género (hoy día más patente que nunca) [que es una de las maneras que ha tenido la clase privilegiada de distraer a la gran masa], pues son estacas certeras, y por tanto sólo queda hacerlas risible con un pequeño trasfondo burlesco de “No se trata de esto, si no de lo próximo que nos inventaremos. No lo entendéis bien. Vuestro sentido común os traiciona”.

En fin, posiblemente el juego democrático sea el peor callejón sin salida al que se haya enfrentado jamás la humanidad, y está dirigido por los privilegiados, y orquestado por aquellos que dicen no serlo, y representar a los que no lo son, atendiendo aún así a las normas y leyes de los poderosos a pies juntillas.

¡¿Qué fue de ti, izquierda?! ¡Quién pudiera alzarte una vez más! ¡Tú que verdaderamente representaste al pueblo!

Carlos Isidro

isidro1

 

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