CRISIS DE VALORES

La crisis de valores que vivimos en la actualidad se manifiesta en todos los aspectos de la vida humana: en el modo de hablar, de relacionarse, de vestirse, en la forma en que se quiere acumular de todo.
Cada vez es más notable la tendencia general de la sociedad hacia el consumismo, las personas valen de acuerdo con lo que tienen sin importar cómo lo hayan conseguido. Encantados con el materialismo, privilegiamos el tener más que el ser y el hacer, abandonamos los ideales de superación colectiva, solidaridad, el compromiso social, y optamos por las soluciones individuales con una creciente pérdida de lazos de integración social.

Nos desintegra una crisis moral, de un país en decadencia de valores tradicionales y espirituales, que desprovista de ellos sucumbe a tentadoras ofertas de confort y placer, al deseo de escalar posiciones sociales, y de emular patrones de consumo de altos estratos.

La multiplicidad de bienes y servicios nos deslumbra, dominados por una cultura hedonista. Vivimos fascinados con los goces excesivos de los bienes materiales y la sensualidad, se glorifica el placer y la belleza mal entendida.

Los medios de comunicación han sido en gran parte uno de los principales facilitadores de la crisis de valores, porque han permitido la vulgaridad, la grosería, la agresividad y con la finalidad de sumar más patrocinadores, transmiten programas de violencia verbal, doméstica, psicológica, incentivando los antivalores que afectan la sociedad
Este proceso ha creado una nueva cultura de Españoles con un perfil distinto, una identidad que se enriquece con elementos externos pero que también se degrada con la influencia de nuevos patrones de pensamiento, valoraciones distintas, normas conductuales interiorizadas principalmente por los más jóvenes.

España ya no es la sociedad sobria, austera, que todavía en los años 70 no exhibía un estilo de vida derrochador, un consumismo irresponsable, que gasta más de lo que puede y quiere vivir del crédito sin aumentar su capacidad productiva, abominando del trabajo y de la honestidad, de la austeridad y el sacrificio.

Finalmente, es imprescindible rediseñar y volver a educar a la sociedad, empezando por los niños que son el pilar del futuro. Debemos introducir en las primeras etapas de la educación asignaturas donde se siembren valores sociales; haciendo renacer conductas morales y éticas, donde la Justicia y el patriotismo sean valores esenciales.

J. COLOMINA

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