LA REBELIÓN CANTONAL

La Rebelión Cantonal fue una insurrección que tuvo lugar entre julio de 1873 y enero de 1874, durante la nefasta Primera República Española.

Tras la renuncia al trono de AMADEO DE SABOYA, quedó sin validez la Constitución de 1869 y las Cortes sometieron a votación la proclamación de una República, que fue aprobada en febrero de 1873. El elegido para presidirla fue ESTANISLAO FIGUERAS Y MORAGAS, republicano federal de gran prestigio.

La 1ª República apenas contó con apoyo popular y estuvo dividida en muchas facciones que hacían imposible toda acción de gobierno, hasta tal punto que en una reunión del Consejo de Ministros, celebrada el 9 de junio de 1873, después de numerosas discusiones sin llegar a ningún acuerdo para superar la crisis institucional que atravesaba España, Estanislao Figueras, harto de desavenencias parlamentarias, en un momento de la sesión exclamó: “Señores, voy a serles franco: estoy hasta los cojones de todos nosotros”, abandonando acto seguido la sala.

Al día siguiente, como no se presentaba en el Ministerio, los ministros Castelar y Pi y Margall ordenaron que fueran a buscarle a su casa. Allí, los criados aseguraron que la noche anterior había hecho las maletas y había salido con la intención de tomar un tren con destino a París.
Una vez comprobado que el máximo responsable del país había huido, FRANCISCO PI Y MARGALL, también catalán como Figueras, fue nombrado presidente de la República española (la 1ª República tuvo 4 presidentes distintos en menos de 8 meses).

Pi y Margall, apoyado por los sectores “centrista” y “moderado” del Partido Republicano Federal, intentó aprobar una Constitución Federalista que contemplaba la división de España en 17 Estados soberanos, con autonomía completa para dotarse de Constitución y de sus propios órganos de Gobierno.
El sector federalista “intransigente” defendía el modelo del “Cantón” (bien fuera municipal o provincial, pues tampoco en esto se ponían de acuerdo) como unidad política soberana que debía adherirse por propia iniciativa a la República Federal. Lo que pretendían era “empezar la casa por el tejado”, proclamando primero los distintos Cantones o “Estados” para después redactar una Constitución, no esperar a que las Cortes Constituyentes elaboraran y aprobaran la nueva Constitución Federal.

En marzo de 1873, el Ayuntamiento de Barcelona proclamó el “Estat Català” dentro de la República Federal (aunque apenas duró por los desacuerdos internos), y en el verano de 1873, cuando la República sufría una terrible crisis económica, la rebelión carlista se extendió por el norte, al grito de «Dios, Patria y Rey», Pi y Margall tuvo que pedir “poderes extraordinarios” a las Cortes para hacerle frente. El grupo de los federalistas “intransigentes” lo consideró un intento de imponer una tiranía republicana y se opuso a los plenos poderes, aprovechando la debilidad del Gobierno para instigar la Revolución cantonal.

El 9 de julio de 1873 había estallado una revuelta obrera en Alcoy (la “Revolución del Petróleo”), extendiéndose en los días siguientes por Valencia, Murcia y Andalucía, donde se formaron Cantones cuya federación constituiría la futura República Federal Española.

El 12 de julio Cartagena se declaró independiente del resto de España. Los revolucionarios se hacen con el gobierno civil, el militar, y entran en el Ayuntamiento nombrando una Junta que en nombre del Cantón Independiente de Cartagena, toma el control del arsenal y del puerto, donde estaba amarrada la mayoría de la flota española, que se une a la sublevación principalmente por las exigencias de los marineros. En el Castillo de Galeras se iza la bandera cantonalista, una bandera turca a la que pintaron de rojo la media luna (por la sangre derramada). En el Cantón de Cartagena, se instauró la jornada laboral de 8 horas, se autorizó el divorcio, se incautaron los bienes eclesiásticos, se abolió la pena de muerte, se suprimieron los monopolios, se editó un periódico propio, llamado “El Cantón Murciano” y hasta acuñaron una moneda propia, el “Duro Cantonal” (equivalente a 2 pesetas), con la que pretendían costear los gastos generados durante el periodo de lucha por su independencia. El gobierno independiente llegó a ponerse en contacto con el de EEUU, solicitando su ingreso en la Unión y pidiendo ayuda para mantener su independencia frente al poder centralista de Madrid.

En pocos días, le siguieron una treintena de provincias, ciudades y pueblos cuyos ayuntamientos se declararon gobernados por un «Comité de Salud Pública», armaron batallones de milicias y se proclamaron “Cantones soberanos”. En Andalucía, todas las capitales se declararon repúblicas independientes, a excepción de Huelva. Las repúblicas independientes también fueron declaradas en varios municipios, en la provincia de Granada crearon Comités de Salud independientes, confederados con el de la capital: Gualchos, Sorvilán, Polopos, Almuñécar, Pulianas, Arenas del Rey, Ogíjares, Santa Fe, Guadahortuna, Benalúa de las Villas, Nívar, Lújar, Dólar, Albuñol, Molvízar, Algarinejo y Güevéjar.

El 14 de julio se proclamó el Cantón de Murcia, el 17 el de Valencia, el día 19 los de Sevilla, Almansa, Cádiz y Tarifa, el día 20 el de Alicante y el de Granada.
En Granada, nombraron al Comité de Salud de Granada único poder provincial, que se adueñó de los poderes civil, militar y económico, nombrando un gobierno interino, presidido por Francisco Lumbreras Sáez, 2 vicepresidentes, 2 secretarios y 12 correligionarios. Se incautaron del Boletín Oficial de la Provincia (que editaba la imprenta Viuda de Morell) y comenzaron a legislar. Declararon independiente a la provincia y publicaron un extenso bando (4.000 ejemplares repartidos por toda la ciudad) conteniendo las nuevas normas del Cantón Granadino: se adoptaba como bandera la misma de la República española; la separación iglesia-estado era una realidad, prohibiéndose todo culto fuera de las iglesias y secularizando los cementerios; se eliminaron todos los impuestos y se liberalizaron estancos y puertos; se fijaron los sueldos máximo (12.000 reales) y mínimo (4.000 reales); se suspendieron las pensiones; se incautaron los fondos del Banco de España; se abolieron privilegios regios; se revisarían todos los títulos de propiedad; todos los empleados públicos de la capital quedaban suspendidos hasta nueva orden, etc. La primera medida financiera fue solicitar un “empréstito forzoso reintegrable de 6 millones de reales que se repartirán entre los mayores contribuyentes de esta localidad”, como la medida escondía la exigencia de un gravoso impuesto a las clases adineradas el resultado fue la inmediata huida de los ricos y la ocultación de sus bienes. El Cantón Granadino acordó demoler la Puerta de las Pesas “para dar empleo a los desocupados” con la intención de demoler todas las murallas de la ciudad (el fin no era otro que mantener ocupadas a las clases obreras, llenar sus estómagos y acallar otras demandas). Aprobaron una partida para comprar armas a otras potencias y obligaron a todos los ciudadanos entre 18 y 40 años a tomar las armas para defender la patria granadina.

El 21 de julio se proclamaron los Cantones de Castellón y Málaga, el 22 los de Algeciras, Andújar, Bailén, Béjar y Motril (los motrileños llegaron a acuñar papel moneda), el día 23 los de Córdoba y Gualchos, el 24 el Cantón de Salamanca, el 30 el de Orihuela, además de los de Camuñas (Toledo), Huelva, Jaén, Barcelona, Jumilla, Loja, Plasencia, San Fernando, Torrevieja…
En Extremadura se formaron Cantones en Coria, Hervás y Plasencia, y se publicó el periódico “El Cantón Extremeño” en el que se animaba a la creación del Cantón ligado a Lusitania y se instaba a los lectores a tomar las armas, de ser necesario, para defender los ideales promulgados.

España estaba a punto de su desintegración y Pi y Margall no era partidario de actuar contra los cantonalistas, al fracasar la política de su gobierno de combinar la persuasión con la represión para poner fin a la insurrección, y como el proyecto cantonalista fue rechazado por las Cortes, la situación era imposible de controlar por el Gobierno, lo que forzó la dimisión de Pi y Margall, y la llegada de NICOLÁS SALMERÓN a la presidencia.

El gobierno de Salmerón tenía claro que para salvar la República y las instituciones debía acabar con carlistas y cantonales. Para sofocar la rebelión cantonal destituyó a los gobernadores civiles, alcaldes y militares que habían apoyado a los cantonalistas y nombró a generales contrarios a la República Federal, como Manuel Pavía (que puso al mando de una expedición militar a Andalucía) o Arsenio Martínez Campos (al mando de una a Valencia). “Movilizó a los reservistas, aumentó la Guardia Civil con 30.000 hombres, nombró delegados del Gobierno en las provincias. Autorizó a las Diputaciones a imponer contribuciones de guerra y a organizar cuerpos armados provinciales, y decretó que los barcos en poder de los cartageneros se consideraran piratas (lo que suponía que cualquier embarcación podía abatirlos estuviera en aguas españolas o no)”.
Gracias a estas medidas fueron sometidos uno tras otro los distintos Cantones, excepto el de Cartagena, que con el armamento del arsenal y su flota, resistían el contraataque de las tropas gubernamentales.

El 7 de septiembre fue elegido presidente EMILIO CASTELAR, que impresionado por el desorden causado por la rebelión cantonal, más tarde diría: “Hubo días de aquel verano en que creíamos completamente disuelta nuestra España”. Castelar utilizó la misma política que el gobierno anterior y comenzó el asedio de Cartagena, el último reducto de la rebelión.

Cartagena empezó a ser bombardeada el 25 de noviembre, pero los cantonales no se rendían.
La posición de Castelar era cada vez más débil y el día 3 de enero se vio forzado a dimitir. Cuando las Cortes se disponían a elegir a su sucesor (un republicano federal: Eduardo Palanca Asensi), se produjo un golpe militar.

El general Pavía se situó en la plaza frente al Congreso con su Estado Mayor y ordenó a 2 ayudantes que comunicaran a Salmerón, presidente del Congreso de Diputados, la orden de disolución de la sesión de Cortes y el desalojo del edificio en 5 minutos. La Guardia Civil, que custodiaba el Congreso, se puso a las órdenes del general Pavía, que exigió un Gobierno de “concentración” (del que quedaban excluidos los republicanos federales), al frente del que pronto se situaría el GENERAL FRANCISCO SERRANO.
La República había dejado de existir, ya que Serrano impuso una dictadura que 12 meses después concluiría con el regreso de la monarquía borbónica.

Después de 6 meses de asedio y 48 días de bombardeo constante, el Cantón de Cartagena, al recibir la noticia del golpe de estado de Pavía, de la formación del nuevo gobierno centralista contrario a la idea de la España federal, y conscientes de que no quedaba ningún otro Cantón que le apoyara, se rinde el 12 de enero de 1874 al general López Domínguez.
Se condenó a muerte a los culpables de rebelión y muchos huyeron al exilio en Argelia. El intenso bombardeo a que fue sometida destruyó el 70 % de los edificios de Cartagena.

Desde la conquista del reino de Granada, el Cantón de Cartagena ha sido la única ocasión (hasta la actualidad, con el “circo” montado en Cataluña), en que se ha puesto en duda la Unidad Nacional.

Aunque la experiencia duró muy poco, el experimento plurinacional tuvo tristes consecuencias, debido a las incursiones por mar y tierra para incorporar localidades al Cantón, y recaudar fondos o “contribuciones de guerra” con objeto de mantener el Cantón independiente, así:

-El Cantón de Granada le declaró la guerra al Cantón de Jaén por una disputa de límites fronterizos, y estuvo a punto de declararle la guerra al Cantón de Cartagena.
-El Cantón de Jumilla emitió una proclama en la que declaraba su propósito de mantener la paz con todas las naciones extranjeras, pero advertía a la vecina nación de Murcia de que «si ésta se atreve a desconocer nuestra autonomía y a traspasar nuestras fronteras, Jumilla se defenderá, como los héroes del 2 de Mayo, y no dejará en Murcia piedra sobre piedra».
-Tras la proclamación del Soberano Cantón de Algeciras, la vecina población de Los Barrios se unió al Cantón de Cádiz. Los insurgentes de Algeciras, indignados por aquella traición, intentaron destruir el puente sobre el río Palmones que comunicaba Algeciras con Los Barrios.
-El Cantón de Tarifa, lanzó una misión militar para ocupar el islote de las Palomas que había sido abandonado por el ejército.
-El Cantón de Sevilla le declaró la guerra a su vecina república de Utrera y se enfrentaron entre ellas con el resultado de más de 300 muertos en la refriega.
-En el Cantón de Cartagena, el caudillo Antoñete Gálvez “Tonete” se apoderó de la flota y bombardeó Alicante, intentó conquistar el Cantón de Motril y marchó sobre Madrid, siendo parado en Chinchilla (Albacete).

ROSA M. CASTRO

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    2 thoughts on “LA REBELIÓN CANTONAL

    1. Esta España nuestra no tiene remedio y no es nuevo ya lo dijo vom bismark: “que la nacion mas poderosa no es Alemania si no España que llevan siglos intentando destruirse y no lo consiguen”

    2. Este circo separatista está pactado, barraycoa lo definió muy bien como “pacto puig-rajoy”… Hay gente que dice que el 1-0 fue el momento más difícil de España desde el 23-F… se les olvida que el punto de inflexión definitivo fueron los atentados del 11 de marzo y la victoria posterior de ZP: al lado del 11-M, lo que está pasando en Catalunya es una broma

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