LA CULPA ES TUYA

 

Sí, no me mires así. La culpa de que una piara de hijos de puta esté a punto de romper la unidad de tu Nación es tuya.

Te lo digo a ti, ciudadano ejemplar. A ti, que votas obedientemente cada cuatro años lo que te dice la tele. A ti, contribuyente silencioso, que pagas sin rechistar unos impuestos abusivos. Aunque sabes que las ayudas sociales serán para los foráneos antes que para tus compatriotas en apuros. Soplapollas.

A ti, currante sumiso, que no has protestado nunca cuando te han ido recortando derechos laborales. Pero que te sientes “muy de izquierdas” porque en las conversaciones del bar dices que te parece muy bien que los maricas adopten niños y que el aborto es un derecho. O que te sientes “muy de derechas” porque proclamas tu admiración por cualquier empresario rapaz de los que tienen sus factorías en el Sudeste asiático y sus cuentas corrientes en las Islas Caimán. Cuando tu hija encuentre un trabajo de doce horas diarias a precio de cuatro en la cadena de tiendas de tu admirado marrajo todavía estarás agradecido. Imbécil.

Te lo digo a ti, chaval. Te cabrea que te exploten por sueldos de miseria mientras te venden una vida de lujos que nunca podrás pagar. Pero crees que la lucha es quemar contenedores al dictado de unos perroflautas vividores que no han dado un palo al agua en su vida. O que la rebeldía es fumarse unos porros y no lavarse. No te importa gastar tu mísero sueldo en un teléfono pero no has leído un libro en tu vida. Los que te dicen que hay que luchar contra la casta son la peor casta. Payaso.

Te lo digo a ti, biempensante santurrón. A ti que quieres acoger y das la bienvenida a terroristas porque crees que “to er mundo é güeno”. El día que un moro atropelle a tu hijo con un camión, iras a darle abrazos al asesino. Porque eres gilipollas y eso no tiene cura.

Durante cuarenta años os han hecho creer que la Patria es una cosa de las derechas. Y, a pesar de que la única patria de los privilegiados es el dinero, os lo habéis creído. La Patria es tu única herencia, capullo. Es el esfuerzo de tus abuelos, es la sangre de tus antepasados. Es tu identidad, idiota. Y ahora dejas que unos cuantos hijos de perra te la roben.

Ahora, los militares que pagas con tus impuestos y los políticos que viven a tu costa miran para otro lado ante la insolencia secesionista. Y eso no es lo más triste.
Lo más triste es que, en lugar de plantarte en las puertas de los cuarteles para afearles su cobardía y exigirles que cumplan con su deber, a ti te da igual. Porque eres un mierda.

Mientras, unos cuantos ilusos seguimos buscando hombres de honor.
Quizá no encontremos los suficientes pero al menos, nos quedará la satisfacción de no habernos cruzado de brazos ante la ignominia.

J.L. Antonaya

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