UN CÓMIC FUTURISTA Y ANTIFASCISTA

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NO ERA PAZUZU, QUE ERA PUIG-DEMONI

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LA CONSTITUCION DE 1978, ¿PROBLEMA O SOLUCION?.

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CUANDO LOS ANTIFASCISTAS SE VUELVEN “FASCISTAS”

Esto es surrealista. En España la única MARCHA DE LAS ANTORCHAS es la que lleva realizando la ACIMJI, cumpliendo este año ya las 7 ediciones. Hoy me quedo anonadado primero y luego Continuar >>

 

EL “NO” DE ESPAÑA AL COMERCIO DEL OPIO

Las potencias coloniales del S. XIX, idearon y fomentaron la plantación y el comercio del opio, estableciendo una política de imposición comercial a China, por medio del contrabando y de la guerra.En GRAN BRETAÑA, los directores de la “Honorable Compañía Inglesa de las Indias Orientales” no encontraban nada que venderles a los chinos, que poseían una industria eficiente y despreciaban la mayoría de los productos ingleses de la 1ª Revolución Industrial. A los británicos les interesaba el té, la seda y la porcelana china, pero a los chinos solo les interesaba la plata como intercambio. Por ello, tanto el Gobierno, como funcionarios y comerciantes ingleses buscaron un producto que fuera irresistible para cualquier mercado y que les ayudara a compensar el gran comercio con China, y lo encontraron en una droga: el opio.

Así, Reino Unido emprendió las iniciativas militares que permitirían que el opio producido y comercializado por ellos pudiera venderse libremente en China a pesar de la oposición del emperador Daoguang, que prohibió la venta y el consumo de opio en 1829 a causa del gran número de adictos. Estas guerras y los subsiguientes tratados firmados entre las potencias dieron como resultado que varios puertos de China se abrieran al comercio con Occidente, lo que condujo en parte a la caída de la economía china. Estas guerras se consideran la primera guerra de drogas.

En 1881, cuando se constituye la compañía pública británica ”British North Borneo Company”, a la que se le autoriza la implantación del opio en Borneo, al menos el 10% de la población china era ya opiómana.

En la India británica, el opio era destinado a consumo de los colonizados, y de esta manera robarles sus posesiones, sus tierras y el fruto de su trabajo.

En HOLANDA, la “Compañía Holandesa de las Indias Orientales” importó grandes cantidades de opio desde Bengala, que llegaron a alcanzar las 100 toneladas anuales solamente para Indonesia.
El suministro de opio se utilizaba no sólo para comerciar con grandes beneficios, sino para reducir y desintegrar las élites y la resistencia moral de los indonesios.

El comercio de opio era una valiosa arma de la política colonial europea y fue tan útil que consiguió resultados más eficientes que los ejércitos, hasta el punto que los portugueses, que habían llegado antes que los holandeses, fueron desplazados y jamás pudieron volver a las narcosociedades creadas por los holandeses.

Las potencias coloniales del siglo XIX , sobretodo Gran Bretaña, implantaron de una manera estable, rápida y enormemente lucrativa el comercio de la droga en el Extremo Oriente Asiático.

ESPAÑA disponía de las mejores condiciones logísticas desde Filipinas, muy próxima a las costas de China, para haber entrado como agente principal en la producción y el comercio del opio. Si a esto se le sumaba la agonía del Imperio español en aquel momento, con enormes dificultades financieras, resulta extraño que no entrara en este cercano y próspero negocio (en 1837 el gasto en opio en China era de 16 millones de pesos fuertes, un valor superior a muchas industrias de países europeos).

La explicación a la negativa española de cultivar opio en Filipinas, está en el carácter español… España rechazó beneficiarse del negocio más lucrativo de Extremo Oriente por la degradación y la muerte que suponía el tráfico del opio, y se apartó de una práctica masiva en la que estaban implicadas instituciones políticas, mercantiles y militares de las potencias coloniales del siglo XIX.

Una de las decisiones legislativas más memorables del siglo XIX fue la prohibición general de 1814 efectuada por José Ramón de Gardoqui, Capitán General y Comandante General de la Marina en Filipinas, sobre la tenencia, comercio y uso del opio, que endurecía la legislación anterior. De no haber declarado la prohibición, podría haberse hecho inmensamente rico, pero Gardoqui demostró con su decisión, el alto nivel intelectual y moral de la Armada española de la época.

En 1858, el brigadier Fernando de Norzagaray, Capitán General de Filipinas promovió un expediente en el que intervinieron e informaron todas las Corporaciones filipinas llegando a la conclusión de que no convenía el cultivo de la amapola blanca en el país, por razones de moral y de salud pública (en esa época el opio representaba más del 40% de las importaciones chinas).

En aquellos momentos, resultaba insólita la prohibición española del cultivo de opio en Filipinas. Según el polígrafo Rafael Díaz Arenas, “ningún hombre ilustrado del siglo XIX podía entender la prohibición española durante siglos en Filipinas del cultivo del opio”.

El repugnante comercio del opio produjo la singularidad histórica del apartamiento de la sociedad y cultura filipino-española de semejante explotación.
Esa prohibición fue el resultado de un rechazo legal y moral, producto del valor de la decisión colectiva de aquellos españoles de dos continentes, que se basaron en que nuestra tradición era enemiga de esa práctica.

Somos descendientes de aquellos españoles que no recurrieron al exitoso negocio del comercio y la plantación del opio, por “principios”… la extraña dignidad española.

ROSA M. CASTRO

 

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