ANTORCHAS 2017. EL FUEGO DEL HOMBRE NUEVO

 

Que la sociedad española se ha aburguesado hasta el extremo de adoptar, como valor supremo, el de no ser molestada en su molicie consumista por nada ni por nadie, es algo evidente. Que la juventud no se moviliza más que de forma espasmódica, a impulsos de los mass media y siguiendo las consignas de los poderes económicos, también. Que las grandes utopías están desacreditadas, y el tipo de hombre idealista denostado, hasta el extremo de haberse convertido en el equivalente de la figura psicológica del friki, absolutamente cierto. Que soñar con una explosión de entusiasmo nacional capaz de restaurar el orden natural, clásico, imperial, de las cosas, no es más que eso… una ensoñación, hemos de aceptarlo como evidencia si tenemos la serenidad y la valentía de mirar la realidad tal como es, y no como nos gustaría que fuera.

Mas hay algo que no ha cambiado, y es verdaderamente una semilla de esperanza. En el alma de una minoría, late aún, viva, encendida, incandescente en algunos individuos, la llama de la lealtad. Lealtad, ¿a qué? Si no a las organizaciones a las que juramos en nuestra mocedad, extinguidas hace décadas; si no a una patria que tal vez ya no exista más que en nuestra nostalgia o en los anaqueles de la Historia; si no a la fantasía ilusionante de los ideales de nuestra juventud; sí, desde luego, a nosotros mismos. Sí a nuestra propia biografía. Sí a nuestros camaradas, a los vivos y a los muertos –sobre todo a los muertos-. Sí a las virtudes del “hombre nuevo”: sí al honor, sí al valor, sí a la audacia, sí al compromiso, sí a la resistencia, sí a la dignidad de la pobreza y la derrota. Sí al cumplimiento de la palabra dada.

Esa minoría de dignos y leales veteranos, todavía “resuelta y combativa” aun huérfana de capitanes, compañías y tercios en que encuadrarse, es la que desfila cada año en las Antorchas. Sin jefes, sin partido, sin utopías, sin objetivos ni programas políticos. Con las viejas banderas. Con la Lealtad por única consigna. Y con la última ilusión de verse rodeados de jóvenes. De jóvenes en cuyos corazones haya prendido el fuego en el que se forja el hombre nuevo.

F.A.

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