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ENTREVISTA A JEAN THIRIART (XI)

¿La lucha por la Europa unificada y libre debe ser legal o clandestina?

La acción revolucionaria “social” o la acción revolucionaria “histórica”, como la creación de naciones del tipo de Italia entre 1830 y 1860 no conoce ninguna restricción.

Va de la acción intelectual a la acción terrorista. La acción legal debe ser utilizada en tanto que se revele posible. Pero el adversario nos privará rápidamente de toda posibilidad legal cuando se dé cuenta del peligro que le amenaza.

El aparato represivo ya está organizado. Por ejemplo, el Ministro de Justicia de Bélgica es judío y no lo oculta. El actual Ministerio de Justicia en Francia es judío y se jacta de ello. El aparato represivo americano-israelí está organizado incluso antes de que exista un aparato subversivo.

La única cosa contra la que un régimen no puede nada es luchar contra el pensamiento revolucionario, luchar contra el espíritu. Puede hacerse hundir reinos y repúblicas partiendo de una multicopista.

Lo que es importante es la idea-fuerza, su lógica interna, su cohesión. Es lo que Lenin hacía contra casi todos los otros intelectuales literarios revolucionarios de su época. Lenin pasaba el tiempo poniendo en orden sus ideas.

Es a lo que voy a dedicarme en los últimos años de mi vida. Mi edad avanzada me excluye en adelante de toda acción “sobre el terreno”: me queda la pluma.

Hay que salir de la anarquía de los espíritus, de la confusión, de la incultura histórica.

Montones de gentes escriben sobre Hitler. Ni el uno por mil de estas gentes han leído Mein Kampf. Montones de gente escriben sobre Stalin y jamás han leído una línea de él. Montones de gentes anuncian teorías sobre Europa sin conocer siquiera su historia y su geografía.

 

¿Qué condiciones son necesarias para realizar un Risorgimento o una Reconquista a escala europea?

El vocablo de Reconquista podría aplicarse respecto a los americanos, que no son europeos, pero no a los soviéticos que son europeos.

En 1960/62 mi cálculo, el de un Risorgimento europeo, se hacía partiendo de la hipótesis de un De Gaulle liquidado físicamente y de una Francia controlada por los coroneles de Argel. El general De Gaulle era, desgraciadamente, de un temple poco común. Muy superior al de los cuatro generales de Argel. Yo buscaba un trampolín: he creído verlo en la Francia de la OAS victoriosa. Francia se habría convertido entonces en un Piamonte europeo. Desde este Piamonte hubiéramos podido recoger fácilmente la herencia de Franco; todavía teníamos muchas complicidades en España, sobre todo en los ambientes militares de los veteranos de la División Azul. Cuando digo “teníamos” me refiero a los veteranos del III Reich. No a los coroneles franceses, desde luego. Pero éstos hubieran sido ganados rápidamente a esta estrategia. La sucesión de Franco no habría caído en manos de un Borbón americano.

Toda esta operación “Francia Piamonte” fracasó. El general De Gaulle no habría vacilado en hacer derramar sangre francesa para mantenerse en el poder a cualquier precio. Incluso con los comunistas. Para mí ocurría lo mismo. No son 10000 o 20000 franceses muertos los que me hubieran hecho vacilar. El pernod y la carretera matan muchos más y mucho más estúpidamente. Pero los generales de Argel han tenido miedo de esta sangre, han tenido miedo de una guerra civil. Mi estimación era que la llegada de los “paras” de la Legión sobre París hubiera permitido el derrocamiento de De Gaulle en tres o cuatro semanas con 5000 muertos como mucho. En esa época el mito “para” era terriblemente eficaz. Los otros se metían miedo a sí mismos…

Muy rápidamente, después del fracaso del proyecto “Francia Piamonte”, me he vuelto hacia la alternativa árabe. Lo he escrito en otro lugar. Me he encontrado con las gentes de la OLP en Bagdad, de una OLP absolutamente elemental, rudimentaria, casi embrionaria. Me he encontrado con los ministros irakíes con el fin de organizar una fuerza militar europea moderna en países árabes. El veto soviético ha sido instantáneo. Mi idea, entre 1966 y 1968, era formar “Brigadas Europeas”, en el estilo de las “Brigadas Internacionales” de la guerra de España. Con el dinero árabe y con la competencia europea. Me he encontrado con Nasser, que me ha decepcionado mucho inmediatamente. Era un hombre de teatro. Estoy tentado de decir un hombre de palabras más que de actos.

En este proyecto de “Brigadas Europeas”, la ayuda a los palestinos para combatir o eliminar a Israel era una etapa, no el fin, desde luego. El fin era llevar, a la primera ocasión, a estas “brigadas” a un teatro de crisis europeo. El teatro previsto era la muerte de Franco y una colaboración estrecha entre algunos españoles y nosotros. Era el golpe de 1936. Pero esta vez no se habrían desembarcado soldados marroquíes hacia Sevilla, sino soldados europeos hacia Madrid inmediatamente.

He vuelto desde El Cairo a Roma, de noche, en un gran Boeing de la Japan Air Lines con la decisión de dar el carpetazo. Me he retirado entonces de la política activa.

Durante 13 años estuve separado de toda actividad política. He asumido la presidencia europea de una sociedad científica. He viajado mucho, sobre todo a los Estados Unidos, donde he podido estudiar y apreciar a este pueblo al que debemos combatir implacablemente en tanto que su ejército esté en Europa. Ya no tenemos vida histórica a causa de los americanos y de sus lacayos.

Llegamos ahora al esquema nº 3. Mi esquema nº 1 era la OAS que se convertía en Francia-Piamonte. El esquema nº 2 eran las “Brigadas Europeas” en Oriente Medio.

En toda mi obra de escritor político, entre 1960 y 1968, ha aparecido claramente desde el principio, en 1960, que yo preconizaba una política bismarckiana hacia la URSS. No más cruzadas. Aquella a la que yo había asistido de 1941 a 1943 se había edificado suficientemente.

Mi pensamiento durante los años 1960 a 1965 ha sido la gran Europa de Vladivostok a Dublín en dos fases. En esta época, de 1960 a 1965, la primera fase, llamada “de Brest a Bucarest”, retenía toda mi atención.

Todavía creía en una toma de conciencia de una élite europea. Me he engañado. Los diez años que han seguido al hundimiento de la OAS han sido años de notable expansión económica. Cuando he podido volver a Francia después de más de diez años de prohibición de entrada (gracias a gaullistas que no me guardaban rencor), he quedado asombrado por el aspecto de un París nuevo, lleno de torres de hormigón, visiblemente próspero. El París de Haussmann estaba superado. Por fin. No era demasiado pronto. Después de mi retirada de la política en 1968, algunos de los hombres de Jeune Europe han hecho gilipolleces a falta de jefe. Han participado entonces en tonterías estilo Fredda o en un terrorismo utópico (Brigadas Rojas).

Desde 1980/81 (todavía ejercía mis funciones de presidente de sociedad científica pero ya había fijado la fecha de mi marcha), ha germinado en mí el esquema nº 3: no contar ya con la unidad Brest-Bucarest como fase preparatoria a la unidad de Dublín-Vladivostok, sino pasar directamente a la fase Vladivostok-Dublín. Este problema se le había planteado a Lenin y su entorno desde 1917. El poder popular obrero directamente o en primer lugar una fase preparatoria de un poder burgués liberal ilustrado. Lenin ha escogido rápidamente la fase directa contra la opinión casi unánime de su entorno y, desde luego, de los mencheviques.

En el último año de mi mandato de “presidente científico” he hecho varios viajes a Alemania del Este. Me he encontrado allí, con una cierta emoción, la claridad, la disciplina a la vez prusiana y stalinista. Esto me rejuveneció cuarenta años de una sola vez. También he descubierto la pesadez de una burocracia ineficaz.

Mi deslizamiento hacia el comunismo no ha escapado a varios observadores. Este deslizamiento estaba ya implícito, latente, en mis escritos de 1966 a 1968.

El escritor político francés Frédéric Laurent escribe en su Orchestre Noir que yo soy el padre espiritual de la corriente “nazi-soviética”, después de haberlo sido, dice -y es inexacto-, de la corriente “nazi-maoísta”.

Algunos de los veteranos de Jeune Europe en Italia se han integrado, después de mi marcha, en la fracción comunista china. Esto ha desembocado en un terrorismo notable desde el punto de vista técnico, pero sin futuro, falto de un pensamiento político coherente. El “pueblo” italiano no quiere el poder, quiere quinielas, porno, fútbol y sobre todo la “macchina” (automóvil).

Para volver al esquema nº 3, mi apreciación de la situación actual en tanto que historiador, que espectador (estoy firmemente decidido a no patalear ya en el pantano político, sino solamente en el de la “escritura teórica”) es el siguiente.

Hay un cálculo de estrategia política mundial del grupo sionista-americano (los judíos controlan los Estados Unidos). Yalta se ha terminado. Washington está completamente decidido a hacerse hundir a la URSS. De hecho, la URSS está a la defensiva y está realmente cercada, desde Noruega a Tel-Aviv. La potencia económica soviética está alterada, está totalmente debilitada por las estupideces del dogmatismo marxista. En economía, Marx hubiera sido incapaz durante su vida de administrar bien una tienda de comestibles de barrio; Marx era un literato. La URSS está contaminada por la decadencia occidental (rock and roll, homosexualidad, droga). Desde hace poco, Andropov ha reaccionado. Ya era hora. En la época de Breznev se dejó ir un poco lejos las costumbres. El alcoholismo generalizado es una de las vergüenzas del régimen soviético. Militarmente, la línea Lübeck-Sofía es muy difícil de defender. Es una frontera blanda, no es una ribera estratégica (océano, desierto, montañas elevadas). En el plano del Kreigspiel, un paseo de los blindados americanos hasta Moscú es más que plausible. Digo en el plano militar teórico. De Frankfurt hasta Moscú es la llanura. En el Estado Mayor Soviético se recuerdan los trabajos y las acciones del mariscal Erich Von Manstein.

Tan vulnerable como es la URSS en la frontera Lübeck-Sofía, sería invulnerable en las orillas del Atlántico. La oscilación de la Europa occidental -con su gigantesca potencia industrial- hacia el lado soviético cambiaría el aspecto de las cosas (cfr US Congress, Congressional Record, 25 junio 1977). El general belga-americano, senador liberal además, Robert Close, cita las estadísticas del Banco Mundial de abril de 1981: la Europa occidental dispone de un producto nacional bruto de unos 3000 millones de dólares contra 2600 de los Estados Unidos.

La pérdida de Europa y su oscilación hacia el campo soviético marcaría una catástrofe para Washington. Y Washington lo sabe. Los americanos intentarán romperlo todo al marchar. Harán la tierra quemada en Europa. A nosotros nos corresponde sacar las conclusiones.

Mi esquema nº 3 desemboca en la evidencia de que la URSS va a tener que “cumplir su destino geo-estratégico”. Debe encontrar su “frontera del Rhin”. Esta frontera es Irlanda e Islandia. Mi análisis es que la URSS no tiene la fuerza ideológica para lograr una unificación de este a oeste. La URSS necesita un comunismo renovado, reforzado, hecho más lúcido. También necesita, aquí, en el oeste, un partido pro-soviético formado con una élite técnica (industriales, ingenieros, jefes militares) y no con los payasos demagógicos tipo Berlinguer o Marchais.

Si el Kremlin nos propone una unificación en la igualdad y en la dignidad, se podría volver el Ejército federal alemán contra el Ejército americano de ocupación en Alemania.

Mi esquema nº 3 es que la URSS necesita compañeros eficaces, amigos eficaces aquí en la Europa del oeste. Desde ahora.

Para concluir este parágrafo de su cuestionario, diré que la URSS es la última potencia europea no domesticada por el proyecto de dominación mundial americano-sionista.

Si un día la URSS es borrada del mapa en provecho de un refuerzo del Imperio americano, no nos quedará otra cosa que convertirnos a la idea cuáquera o admitir los fantasmas de Begin.

 

¿Cuáles son los secretos de la guerra revolucionaria?

No hay ningún secreto para quien sabe observar, analizar, sintetizar, concluir y decidir.

La pregunta debería ser más bien formulada así: “¿Cuáles son las condiciones de una guerra revolucionaria?”.

Pienso sobre todo en las condiciones sociológicas. Abarcando aquí la economía y la psicología. De entrada, digamos que no hay revoluciones fuertes. No existen más que partiendo de regímenes: a) débiles, envejecidos, vacilantes; b) incapaces de resolver los problemas socio-económicos, por ejemplo.

No se habría verificado el ascenso del NSDAP si los parlamentarios charlatanes hubieran sido capaces de resolver el problema de los 6 millones de parados en 1929, de obtener la revisión del humillante Tratado de Versalles.

Lo mismo entre febrero y octubre de 1917 en Rusia. Charlatanerías estériles. Comienzo de hambre en San Petersburgo. El trigo estaba a menos de 500 kilómetros de esta ciudad, pero Kerensky era incapaz de organizar su transporte.

En mis escritos anteriores de los años 1960 a 1968 he hecho descripciones precisas de un poder que envejece cuando está en su 3ª o 20ª generación. Los mecanismos de selección ya no han funcionado plenamente en el interior de su propio sistema. Una élite en el poder tiene muchísima fuerza de carácter en su primera generación: los jacobinos de 1792 guillotinaban alegremente. Los chequistas de 1917 a 1920 fusilaban fácilmente. Esta misma élite en el poder es ya mucho menos tipificada, mucho menos fuerte en su 4ª o 5ª generación. Los hombres del entorno de Lenin y Stalin eran gentes que habían vivido los tribunales, la deportación, Siberia, el exilio, luego, en fin, la guerra civil. Estas gentes dormían con una Nagant bajo la almohada.

Me imagino que los nietos de Breznev pasan las noches escuchando disco o reggae.

Ningún sistema elítico ha resistido al tiempo. Por la simple razón de que el sentimiento de ternura o protección del padre al hijo perturba o contradice las leyes de la selección. La perpetuación de un sistema elítico no sería posible más que una sociedad en la que la reacción afectiva padres-hijos hubiera desaparecido por completo.

Para volver a las condiciones indispensables para desencadenar una guerra revolucionaria con algunas posibilidades de éxito, digamos que son numerosas y variadas: situación económica difícil (hambre, paro muy importante), ocupación extranjera humillante, humillación de la inteligentsia real por una casta nacional esclerotizada en el poder. Es precisa una situación de desesperación: hambre o humillación moral. Hambre para la plebe y humillación para la inteligentsia. En cada generación surge una nueva élite caracterial e intelectual. Hago la precisión de que la cultura no es la inteligencia. Y que cultura sin carácter e inteligencia sin carácter no pueden dar jamás hombres de dirección y hombres de insurrección.

En un nuevo régimen, la élite es incorporada casi en su totalidad a la clase dirigente.

Unas generaciones más tarde, los “hijos y nietos” de la clase dirigente obstruyen los paseos del poder. Entonces una parte de la élite real es rechazada de facto a la clase llamada contra-elítica. Las condiciones de una oscilación se preparan de tal forma.

En Francia, en 1788, la élite era exterior al régimen: eran los artesanos, los pequeños industriales nacientes, los granjeros, en una palabra, la clase media. El régimen real bailaba en Versalles. Los reyes de Francia iban de la cama a la mesa y de la mesa a la cama. Se atracaban y follaban, pero se habían vuelto incapaces de dirigir, de organizar.

A grandes rasgos, digamos que hay élite dirigente, élite rechazada (o contra-élite) y anti-élite (delincuentes, ladrones, inestables sociales, homosexuales, izquierdistas, etc).

Con mucha frecuencia una revolución o una insurrección realizadas por la contra-élite son contaminadas por la anti-élite. Lenin se quejaba de los saqueadores y ladrones en el Ejército rojo. Durante la guerra 1940/45 aquí, en Europa del oeste, la casi totalidad de los “resistentes” eran al principio delincuentes de derecho común con un pasado judicial. Bandidaje de derecho común y resistencia estaban mezclados en 1942/43; el resistente “limpio” ha llegado más tarde, en 1943/44. Pero para todo lo que era atentados, asesinatos, sabotaje, hacia 1941/42, el porcentaje de anti-élite era muy elevado en lo que se llama la Resistencia.

No solamente en los primeros tiempos de una guerra revolucionaria se recluta a su pesar muchos tarados sociales con ficha judicial de derecho común. Sino que también se reclutan muchos neuróticos (no delincuentes). Los movimientos extremistas -y los movimientos revolucionarios lo son- están llenos de transtornados. Tanto en la extrema derecha como en la extrema izquierda. Son frecuentemente gentes a disgusto consigo mismos.

Hay, por otra parte, una élite llamada neutral o técnica. Son los ingenieros, los científicos, los técnicos. Ocupan una posición social confortable a condición de callarse o de no plantear preguntas. En general, sirven a cualquier régimen. Si un régimen es hábil, no inquietará a esta élite neutra, la dejará ocupar situaciones económicas cómodas por el precio implícito de su retiro voluntario de la vida política activa.

Para terminar con su pregunta, debo insistir en el hecho de que el núcleo revolucionario debe saber a dónde quiere ir y prever ya una futura política gubernamental. El núcleo revolucionario debe ser el embrión del poder futuro. Un movimiento revolucionario europeo deberá ser absolutamente “europeo integrado” desde su forma embrionaria.

Gran cantidad de grupúsculos que se llaman “europeos” son de hecho fenómenos locales pequeño-nacionalistas.

Un grupo revolucionario europeo debe contar por lo menos con 4 o 5 “nacionalidades antiguas” diferentes en cuanto haya alcanzado la cifra de 10 miembros activos.

 

jean7

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