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LA “VIAGRA” LETAL DEL REY FERNANDO

Fernando II de Aragón, nacido en Sos del Rey Católico (Zaragoza) el 10 de marzo de 1452, fue el vigésimo rey en la línea de la monarquía aragonesa inaugurada por Ramiro I en 1035, y el último Rey de la dinastía Trastámara.

Durante la enfermedad de su esposa, la Reina Isabel la Católica, la princesa Juana empezó a mostrar los primeros síntomas de demencia, por lo que en su testamento la Reina nombraba a Fernando Regente de Castilla hasta que Carlos (el futuro emperador del Sacro Imperio Germánico) alcanzara la mayoría de edad, con ello Isabel buscaba evitar que un rey extranjero se hiciera con la corona y que Juana «la Loca» fuera usada como una marioneta por su esposo.

Al morir Isabel la Católica en 1504, Fernando tenía 52 años; y aunque él mismo calificara a su difunta esposa como «la mejor y más excelente mujer que nunca rey tuvo», llegando a decir «su muerte es para mí el mayor trabajo que en esta vida me podría venir…», decidió contraer nuevo matrimonio impulsado por su delicada situación en la Corte castellana, pues la falta de apoyos entre la nobleza (a excepción del Duque de Alba) y la llegada del ambicioso Felipe «el Hermoso» a España, había obligado al monarca a retirarse a Aragón, siendo Felipe proclamado rey.

A la espera de recuperar la Regencia, Fernando neutralizó el apoyo francés a su yerno Felipe por el Tratado de Blois. El fraile Bernardo Juan de Enguera, Inquisidor Apostólico de Cataluña, y los embajadores Juan de Silva, conde de Cifuentes, y micer Tomás Malferit, del Consejo de Aragón, negociaron el enlace del rey por poderes el 25 de agosto de 1505. Con tal fin viajaron hasta Francia, donde el conde de Cifuentes se casó por representación, en nombre del rey, con la princesa de 17 años Germana de Foix, sobrina carnal de Luis XII e hija de su hermana María de Orleans y del marido de ésta, Juan Gastón de Etampes, hijo a su vez de la reina Leonor de Navarra (la consorte era, por tanto, sobrina nieta de Fernando de Aragón). Los esponsales, con la dispensa papal, tuvieron lugar el 18 de marzo de 1506 en la villa de Dueñas.

Amargado por la traición, Fernando puso rumbo a Italia para hacerse cargo de Nápoles, sin embargo, Felipe I reinó pocos meses pues falleció el 25 de septiembre de 1506, siendo enterrado en la Cartuja de Miraflores, en Burgos. Su muerte empeoró el estado mental de su esposa y al inicio de las navidades de 1506 doña Juana hizo desenterrar a su esposo y mandándolo embalsamar, emprendió con Felipe el Hermoso el viaje más demencial que registra la Historia de España, “rodeado de funeral pompa y de una turba de clérigos entonando el Oficio de Difuntos, como en triunfo, en un carruaje tirado por cuatro caballos, en jornadas nocturnas”.

En el verano de 1507, el Rey Católico emprendió el retorno a España decidido a recuperar el poder que dos años antes le habían arrebatado en Castilla. Tras desembarcar en Valencia, se adentró en tierras castellanas a través de Soria y en Tórtoles de Esgueva, un pequeño pueblo próximo a Burgos, se encontró con su hija Juana, acompañada por el carro en el que iba el ataúd de su esposo Felipe. Padre e hija tomaron el camino de Burgos y para evitar que en el futuro reclamara sus derechos al trono, hizo que la encerraran en el Castillo de Tordesillas, donde permaneció hasta su muerte en 1555.

En los pactos que Fernando había hecho con el Rey de Francia, tío de su nueva esposa, este cedía a su sobrina los derechos dinásticos del Reino de Nápoles, concediendo a Fernando y a los descendientes de la pareja el título simbólico de Rey de Jerusalén. A cambio, el Rey Católico se comprometía a nombrar heredero al posible hijo del matrimonio. Es decir, todos los puntos quedaban a expensas de que el veterano rey fuera capaz de engendrar un hijo con la francesa.

La nueva esposa era una mujer alta y corpulenta, a quien fray Prudencio de Sandoval retrató como: «Poco hermosa, algo coja, gran amiga de holgarse en banquetes, huertas, jardines y fiestas» (nada que ver con Isabel).
Tres años después de la boda, el 3 de mayo de 1509, nació el príncipe Juan de Aragón, pero sólo sobrevivió unas horas. El cadáver se trasladó al monasterio de Poblet, panteón real de la dinastía aragonesa.

El matrimonio deseaba el varón que permitiera la transmisión hereditaria en detrimento de Juana la Loca, pero la diferencia de edad era de 36 años, y Fernando necesita algo de ayuda no ya para engendrar varón, sino al menos para intentarlo. Así el rey y su esposa recurrieron al principal afrodisiaco de la época, que consistía en las criadillas o testículos de toro (pues se creía que la fuerza y la virilidad de ese animal se transmitía a quien los comía). Pero el ansiado descendiente no llegaba y el rey enfermó por otro cóctel que para tal fin le hacía tomar su segunda esposa…

Diversos cronistas apuntan que su muerte se debió a los efectos del abuso de la “cantárida”.
El cronista Sandoval explica la insólita razón de su convalecencia: «Porque la reina, su mujer, con codicia de tener hijos, le dio no sé qué potaje ordenado por unas mujeres, de las cuales dicen fue una doña María Velasco. Dominole tan fuertemente la virtud natural que nunca tuvo día de salud, y al fin le acabó este mal».
Pedro Mártir de Anglería, menciona «un feo potaje que la Reina le hizo administrar por mediación de doña María de Velasco para más habilitarle que pudiese tener hijos, dándole a entender que se empreñaría luego».
Luis de Comenge señala que al rey Fernando le dieron «potaje de turmas de toro y cosas de medicina que ayudaron a la generación».
Según Jerónimo Zurita, cronista del Reino de Aragón, el Rey sufrió una grave enfermedad ocasionada por un “feo potaje que la Reina le hizo dar para más habilitarle que pudiese tener hijos. Esta enfermedad se fue agravando cada día, confirmándose en hidropesía con muchos desmayos, y mal de corazón: de donde creyeron algunos que le fueron dadas yerbas».
El doctor Fernández Ruiz sugiere que le administraron algún preparado de cantáridas (compuesto que se obtiene de machacar ejemplares de lytta vescicatoria o mosca española), un pequeño escarabajo de color verde esmeralda metalizado del que una vez muerto, seco y reducido a polvo se obtiene un alcaloide denominado cantaridina, que aplicado en dosis controladas dilata los vasos sanguíneos, produciendo en el hombre una erección prolongada. Sus efectos son muy parecidos a los que produce la «viagra» y el abuso en el consumo de este afrodisíaco pudo provocarle graves episodios de congestión al monarca, lo que derivó en una hemorragia cerebral.

En la madrugada del 23 de enero de 1516, cuando iba a asistir al Capítulo de las órdenes de Calatrava y Alcántara en el Monasterio de Guadalupe, el hombre que gobernó 42 años en Castilla, de los cuales 37 también en Aragón, falleció, a los 63 años de edad, en una casa de huéspedes regentada por religiosos en la aldea de Madrigalejo (Cáceres) cerca de Trujillo, a causa de una hemorragia cerebral (algunos cronistas han apuntado que la noche anterior a su muerte había ingerido una dosis muy elevada del «feo potaje»).
Cumpliéndose su voluntad fue enterrado en la Capilla Real de Granada, junto a su primera esposa, Isabel de Castilla.

NOTAS:
–El Rey dejó todas sus posesiones a su hija Juana, Reina de Castilla, que al encontrarse inhabilitada para reinar cedió la Corona de Aragón, incluidos sus reinos italianos y una parte de Navarra, a Carlos de Gante, futuro Carlos I de España y V de Alemania.
–Germana de Foix contrajo segundas nupcias con el marqués flamenco Juan de Brandemburgo, del séquito personal de Carlos V; y a la muerte de éste, se casó por tercera vez con Fernando de Aragón, duque de Calabria e hijo de Fadrique I de Nápoles. Con ninguno de ellos Germana de Foix tuvo sucesión. Ni todos los fertilizantes del mundo pudieron contradecir la voluntad divina.
— El uso de la cantárida se convirtió en el afrodisíaco de referencia hasta el siglo XVII , en que cayó en desuso a consecuencia de sus muchos efectos secundarios (producía irritaciones gastrointestinales y molestias urinarias, con erección espontánea del pene) y del gran número de envenenamientos del que fue responsable (una intoxicación análoga a la del rey Fernando, la había sufrido años antes el rey Martín el Humano)
En el siglo XVIII volvió a estar de moda cuando entró a formar parte de los ingredientes de unos bombones afrodisiacos conocidos en Francia como “caramelos Richelieu”, aunque en la mayoría de casos fue empleado como veneno para asesinar a los enemigos.
–La Casa de Santa María (un enorme complejo que ocupaba toda una manzana a la salida del pueblo) en la que murió el rey Fernando, fue abandonada y desmantelada por la desamortización en el siglo XIX. Sólo una estancia se salvó del derribo, la que ocupó el rey en el momento de su muerte, convertida con el paso del tiempo en pajar y almacén, hasta que en 1980 fue declarada Monumento Nacional.

ROSA M. CASTRO