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NO HABLEN MUCHO, TRABAJEN

No hay nada más sencillo, satisfactorio y reconfortante que, a la cabeza de un grupo activista, practicar la política del puño, hablar y actuar como manda el corazón, llamar a un sinvergüenza, sinvergüenza y a un estercolero, estercolero, dar una bofetada de ser necesario a un mentiroso, traidor y canalla notorio, decir y también hacer lo que toda persona decente piensa y siente. En suma, proceder con toda franqueza.

Pero lo mas difícil es como fıero lobo ponerse la piel de cordero, colocarse la máscara del hombre vulgar, ser indiferente entre indiferentes cuando por dentro arde un volcán, cuando día tras día y hora tras hora te persigue el diablo y quisieras a veces estallar en un insensato aullido de rabia por odio y sed de venganza. Pero también esto debe ser aprendido. Un Revolucionario debe poder todo. Prueba del Espíritu Revolucionario no es solamente el pegar, sino el hacerlo en el momento justo.

¡Sí, esto es insoportable! Pero más insoportable para el que está a la cabeza que para aquél que marcha en las fılas. ¿Creen ustedes que a nosotros no se nos contraen también alguna vez los dedos? ¿No saben que nuestra pluma una y otra vez quiere escribir palabras distintas a las que permite el intelecto que analiza fríamente? ¿Es que no oyen ustedes que la voz quisiera hablar de otra manera que la que permite el pensamiento calculado?

¡Saber esperar! Esto es lo importante ahora.
Se trata ahora de organizar las fuerzas que están movilizadas en nuestras fılas.

¡No hablen mucho, trabajen! Aprendan a tener convicción sin estruendos. La espera nos aprovecha mejor que a los que queremos destruir para construir. El tiempo trabaja para nosotros y si trabajamos mano a mano con el tiempo, entonces podremos observar, confıada y tranquilamente, cómo el enemigo empezará a cocinarse en su propia grasa.

¡Aprende a callar! Así reza el primer mandamiento del Revolucionario.

¡Aprende a esperar! Así reza el segundo mandamiento del Revolucionario.

Trabajar es el imperativo ahora. Y luego, ¡a esperar en silencio!

ALFRED HORN

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    1 thought on “NO HABLEN MUCHO, TRABAJEN

    1. ¡Justo en el centro de la diana! Y permítaseme un pequeño añadido: El primer deber de todo revolucionario (como Dios manda) es la supervivencia; justamente, para que la auténtica Revolución triunfe, tarde o temprano, pero triunfe. Por ello, valentía, toda, sí, siempre; pero por encima, lucidez, que, como es sabido, viene de Luz. Por todo ello, fidelidad, valentía y lucidez. Y la Revolución triunfará.

      ¡ARRIBA LOS CORAZONES!

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