DIADA, DÍA DE LA JAURÍA

 

Lo he visto muchas veces. Presionar a la autoridad legítima, o a quien quiere ejercitar un derecho, con el acoso de la masa y los ladridos de la jauría.

Lo he visto en los Juzgados de Instrucción. Cuando habiéndose detenido a un gitano por tráfico de drogas, la tribu al completo se constituía en la puerta del Juzgado, amedrentando a funcionarios, abogados y testigos. O cuando se ponía a disposición judicial a un concejal de tal o cual partido, por corrupto o por prevaricador, los suyos, los de su secta, se agolpaban en manifestación “espontánea”, rodeando el cuartel de la guardia civil o la sede del Juzgado, clamando ante los reporteros gráficos por supuestas persecuciones políticas.

Lo he visto, y les aseguro que es muy desagradable de ver, cada vez que los sindicatos –de clase y de los otros- han convocado una huelga en el sector de la Justicia, cuando los piquetes “informativos” han entrado hasta las dependencias donde otros funcionarios se habían presentado a ejercer su derecho y su libertad de no secundar la huelga, acosándoles con insultos y vejaciones hasta conseguir que abandonen el trabajo.

La masa anónima es la letrina donde los cobardes vierten, enmascarados, su podredumbre. La masa es irresponsable y por eso, los delincuentes, los aprovechados, los facinerosos de todo tipo, se esconden en ella, y si pueden, la manejan, para sus propios e inconfesables fines.

Hoy ha sido el día del populacho. El independentismo ha echado a la calle a la masa envenenada por el discurso del odio. La turba desprovista de sentido crítico racional; norcoreanizada por años de programación cultural y de agit-prop.

La masa asusta por su tamaño, pero sus fundamentos son débiles. No hay en ella jerarquía, ni disciplina, ni orden, ni lealtad. La masa es inconstante, mudable, veleidosa, manipulable, cobarde. Hernán Cortés, con un puñado de españoles, venció en los llanos de Otumba a toda una nación en armas, y eso que aquélla, la mexica, sí era una nación de verdad. Lo bueno frente a lo mucho. La élite frente a la masa.

La élite con el sentido de la autoridad, la élite con la razón del Derecho, la élite con la fuerza disciplinada y bien ejercitada. La élite, en la cual cada individuo es un soldado y, llegado el caso, un mártir o un héroe.

Pídamosle a España que convoque a una minoría resuelta, disciplinada, con solidez intelectual, éticamente irreprochable, audaz y combativa. Para que ninguna jauría vociferante ni los golfos que la jalean, impongan a Cataluña su tiranía y su injusticia.

Francisco Artero Montalván

 

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