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ESTO ES LO QUE HAY

El Estado de las Autonomías ha servido para diluir la idea de España en la pequeñez traidora y suicida de los separatismos locales. Un estado serio, consciente de su función vertebradora de una nación, no puede organizarse en contra del sentido común.

Nosotros sabemos que España no es un agregado de tierras y personas y su esencia y su existencia no deben ser abordadas desde los sentimientos, todo lo contrario. Sabemos que la idea de España ha der ser concebida desde la exigencia intelectual y el rechazo de un hipotético “nacionalismo” español, teniendo en cuenta, por si fuera poco, que frente a separatismos disgregadores, “sentimiento por sentimiento, el más simple puede en todo caso más”.

Pero atención, porque el sentimiento de españolidad no es, en modo alguno, de calidad inferior a cualquier otro, pese a lo que traidores, ignorantes o víctimas de las sucesivas reformas educativas pretendan. Los españoles conscientes de serlo no podemos padecer el síndrome de Estocolmo frente a los separatistas.

También sabemos que España es varia y plural y que su variedad, a falta de una misión generadora de unidad, da lugar a voluntades centrífugas. Esto no podemos negarlo por mucho que nos fastidie, así que nada de solucionar el problema de nuestra falta de conciencia colectiva bombardeando Barcelona –como decía el general Espartero- cada 50 años o llevando a pasear por las Ramblas a la simpática cabra de La Legión. Las soluciones serán otras, pero habrán de ser superadoras de aquello de la “conllevanza”.

Por cierto, ¿qué tal andamos hoy en España de misión unificadora? Porque si 40 años de franquismo no pasaron en balde, 40 años de partidocracia borbónica tampoco. Porque si algún cómplice necesario ha tenido el separatismo, ha sido, precisamente, el bipartido, el PPSOE, que teniendo como único fin su permanencia/alternancia en el poder no ha dudado para conseguirlo en apoyarse en quienes tenían como único fin la ruptura de la unidad de España.

Recientemente hemos tenido que sufrir por televisión a tres expresidentes de gobierno muy preocupados por la situación actual en Cataluña. Era vomitivo oírlos y verlos, pues fueron ellos quienes abandonaron con frialdad y vileza a los catalanes que quieren ser españoles en aras de su hambre de poder. Son culpables y deberán pagar por ello.

Como esto es lo que hay, no podemos esconder la cabeza debajo del ala quienes pretendemos servir a la Patria aquí y ahora: Hay que admitir sin ambages que en Cataluña muchos españoles quieren dejar de serlo y, lo que es más triste, que a lo mejor se planteaban el seguir siéndolo bajo ciertas condiciones de predominio y continua revisión de éstas en su provecho exclusivo. Y los partidos políticos que sustentan todo esto, en su conjunto, son los mayoritariamente respaldados por los votantes catalanes.

Y llegados hasta aquí, sobrevienen unas preguntas inquietantes: ¿Es posible que España encuentre su futuro como empresa común, lastrada por quienes no quieren ser españoles? ¿Es posible y conveniente obligar a ser español a quien no quiere serlo?

Quizá, habiendo llegado al fondo de un pozo de desapego, antipatía, incomprensión, individualismo, egoísmo, etc., entre españoles, sea nuestra misión refundar España sobre bases diferentes a todas las que han venido fracasando. Sin ataduras con muchas cosas que nos pueden parecer irrenunciables y desprendiéndonos de los pesos muertos que nos lastran.

FAUSTO HERAS MARCOS

 

FA1

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