EL REY QUE SE CREÍA RANA

Felipe V, primer rey de la dinastía Borbón, tenía un extraño carácter y su ánimo pasaba rápidamente de la euforia a la depresión, debido a esos cambios de humor se le llamaba “el Animoso” o “el Melancólico”…

Pero, nada hacía presagiar lo que sucedió la mañana del 4 de octubre de 1717, ese día el rey salió a cabalgar y de repente sufrió un ataque de histeria porque creyó que el sol le atacaba.

A partir de entonces, la locura del rey se fue acrecentando hasta el extremo de que llegó a no dejarse cortar por nadie el pelo ni las uñas porque pensaba que sus males aumentarían. Estaba obsesionado con que podía ser envenenado a través del contacto de la piel con la ropa, así que vestía siempre con la misma camisa, camisa que debía haber usado antes la reina. Con todo esto, su aspecto era fantasmagórico, llevaba la ropa hecha jirones, el pelo larguísimo, sin afeitar, y las uñas de los pies le crecieron tanto que llegó un momento que ya no podía ni andar.

Comenzó a deambular por las noches y a tener los ritmos cambiados. No era infrecuente que convocara a su Consejo a altas horas de la madrugada, y en 1728 Felipe V llegó a recibir a algunos embajadores descalzo, en camisa de dormir e incluso sin pantalones.

Sufría brotes depresivos, violentas pesadillas y extrañas visiones. Alguna vez le encontraron intentando montar a los caballos representados en los tapices de los Reales Alcázares, pues sufría fuertes alucinaciones, en alguna de ellas llegaba a creer que no tenía brazos ni piernas… y que era una rana.

ROSA M. CASTRO

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