¡QUE VIENE LA MORAL!

La señora alcaldesa de Madrid ha constituido en el seno de la Policía Municipal una unidad especial que, al modo de la “policía moral” que existe en ciertos países árabes, ha de perseguir y denunciar cualquier manifestación de disidencia ideológica con lo políticamente correcto, por la cosa esa del odio, que hay por ahí gente muy mala.

Se sabe que el Ayuntamiento de Madrid, mediante la adjudicación directa a quien merezca tal honor, está buscando quien desarrolle un Odiómetro, dispositivo con el que se dotará a las patrullas de su policía moral y que permitirá una eficiente identificación de objetos, publicaciones, opiniones y, en fase más avanzada, pensamientos no manifestados, que inciten a la gente a odiar. Al parecer la marca ACME, tiene muchas posibilidades de quedarse con el contrato.

Mientras esta arma decisiva contra el odio se desarrolla e implanta, dicha unidad de policía moral se ha dado una vuelta por la feria “No sólo Militaria” celebrada en Madrid a primeros de junio y, con eficacia digna de mejor empeño, supliendo con celo y amor al servicio la falta de Odiómetro, se ha dedicado a fotografiar las portadas de los libros expuestos –no consta que abrieran alguno-, para sobre tales fotografías denunciar a los organizadores por difusión de objetos y publicaciones que incitan al odio. A los organizadores les han impuesto una cuantiosa multa. Una infamia.

No es cuestión de debatir sobre si “El mito del siglo XX” incita más al odio que “Caperucita Roja” (que sobre ésta se han escrito algunas cosas inquietantes), pero sí es cuestión de dejar claro que los hombres libres no necesitan que nadie venga a protegerles de odios ajenos y que, por ser libres, no se van a poner a odiar si un libro dice lo que no le gusta al Excmo. Ayuntamiento de Madrid.

Debería tener más cuidado mi Ayuntamiento, pues por este camino, va a alcanzar en breve a aquel ministro de Franco que, para mantener a los españoles en los límites de la virtud vigilando escotes y piernas, nos sometía a una piadosísima censura. Se dice de aquel caballero que manejaba estadísticas de las almas que habían subido a la Gloria gracias a sus desvelos. Parece que como escribió Muñoz Seca, muy odiado por los demócratas que lo asesinaron, “Los extremeños se tocan”. Y mucho, al parecer.

En fin, para irlo dejando, reclamo solemnemente mi derecho al odio. A odiar la mentira interesada, a los hipócritas, a los sepulcros blanqueados, a los fariseos y a los que me quieren manipular. A los que me odian y quieran manifestarlo en la práctica, no necesariamente: me apunto a lo que decía a sus compañeros un sitiado en el Alcázar: “Tirad, pero tirad sin odio”. El odio es administrable y no es cosa de malgastarlo.

El enlace que va a continuación aclara muchas cosas sobre esto del odio. Está escrito por un danés que no parece fascista. Conviene leerlo.

FAUSTO HERAS MARCOS

 


 

El problema de la legislación contra la incitación al odio en Europa

El derecho al odio es tan importante como el derecho al amor, siempre que no se exprese en forma de incitación directa a la violencia

http://internacional.elpais.com/internacional/2017/01/30/actualidad/1485765232_805489.html

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