TODOS EN PIE POR ESPAÑA

Todos los lectores de El Cadenazo (por algunos foros llamado “El digital más odiado de España”) se han dado cuenta de que en él convivimos redactores con múltiples ideas y criterios.
Del tema más ligero, como puedan ser los toros o el fútbol, a lo más profundo de nuestras creencias, es imposible encontrar una unanimidad absoluta.

Tomemos por ejemplo la religión. En nuestro seno conviven ateos, paganos, cristianos de bautizo (aquellos que solo van a misa tres o cuatro veces en su vida, coincidiendo con ceremonias sociales), católicos (como el que suscribe), católicos llamados (a su disgusto) “integristas” por otros, etc.

Es cierto que a veces resulta difícil mantener la cordura y el orden en la redacción. Incluso a veces uno no sabe si está de acuerdo consigo mismo (para seguir con el ejemplo de antes, en mi caso se da cuando en misa el sacerdote no solo va del error teológico a la guitarra super star, sino que cae en la tentación de hacer la competencia a tele cinco con patochadas sin percatarse de que entre original y copia sus fieles preferirán quedarse en casa viendo el catódico original); aunque al final siempre reina la paz entre nosotros.
Esto es porque nos movemos en la clásica combinación entre la obediencia fecunda y la osadía personal. Esa flexibilidad, paradójicamente, nos permite ser fuertes e inquebrantables en la defensa de lo que a todos nos une: España.

Esa España nos está llamando estos días con una voz desgarrada, de madre agonizante. Esa España que quisimos ver alegre y faldicorta pero que, aun enlutada y con el agrio aroma a mandarina amarga, sigue siendo nuestro amor profundo, precisamente porque no nos gusta.

Esa España ha puesto en pie a toda la redacción y queremos invitar a todos nuestros lectores, que, presumiblemente, discreparán en uno u otro momento de nosotros, a seguirnos por la áspera vía del camino de la defensa de la Patria.

Se acercan tiempos difíciles. Tiempos de persecución, quizá. No dejemos que hasta nuestro último suspiro, nuestro aliento deje de oler a España. Cuando el clarín suene, venid con nosotros. O a nuestro lado, con otros. Pero venid. No os quedéis en casa.

GUTIÉRREZ

 

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