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ROMANCE DE UN DÍA DE OCTUBRE

 

Sin sacar el uniforme
viste el Borbón de paisano,
Rajoy de trotona muda
con un camisón cagado.

Los peperos mariquitas
visten pololos bordados
y el Pesoe no se decide
si por bragas o por zancos.

Los guardias visten de verde
los mossos de colorado
y en este sainete triste
los rojos visten de blanco.

Tras el gran corte de mangas
al separatismo aciago,
los progres y los buenistas
blanquean sus trapos morados.

“¿Do están mis huestes con rastas?”
-clama Iglesias azorado.-
“¿Qué se hizo el quince eme
con sus liendres y sus trapos?

¿Do los antifas bravíos?
¿Do los cuperos bragados?
¿Do el pelo de Ana Gabriel
con su flequillo de hachazo?

¿Do pone el ojo Junqueras?
¿Do está el Mocho desmochado,
la sillita de Echenique
y los obispos tarados?

¿Do está la monja argentina
con su careto blindado
y su sonrisa de hiena
y pendón desorejado?”

Están en sus madrigueras
confundidos y asustados
El fin que tuvo Companys
los trae muy aliquebrados.

Banderas de rendición
agitan desesperados.
“Parlem”, dicen, o “Pablemos”
Ni se ponen colorados.

¿Ante quién te rindes, dime,
comunista blanqueado?
Los mossos de Puigdemont
se esconden acojonados

Y por balcones y plazas,
las banderas ondeando,
España entera es un ascua
de rojo y gualda vibrando.

J.L. Antonaya

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