LOS PILARES DE LA DEMOCRACIA

En toda Democracia auténtica, es decir, debidamente reconocida y aprobada por la conciencia universal, los partidarios son el complemento lógico, indispensable, del sufragio universal.
Podemos admitir un sufragio por partidos; un sufragio en el que la elección de los electores se basara en cualidades intrínsecas de los candidatos: inteligencia, competencia, honradez, capacidad de trabajo, de organización, de realización, ect, y no en una etiqueta o en unas iniciales, PP, PSOE, C,s, Podemos; pero no sería un sufragio democrático.

Podemos admitir un parlamento sin partidos; un parlamento donde los diputados elegidos, como lo acabamos de decir, pondrían su inteligencia, su capacidad, su competencia, su labor, al servicio de la nación; se sujetarían, con recogimiento, al estudio, a la discusión y elaboración de las leyes; ayudarían al gobierno con sus criticas constructivas y sugerencias, en vez de golpear sus mesas o insultarse, lanzándose toda clase de improperios a la cara; pero no sería un parlamento democrático.

Podemos admitir un gobierno sin partidos; un gobierno en que los ministros serían elegidos entre los mejores y se esforzarían en gobernar para el interés general del país, en vez de un gobierno en el que la composición no es más que el resultado de una “dosificación” sabia, compleja y a menudo laboriosa entre partidos (o las fracciones) de lo que llamamos la “mayoría” y del que la mayor preocupación es la de conservar esta mayoría; pero que no sería un gobierno democrático.

Podemos, por fin, admitir un Jefe de Estado, que no fuera elegido por un partido, pero sí el digno representante de la Nación, admitido y respetado por todos los ciudadanos; pero no sería un Jefe de Estado “democrático”.

Los partidos son, pues, la característica esencial, fundamental e indispensable de la democracia; son sus bases, la pieza maestra, el elemento motor. Suprime los partidos y ya no hay democracia. Institución fundamental de la democracia, los partidos, son también (diría son por consiguiente) desde el punto de vista del interés nacional, la institución más nociva, la más ilógica, la más aberrante, la más inadmisible….

Hace 220 años, desde 1789, ELLOS acordaron en llamar “democracia” a algo que era una intromisión en la “legalidad política”; esa falsedad histórica constituida por los “Hijos de la Viuda”, simples empleados de la judería; fue la que dio pábulo para el primer golpe de Estado, en la cabeza de Luis XVI. Desde entonces, los descendientes de estos sátrapas van de golpe de estado en golpe de estado (salvo alguna rara excepción histórica, que fue yugulada en su momento), sin haber sido jamás elegidos por el pueblo…

Ya que su idea de “libertad”, que es un inmensa impostura, es una libertad en la que está prohibido elegir el sistema político alternativo, que es la mayor de las libertades políticas; estamos pues sometidos y subyugados por una libertad “encarcelada”.

LORENZO FELIÚ

 

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