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EN HONOR AL FALLECIMIENTO DE ERNST ZUNDEL (I)

Ha fallecido a los 78 años, tal como se informó el lunes 7 de agosto de 2017.

Si Jordi Mota ha sido nuestro ejemplo en la lucha legal y la ética, combatiendo a los traidores que han abandonado el Nacionalsocialismo, prescindiendo de la ética, pactando con la basura, regalándose por votos o tranquilidad, estafando, etc…  Zundel es nuestro ejemplo de luchador por la Verdad pese a las persecuciones y ataques, agresiones y todo tipo de barbaridades que el Sistema le aplicó, en USA, en Canadá y en Alemania.

Zundel es la condena moral contra tanto cobarde que reniega de haber sido NS para evitar la persecución, que se niega a hablar de revisionismo por lo mismo, que no quiere hacer un acto por Hess para no ser ‘fichado’…  Zundel es un ejemplo de Valor.

En su Honor queremos enviar varios textos sobre él y suyos. Hay más textos pero lo importante es recordar a los EJEMPLOS, y saber que ellos son la protección contra los traidores y los cobardes.

 R. BAU


 

 

COMPROBANDO LOS LÍMITES DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN:

 HABLA ERNST ZUNDEL

 

Una entrevista exclusiva con uno de los prisioneros políticos europeos más conocidos, por Kourosh Ziabari. 30 de abril de 2010

Esta es la primera entrevista concedida por Ernst Zundel desde su liberación.

 

Ernst Zundel es un autor alemán que ha pasado siete años de su vida tras las rejas como resultado de expresar puntos de vista y opiniones controvertidas. Es un revisionista, que ha negado el Holocausto tal y como es descrito por muchos historiadores. Ha sido uno de los prisioneros políticos más importantes de Europa y ha sido encarcelado en tres países de dos continentes.

Tras su arresto en Estados Unidos el 2003, fue deportado a Canadá, donde permaneció en prisión, como “una amenaza a la seguridad nacional” durante dos años. Tras ser deportado a Alemania en marzo de 2005, fue condenado y sentenciado el 2007 a cinco años más de prisión acusado de negar el holocausto. Fue finalmente liberado en marzo de 2010.

 

Ante todo, quisiera comenzar dándole mis felicitaciones por su reciente puesta en libertad. ¿Ha sido usted maltratado o sometido a cualquier tipo de castigo físico o mental en contra de las leyes internacionales?

Todo mi tratamiento durante estos últimos siete años, por parte de los que me han detenido, juzgado, condenado y mantenido en prisión ha sido una brutal violación de las leyes internacionales. Fui arrestado en pleno día en suelo americano por funcionarios del gobierno norteamericano que se comportaron como un escuadrón de la muerte para un nefasto lobby. No hubo orden de arresto. No se me leyeron mis derechos. Fui arrastrado esposado sin que se me permitiese coger mi cartera, llamar a mi abogado, permitido exponer mi caso ante un juez de inmigración norteamericano, o ni tan siquiera darle un abrazo de despedida a mi esposa.

Fui encarcelado en seis cárceles distintas de dos continentes y tres países—Estados Unidos, Canadá y Alemania—sin ayuda de ningún tipo. En efecto, me han robado el 10% de mi vida ¿Por qué crimen? ¿Por excederme en la estancia concedida por mi visa estadounidense?

A lo largo de mi encarcelamiento, se han pisoteado principios básicos de los derechos humanos, de forma repetida y con impunidad. Las peores cárceles fueron los campos de detención canadienses en Thorold, Ontario y Oeste de Toronto, donde me mantuvieron durante dos años en celdas de aislamiento, congeladas en invierno, sin que se me permitiesen zapatos o calcetines. La luz eléctrica en esas celdas, lo suficientemente brillante como para poder leer, era mantenida 24 horas al día. A través de un agujero acristalado en la puerta se me controlaba cada 20 minutos, y mis actividades eran meticulosamente anotadas por los guardias: una página al día. Sin dignidad, ni privacidad. Mi cepillo de dientes era guardado en un vaso plástico en una sala aparte. No se me permitía hablar con otros prisioneros. Las sabanas se cambiaban únicamente cada tres meses. Ni almohadas ni asientos. Cuando escribía a mis abogados tenía que sentarme encima de una pila de actas judiciales. Ni radio, ni televisión, ni tan siquiera un enchufe eléctrico para afilar mis lápices. Nada de bolígrafos, tan sólo trozos de lápiz, cortados a sierra. Ni cucharas, tenedores o cuchillos eran permitidos; tan sólo una pequeña cucharilla plástica con puntas de tenedor llamada “spork” (una palabra combinación de spoon y fork, cuchara y tenedor) que debía ser devuelta cada vez que se acababa con la comida. Con escasas excepciones en que los guardias me mostraban alguna simpatía a espaldas de las cámaras de vigilancia, fui tratado como si fuera el peor de los criminales. Esto es Canadá, donde he vivido y trabajado sin ningún tipo de historial criminal durante más de 40 años.

Fue algo mejor, no mucho, en Estados Unidos. En Alemania, era mejor en términos de necesidades básicas, pero el correo personal era rutinariamente retenido—1.700 cartas durante cinco años incluso después de forzar a la corte a que me las dieran. Mi supuesto juicio en Mannheim fue una farsa del tipo estalinista en que mi culpabilidad era una conclusión predeterminada. Pedí que se trajesen pruebas exculpatorias para validar aquello en lo que creía y aquello que había escrito. No se permitió ningún tipo de defensa significativa. No se me permitió presentar ninguna evidencia forense, ningún documento histórico, o ni tan siquiera testigos expertos. La misma petición de permitírseme presentar pruebas fue considerada como un nuevo delito del tipo criminal, y podría haber resultado en nuevos cargos criminales—como, de hecho, fueron presentados contra mis abogados durante aquel mismo juicio por intentar superar esas restricciones.

 

Junto al resto de los miembros de la Unión Europea, Alemania critica regularmente a otras naciones por violaciones de la libertad de expresión y los derechos humanos. Sin embargo su caso demuestra el vacío de esas reclamaciones dentro de Europa. ¿Qué opina al respecto? ¿Es realmente Europa una utopía de libertad y libertad de expresión?

La mayor parte de los países europeos tienen tan sólo una libertad de expresión limitada para las opiniones aprobadas y sancionadas de la historia. Casi todos los países de la Unión Europea tienen leyes que restringen la libertad de opinión como si fueran una gran hoja de parra, para prevenir las actividades racistas o neonazis. El Estado decide selectivamente quién y qué es racista. Esas leyes son hipócritas, en el caso alemán por encima incluso de su propia ley básica.

A los disidentes se les permiten pocas oportunidades de ser leídos u oídos en la gran prensa corporativa occidental. Los mecanismos de control de la prensa son muchos, a menudo sutiles pero ampliamente comprendidos y obedecidos—miedo a perder el empleo, circulación limitada, la retirada de anuncios oficiales, etc. Ya no existe ningún tipo de libertad sin restricciones en ningún país occidental, ni siquiera en los Estados Unidos, con su maravillosa constitución y sus enmiendas de la Carta de Derechos.

Permítame aquí señalar a sus lectores los puntos más importantes de una práctica censora conocida bajo el término neutral de “entrega”, que podría definirse más honestamente como un secuestro político para provocar el silencio de la palabra o el pensamiento disidente. Las ‘entregas’ en Occidente se practican más frecuentemente no tan sólo contra supuestos “sospechosos terroristas” sino contra simples activistas políticos o escritores cuyas opiniones son mal vistas por entidades como el AIPAC o algunos grupos de lobby sionista similares, B’nai Brith, el Canadian Jewish Congress etc.

Para explicarte correctamente lo que yo tan sólo podría describir de forma más tosca, me gustaría arrojar luz brevemente sobre el periodo que precedió a mi arresto en Estados Unidos y Canadá, la similitud con otros casos como el mío, en donde una infracción inocua o supuesta es empleada para silenciar a un enemigo político.

Viet Dinh, un profesor de derecho de la Universidad de Georgetown y director de su Programa de leyes en Asia y Programa de Estudios Políticos que ayudó a crear el Patriot, lo ha dicho sucintamente, tal y como fue informado en la publicación americana Wired refiriéndose a la libertad de expresión en la red. En esa entrevista podemos leer:

Wired News: Cerca de 5.000 personas han sido detenidas desde el Once de Septiembre. Entre ellas, sólo cinco—tres no ciudadanos y dos ciudadanos—han sido acusados con crímenes relacionados con el terrorismo y una fue condenada. ¿Cómo justificamos una legislación tan amplia que ha resultado en tan pocas condenas relacionadas con el terrorismo?

Dinh: He oído la cifra de 5.000. Las cifras oficiales dadas por el Departamento de Justicia indican que aproximadamente 500 personas han sido acusadas con violaciones de inmigración y han sido deportadas en investigaciones relacionadas con el Once de Septiembre.

Puede ser la cifra de ciudadanos no acusados por delitos de terrorismo, pero es que no es necesario acusarlos de ello. Cuando el departamento sospecha de gente en relación con el terrorismo, persigue a esa gente por otras violaciones legales, en lugar de esperar una conspiración terrorista desarrollada plenamente para impedir el riesgo potencial de que no se logre impedir esa conspiración, sacrificándose vidas americanas inocentes en el proceso.

Esto es exactamente lo que me ha pasado. La razón inicial dada fue dada por una supuesta infracción migratoria—una “visa caducada”. Yo no era un terrorista; era un escritor disidente. Mis detractores políticos sabían perfectamente bien que estaba legalmente en Norteamérica, esperando el ajuste de estatus debido a mi matrimonio a una ciudadana norteamericana. Me encontraba en el proceso de ajustar mi estatus migratorio, siguiendo meticulosamente todos los pasos pre requeridos. Estaba viviendo abiertamente en un área rural de Tennessee y mi dirección aparecía en la guía telefónica local. El gobierno norteamericano me había dado un número de la Seguridad Social, un permiso de trabajo, un documento que me permitía abandonar el país y regresar sin problemas. Me había sometido y había superado el control del FBI y una revisión médica. El único paso que faltaba era una entrevista personal con un oficial de inmigración para comprobar la validez de mi matrimonio con mi esposa ciudadana americana.

Se nos notificó por escrito que esa entrevista podía tardar hasta tres años, y que no se nos enviarían ningún informe sobre el estatus. Esperamos pacientemente para el último paso, una entrevista de rutina con un oficial de inmigración. Nuestro abogado de inmigración había pedido esa entrevista por escrito—dos veces. Bajo juramento, testificó que había escrito esas cartas. Esas cartas han desaparecido misteriosamente de nuestro dossier migratorio. Cuando fui arrestado, se afirmó que había “faltado a una cita” negligentemente lo que les daba licencia para arrestarme debido a una visa caducada. En otras palabras, un simple trámite burocrático fue encontrado o creado que me ha costado siete años de mi vida.

Lo que me pasó dentro del contexto de una política deliberada de mentiras de Estado le ha pasado también a otros. Engaños similares a través de falsas acusaciones han sido empleados en casos como el de Germar Rudolf, igualmente casado a una ciudadana americana, El Masri en Alemania, Maher Arar en Canadá, Gerd Honsik en España, Siegfried Verbeke en Bélgica, David Irving, y ahora Bishop Williamson en Inglaterra, tan sólo para mencionar a algunos individuos que han sido capturados entre las fauces devoradoras de una política criminal hecha posible únicamente por el Patriot Act en Estados Unidos y por instrumentos legales similares en otras naciones. Impregnadas por el trasfondo de una política clandestina y de la práctica para forzar la conformidad política, mi caso pasa a tener su sentido pleno. Ya no estamos lidiando con una aberración. Estas entregas extrajudiciales dan al Once de Septiembre y el Patriot Act una nueva faceta como instrumento de política global de censura brutal contra pensadores y escritores impopulares.

Una revista de prestigio como la suya normalmente debería dedicarse a la política de gobiernos extranjeros, entregas, secuestros y encarcelamientos no tan sólo de enemigos extranjeros, sino también, como en el caso de Vanunu, un científico atómico nacido y criado en Israel. No es un neonazi, un racista, un negador del Holocausto, sin embargo fue implacablemente perseguido por el Mossad y finalmente raptado y encarcelado 18 años. Las constantes en la ruptura de las leyes y convenciones internacionales, el uso de falsas identidades, y la descarada práctica de entrar por la fuerza empleando espías y agencias de inteligencia, etc.—estas actividades criminales aparecen de forma diaria en las noticias. Esto ha preparado la escena y permite presentar mi caso como el progreso de una vieja y establecida política, con una diferencia: ya no hablamos de cazar y secuestrar supuestos “criminales de guerra nazis” como Eichamnn o a palestinos que tiran piedras, o ni siquiera “terroristas árabes”, sino en lugar de ello tomar por blanco a escritores y otros disidentes políticos en países occidentales que se llaman a sí mismos “democracias”.

Mi historia no acaba aquí. En mi caso, mi perfil de “negador del holocausto” era conveniente, pero anticuado. No era ni siquiera, como tantas veces se ha afirmado y reclamado falsamente, mi “Negación del holocausto” o ni siquiera, más extrañamente, mi “visa caducada”. Un amigo nuestro con altos contactos dentro de las Naciones Unidas me dijo lo que realmente me había pasado. En sus propias palabras: “Fue el libro azul quien lo provocó. En entonces cuando en los más altos niveles decidieron ir a por ti de una vez por todas”.

Esto es, en resumen, lo que pasó: En los primeros meses después del Once de septiembre mi esposa, una ávida navegadora de Internet, descubrió un interesante documento de investigación titulado Stranger than Fiction: An Independent Investigation of 9/11 and the War on Terrorism por Anonymous, 11-11-2. Me lo dio con el desayuno. Lo leí, lo encontré interesante e imprimí algunos ejemplares en mi impresora para la gente en mi lista de correo. No escribí aquel largo informe lleno de notas a píe de página. No lo investigué. Simplemente lo copié. Alguien debió concluir que yo, con mis antecedentes de intensas investigaciones forenses en otras áreas, mostraba un interés más que ordinario en el Once de Septiembre como una operación de bandera falsa común en las agencias de información.

Durante mi juicio en Mannheim, supuestamente por “Negación del holocausto”, partes de mi carta mensual en la que mencionaba ese folleto y el tema del Once de septiembre, fueron citados por la acusación como ofensas criminales. Sólo después que se vio claramente que agradecía la oportunidad de que mis abogados presentasen pruebas forenses de un potencial encubrimiento del Once de Septiembre, aquellas parte de la acusación fueron rápidamente retiradas, y mi juicio se convirtió en un proceso farsa por “negación del holocausto” dentro de la forma tradicional estalinista, “… acusaciones increíbles sin permitir defensa alguna”.

Como supimos más tarde a través de varias peticiones de información a varios países, había habido durante largo tiempo un plan deliberado, tortuoso, para arrestarme y detenerme bajo falsas excusas para sacarme de circulación y ponerme tras las rejas.

Sólo menciono esto como un ejemplo lógico de lo simbólicamente astutos que son mis enemigos políticos al emplear la acusación de “negación del holocausto” y la persecución de revisionistas del holocausto como flechas en su arsenal para anclar, consolidad y proteger sus poder e influencia obtenidos a través de la mentira.

 

¿Cuál es la verdad detrás del Holocausto? ¿Llegó a pasar realmente? ¿Qué pasa con gente como Elias Wiesel, Thomas Blatt, Wladyslaw Bartoszewski y Leopold Engleitner que son supervivientes del Holocausto y describen sus propios recuentos de aquellos días dolorosos en que vieron personalmente la triste desaparición de sus familiares en campos de concentración? ¿Cómo resolver esas contradicciones?

No contestaré a esa pregunta. Correría el riesgo de pasar cinco años más de cárcel si contestase a esas cuestiones de forma honesta y con la verdad. Sin embargo, en la era del Internet, otros menos conocidos que yo han encontrado vías para simplificar un doloroso problema de múltiples caras…

 

Mucha gente de otros países han llegado a la categórica conclusión de que el Mundo Occidental es un faro de libertad sin limitaciones en la libertad de expresión.  Pero a veces parece que la realidad es distinta, y que la gente puede ser fácilmente perseguida tan sólo por publicar opiniones que son impopulares. El folleto que usted público, Did Six Million Really Die?, es un ejemplo. ¿Qué opina?

He aquí un ejemplo más de aquello que ya he señalado antes: Tengo faxes y  otros documentos que prueban con cabecera oficial de la Embajada americana que el tan elogiado y propagandizado sistema judicial norteamericano ha interferido en favor de esos secuestradores de mi libro a través de comunicaciones en parte secretas, comprometiéndose así en encubrimientos y mentiras peores que las practicadas por aquellos que el gobierno norteamericano siempre acusa de violaciones de derechos humanos en sus hipócritas campañas de prensa, como China en el Tibet, Lukashenko en Bielorrusia, Putin en Moscú y, desde luego, Irán durante la reciente Revolución Verde.

 

Muchos sionistas le han presentado como un supremacista blanco ¿Es esa caracterización justa?

Esta afirmación es una muy conveniente técnica para asesinar reputaciones. Nunca he sido un supremacista blanco y durante décadas lo he declarado públicamente en incontables entrevistas, cartas, charlas, conversaciones radiales, etc. Es el modus operandi de mis enemigos el simplificar complejos problemas con una demonización políticamente tapida.

 

Es usted contrario al régimen de Israel debido a sus políticas discriminatorias y su atroz aproximación contra la nación Palestina. Se considera usted un pacifista que aboga por la estabilidad y la paz; ¿No son esas creencias incompatibles con sus opiniones sobre Hitler, que es considerado internacionalmente como un notorio dictador y un asesino implacable? ¿Cómo puede su toma de postura pacifista ir de la mano con su aprobación de Hitler?

No puedo contestar a esa pregunta debido a limitaciones legales. Una respuesta honesta y completa podría devolverme a la cárcel como reincidente muy rápidamente. Implícita en su pregunta está la imagen tóxica que mis detractores quieren que usted tenga de mí. Ser llamado nazi es peor que ser llamado leproso. Durante décadas he sido el blanco de tales campañas de difamación. He sido encarcelado varias veces no por abogar por una ideología sino por expresar un punto de vista disidente, alternativo en muchos temas, incluyendo el papel de Adolf Hitler en la historia. El revisionismo no es una ideología. Es meramente un método científico para reexaminar sucesos históricos e intentar comprender a los lideres que han convertido a la historia en una nota a píe de página de sus personalidades.

Déjeme contestar a su pregunta de esta manera: siempre he aborrecido cualquier tipo de violencia en la persecución de objetivos políticos. Por parte de cualquiera. Políticamente era y soy un pacifista, a la manera de Gandhi. Abogo por una mirada sobria, neutral, de la historia, incluyendo el periodo conocido como el Tercer Reich. Los pueblos del mundo, no importa bajo que sistema vivan, se deben a sí mismos el emanciparse de las imágenes simplistas de la propaganda y la mentira que se presentan como historia.

 

En mayo de 1996, su residencia de Toronto fue el blanco de un incendio provocado que tuvo por consecuencia 400.000 dólares de daños. Unos días más tarde, algunos de sus enemigos extremistas fueron detenidos intentando entrar en  su propiedad. De nuevo, unos días más tarde, recibió usted una bomba por correo que la policía de Toronto detonó. ¿Ha tratado usted de denunciarlos alguna vez? ¿Han sido alguna vez condenados?

Esta es la otra cara de algunas de las preguntas planteadas. Mientras que nunca he abogado o participado de la violencia, se han practicado actos de violencia en contra mía, entre los que el secuestro del 2003 fue meramente el último. En cuanto al fuego y la bomba, no, nada se concluyó finalmente. La policía detuvo a los constructores de bombas y a los que las mandaron, pero los cargos se congelaron. Parece ser que no existe la voluntad política en los más altos niveles del gobierno canadiense. No había nada que ganar persiguiendo a incendiarios judíos, que incluso confesaron el acto.

 

¿Diferencia entre sionistas y judíos como seguidores de una religión monoteista?

Sí, son completamente distintos. Algunos judíos ortodoxos, unidos contra el sionismo, como el Neturei Karta, también creen eso. Saben que los padrinos del comunismo y el sionismo seguían políticas idénticas. El espíritu guía detrás de ambos sistemas es el mismo. Rabinos Neturei Karta han acudido el 2006 a la conferencia de Teherán patrocinada por su Presidente para distanciarse de la que consideran una peligrosa casta atea que persigue políticas ilegales de conquista con las que no desean ser identificados.

 

La gran prensa corporativa, mientras le difamó ha permanecido callada ante su liberación. ¿Qué piensa al respecto? ¡Va a continuar su camino ideológico o preferirá mantener un perfil bajo y olvidarse de las actividades intelectuales?

Irónicamente es exactamente lo que pretendía cuando me mudé a Tennessee y me case con Ingrid; mantener un perfil bajo y dedicarme a mis iniciativas privadas, como mi amor por el arte y la música. Sentía que mi importancia como revisionista había acabado, concluido para mi gran satisfacción íntima. Que otros leyesen a las dos partes y decidiesen por sí mismos. Todos los argumentos, toda la información necesitada acerca del Holocausto está ahí afuera, en el Internet, en decenas de miles de websites, disponible.  ¿Cuántas veces debemos cavar en una excavación arqueológica para encontrar otro hueso, otro fragmento? A mi esposa le gusta decir que no tienes que comerte un camello para saber cómo sabe un trozo. Yo estaba listo para retirarme y satisfacer mis necesidades y deseos creativos. Hubiera dejado que otros completasen las actividades políticas. Pero, como personas no racionales,  podían mis contrarios dejarlo. No, simplemente no estaba en su naturaleza.

Como usted correctamente señala, una poderosa campaña para hacerme aparecer como un villano continua a todo trapo. Mantiene mi nombre en los medios de comunicación para que la gente decida quién soy. Tras mi liberación, mi esposa recogió miles y miles de cartas de lectores, sólo tres de las cuales eran negativas. No es un mal resultado, para los millones de dólares gastados y las millones de palabras dispersadas en un intento de pintarme como el diablo con cuernos.

Permítame preguntarle ¿Su prestigiosa revista se habría preocupado por entrevistarme si usted pensase que realmente merezco la etiqueta de ser la Encarnación de la Maldad?

 

Del original:  [Nota del editor: Las opiniones y creencias de Ernst Zundel son suyas y no del Foreign Policy Journal. Es política del FPJ mantener el principio de libertad de expresión, lo que significa poder decir cosas que otros consideran ofensivas. De otra manera sería un principio sin sentido alguno. Es también la posición del FOJ que las dos caras de una historia merecen ser escuchadas. Les corresponde a los lectores tomar sus propias conclusiones y deducir sus propias conclusiones.]

 

Holocaust denier Ernst Zuendel salutates