KONRAD LORENZ. LOS 8 PECADOS MORTALES DE LA HUMANIDAD CIVILIZADA

 

Imbuído en la ideología del progreso a toda costa, el hombre, así como ha desarrollado su civilización, ha persistido en errores que pueden llevar a su destrucción.

El premio Nobel de Medicina Konrad Lorenz, médico y zoólogo, investigador y pensador austríaco, padre de la etología, aborda uno a uno los pecados que pueden provocar el colapso de la civilización:

-La irracional y desmedida superpoblación del planeta;
-La devastación del medio ambiente con la consecuente pérdida de respeto por la belleza de la creación;
-La obsesión del hombre por competir consigo mismo impulsado por el desarrollo tecnológico, que ofusca la apreciación de todo valor auténtico y les arrebata el tiempo que deberían dedicar a la genuina actividad de la reflexión;
-La paulatina atrofia de todos los sentimientos y afectos vigorosos mediante el enervamiento; -La inadvertida decadencia genética a la que estamos expuestos ante la falta de selección;
-El quebrantamiento de la tradición que abre una brecha entre las generaciones y crea desarraigo;
-La formación indoctrinada creciente de la humanidad mediante la manipulación de las masas y la opinión pública, que incluso hace ver como patógena toda tendencia que se sustrae a la influencia de los medios de comunicación;
-Y, finalmente, el más evidente, la proliferación de armas nucleares.

Todos estos procesos de deshumanización encuentran apoyo en la doctrina seudodemocrática, la cual no determina el comportamiento social y moral del hombre mediante la organización evolutiva sino por medio del “condicionamiento”.

A pesar de que el establishment lo haya clasificado como un incómodo revolucionario, el potente y científicamente estructurado pensamiento de Karl Lorenz nos brinda reflexiones sumamente importantes que no pierden actualidad. Aunque todavía se lo intenta desprestigiar por su colaboración científica con el nacionalsocialismo y la tendencia es tratar de ignorar su obra, difícilmente eso sea del todo posible. En primer lugar porque es demasiado extensa y significativa en el desarrollo del conocimiento humano y, en segundo término, porque el rigor científico que lo caracterizó durante toda la vida lo ubica mucho más allá de las controversias interesadas.

ALFRED HORN

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