EL CULPABLE SIEMPRE SERÁ INOCENTE

El sistema democrático admite que la razón guíe a las masas, mientras que éstas obedecen por lo general a la pasión (como estamos viendo) y toda ficción se expía porque la verdad se venga. Por eso la democracia, tan bella teóricamente, puede conducir, puesta en práctica, a horrores insignes (los que están por llegar).

Partiendo de la base de que los hombres son intrínsecamente buenos y virtuosos, la democracia es un régimen contra la naturaleza. Y la naturaleza violentada termina siempre por vengarse.
Querer imponer a los hombres la democracia, es como querer doblar una barra de acero; o se endereza bruscamente y la recibe de pleno en la cara o se rompe.
O las naciones Occidentales renuncian a la democracia , o serán aniquiladas. Y sus responsables últimos siempre son los “partidos políticos” y su afán por medrar en detrimento de la Patria.

José Antonio, en sus textos de Doctrina Política, escribía:
“Los Partidos deben desaparecer. Nadie ha nacido nunca miembro de un partido político; en cambio hemos nacido miembros de una familia; somos los vecinos en un municipio, nos afanamos todos en el ejercicio de nuestro trabajo. Luego, si éstas son nuestras unidades naturales, si la familia, el municipio y la corporación son los marcos entre los cuales vivimos, ¿por qué necesitamos el instrumento intermediario y pernicioso de los partidos, los cuales, para unirnos en agrupamientos artificiales, empiezan a desunirnos en nuestras realidades autenticas?”… pero hay más…

Un rey, incluso constitucional, es un hombre como los otros, quiero decir un hombre que piensa; tanto más cuanto es, por definición, culto, que ha recibido una formación especial, intelectual, religiosa, política, filosófica. En una monarquía constitucional y de partidos, en que existen grupos con ideologías diversas y, a menudo, antagónicas, resulta imposible que el rey no tenga – él también- su pequeña idea sobre el hombre, sobre la vida- su “concepción del mundo”, como dicen los alemanes- y, en particular, su concepción personal sobre lo que es favorable o desfavorable a los intereses del pueblo y de la Nación: en una palabra, es imposible que no tome él también partido, aunque sólo sea en su fuero interno. Cuando sus opiniones, sus convicciones, coinciden más o menos con la ideología y la política del partido que está en el poder (o no) todo es más o menos normal.

Pero ¿qué ocurre cuando es el partido opuesto el que gana? ¿Cómo puede un rey salir fiador de un gobierno cuya política no aprueba? ¿Cómo puede un rey sancionar decisiones de las que está íntimamente convencido que son contrarias al interés nacional? ¿Y cómo puede un rey pronunciar pública y solemnemente un discurso que no ha sido redactado por él? Sinceramente, siempre ha sido para mí un motivo de estupefacción, el que un rey pueda prestarse a tal mascarada… y que haya gentes que den palmas con las orejas.
Es evidente que donde hay partidos, no puede haber un rey con autonomía.

Lo más grave y que lleva a la inutilidad del “parlamentarismo” es la falta notoria de un elemento RESPONSABLE, nadie quiere responsabilidades, y la chusma en las bancadas, rechaza sus responsabilidades, pasándoselas de político a político… es por eso, como en el dramático episodio que estamos viviendo…

La mayoría no sólo representa la estupidez, sino también la cobardía.
En democracia nadie es responsable… pero todos son culpables.

LORENZO FELIÚ

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    3 thoughts on “EL CULPABLE SIEMPRE SERÁ INOCENTE

    1. En todo caso, culpables, todos los que sean demócratas. Que otros, y seguramente no pocos, ni lo hemos sido, ni lo somos, ni lo seremos. Jamás. Y es que, no en vano, la polis de la Grecia aristocrática y clásica, por desgracia, nos queda ya algo lejos, tanto en el tiempo como, peor, en el alma o el sentido. Y todo gracias, fundamentalmente y como tantas otras veces a lo largo de la Historia, de un hijo de esa tribu tan peculiar de cabreros y mercaderes como pocos ubicada habitualmente a orillas del Jordán, en pleno desierto oriental, al haber legado a la Humanidad (o, según otros, las Humanidades…) ese gran mandamiento democratizador e igualitarista por excelencia, tal y como hoy es entendido y aplicado por sus defensores Urbi et Orbe, ese gran programa ideológico y político universal y universalista a fin de cuentas, que dice: “ya no hay judío ni griego, no hay esclavo ni libre, no hay hombre ni mujer”. Siendo el padre de tal aberración ideológica contra natura un tal Sha’ul, un fariseo nacido en Tarso, al Sur de la que es hoy la Anatolia turca, que terminaría siendo “santo” (bajo el nombre de San Pablo). Ah, por supuesto, su mandamiento, su programa ideológico conllevaba desde su parto una cláusula implícita no necesariamente escrita pero que, en la evidencia de los hechos a lo largo del tiempo, jamás ha sido demasiado secreta; a saber que nunca afectaría a quienes comparten el mismo genoma que el tal Sha’ul. Y si no, baste mirar si a sus congéneres les ha afectado mucho a lo largo de dos mil años. En eso, ciertamente, son dignos de admiración y encomio. En cuanto a los emponzoñados y dormidos europeos, víctimas por excelencia del “sueño democratizador y universalista”, esperemos que algún día despierten y hagan lo debido. Sólo entonces volverán a ser responsables y dejarán de ser estúpidos, cobardes y culpables. ¡Sea!

    2. Sí, Alain de Benoist, “Fabrice” para los cercanos. Pensador que ha aportado mucho al dominio de las ideas (con mayúsculas), fundamentalmente a través de la Nueva Derecha o, como mejor la denominan otros, Nueva Cultura, encarnada sobre todo en el G.R.E.C.E.; autor también, entre otras muchas obras y textos, de ‘La Nueva Derecha’, ‘Las Ideas de la Nueva Derecha’, ‘¿Cómo se puede ser pagano?’…

      Respecto al pequeño y simpático texto aludido, ‘Cristianismo, el Comunismo de la Antigüedad’, fue escrito ya hace cuarenta años por De Benoist (siendo su primera traducción al español, s.e.u.o., debida al Centro de Estudios Friedrich Nietzsche o C.E.F.N. de València, organización formada tras la expulsión en bloque de la vieja comunidad militante que fuera en su día la antigua y previa delegación de C.E.D.A.D.E. en tierras valencianas, en virtud de su carácter, a ojos de un tal Pedro Varela Geiss, demasiado “crítico”… o, en pocas palabras, libre o pagano en lo espiritual y, en consecuencia, muy observador de las realidades cotidianas de la vida y nada dado a dogma incapacitante alguno en lo anímico; ergo, bien consta que modestia aparte, proclive a la lucidez y el sentido común).

      De otro lado, cuando De Benoist escribió ese pequeño texto, lo hizo imbuido y convencido de un Europeísmo grande y absoluto. Hoy, cuatro décadas después, su “europeísmo” adaptado a las nuevas circunstancias le hace postular una Europa en la que, a su criterio, deben y deberán seguir conviviendo irremediablemente diversos “comunitarismos” sobre el solar europeo, por muy mucho que, salvo el genuino y legítimo europeo, el resto de “comunitarismos” corresponda a pueblos muy diversos procedentes de mil y un orígenes no europeos. De ahí que seguramente por ello el mismo De Benoist no se arredre en manifestar públicamente que, de vez en cuando, gusta comer en algún restaurante ‘halal’ o ‘kosher’ de la antaño capital de los galos parisios y hoy, veintidós largos siglos de Historia europea después, de un París multicultural o, en claro, multirracial y cosmopolita hasta los cimientos. ¡Ah! E invivible para quienes no viven en los exclusivos barrios ‘chic’ de un París que, de ciudad luz, ha pasado a ser una ciudad más tenebrosa, como si hubiera sido invadida por una suerte de marea negra que, encima, desprende una atmósfera densa y oscura donde las haya.

      Por ello, bon appetit, Fabrice! Nosotros, más de cocina casera y propia europea, seguiremos comiendo bratwurst (por supuesto, de cerdo), buena bouillabaisse marsellesa y, cómo no, tortilla española sobre una rebanada de pa amb tomàquet.

      SALUT i FORÇA!

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