LA BATALLA DE BICOCA

 

Desde 1517 gobernaba en España Carlos I, que coronado Emperador del Sacro Impero Romano Germánico había recibido de herencia por parte de sus abuelos una enormidad de territorios por toda Europa y América. Unos de estos territorios era el Reino de Nápoles, al sur de Italia, y durante su reinado, Italia siempre fue motivo de disputa entre España y Francia.

La Guerra de los 4 años (1521-1526) volvió a enfrentar al Emperador Carlos V con el ambicioso Francisco I de Francia y con el Dux veneciano.
En noviembre de 1521 los españoles atacaron Milán expulsando a los franceses y venecianos de la ciudad, quedando solo un pequeño reducto francés en el castillo de Milán y teniendo el gobernador del Milanesado, Odet de Foíx, Vizconde de Lautrec, que refugiarse en Cremona.

El ejército del Emperador estaba formado por unos 13.000 hombres y el ejército franco-veneciano contaba con 21.000 hombres, entre los que se encontraban los famosos cuadros de piqueros suizos, verdaderas fuerzas de élite de la época, que estaban a las órdenes del monarca francés como mercenarios, y las Bandas Negras de Giovanni Médici, consideradas uno de los mejores ejércitos mercenarios de toda Italia. Tomas Foíx, el Señor de Lescun, también añade sus hombres a la causa francesa, unos 4.000 soldados de infantería y caballería.

Tras varios movimientos en torno a Milán sin que se plante batalla por parte de ambos contendientes, los mercenarios suizos, que no cobraban paga desde su llegada y saben que si pelean cobraran una paga extra, presionan a Lescun para que ataque definitivamente a los españoles, amenazando con retirarse si no se combate.
El 27 de abril de 1522, los ejércitos francés y español se encontraron en la pequeña localidad de Bicoca, al oeste de Milán, y Lescun se ve obligado a plantar batalla.

Bicoca era un sitio despejado con una leve pendiente, y el mando español, Prospero Colonna, sabiendo que un ataque frontal contra la infantería suiza sería un desastre, sube a sus hombres en lo alto de la loma y en su cima, unos 4.000 arcabuceros españoles se atrincheran construyendo un muro de tierra frente a la carretera, aprovechando un canal de riego que tenían delante y les hacía de foso para dificultar el paso de la infantería. Tras ellos se sitúan los piqueros, y en la retaguardia unos pocos lansquenetes alemanes.

Confiados en lo que creen será una fácil victoria, 15.000 piqueros suizos al mando de Anne Montmorency, formados en 2 columnas (una capitaneada por Albert Von Steint y la otra por Arnold Winkelried), se despliegan y adoptan su formación con las picas en ristre, avanzando por el campo de batalla para encontrarse con los españoles. Tras ellos marcharía la infantería francesa, y en la retaguardia los venecianos.

Según se van acercando, la pendiente de la loma les hace ir más despacio si quieren mantener la formación. En este momento, 4.000 arcabuceros de las tropas españolas abren fuego contra los soldados suizos. La concentración de fuego de arcabuces y cañones sobre una formación compacta que avanza lentamente es demoledora, las bajas en la formación enemiga son notables y en aumento. Las primeras líneas de piqueros caen sin entablar batalla, apenas un puñado de suizos logró escalar y batirse contra la infantería imperial.
Uno de ellos fue el propio Winkelried, que se topó de frente con el capitán de los lansquenetes, Georg von Frundsberg. Recordándole que en otro tiempo habían combatido juntos, el suizo afirmó:
–“Viejo compañero, ¿te encuentro aquí? ¿Has de morir por mi mano?”
–“¡Por Dios que no ha de ser así!”, respondió el alemán.

En poco tiempo 3.000 piqueros suizos y 22 capitanes (incluidos Albert Von Steint y Arnold Winkelried) yacen muertos en el suelo sin siquiera haber entrado en contacto con el ejército español. Los suizos comienzan a retirarse, cosa inaudita hasta ese momento, y abandonan el campo de batalla, lo que hace que las fuerzas francesas se desmoronen.
Los españoles solo tuvieron una baja debido a la coz de una mula.

Tras la retirada de franceses y venecianos, Carlos I consigue tomar los diferentes enclaves de la zona, entre ellos, es de destacar la conquista de Génova, uno de los más importantes puertos mediterráneos.

La aplastante victoria de los Tercios españoles dio lugar a una popular expresión castellana: una “bicoca” es sinónimo de “cosa fácil o barata”.

ROSA M. CASTRO

 

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