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PALABRAS EN AZUL

PALABRAS EN AZUL
Aportes para un diccionario falangista

Autora: MARÍA PILAR AMPARO PÉREZ GARCÍA
Editorial: EDICIONES BARBARROJA
Año de publicación: 2011

El libro que hoy presentamos a los lectores de El Cadenazo es no sólo propuesta de lectura, sino recomendación para la carta de los Reyes Magos.

Decía Manuel Chacón, quien fue jefe provincial de FE-JONS en Murcia, sarcásticamente, que “para ser falangista hay que hacer un Máster”. Y es que en un movimiento de tanta sustancia ideológica, de tantas realizaciones políticas y sociales, con tantos héroes y mártires, que ha escrito tan trágicas y hermosas páginas históricas, que ha generado tanta literatura, y donde además, el militante ha de vivir un Estilo y aspirar a un Modo de Ser, no se convierte uno en militante por el hecho de firmar la afiliación y pagar la cuota… hay que hacer mucho más: morir en el Cuartel de la Montaña, caer en la noche fría de Paracuellos o en la mucho más fría estepa de Rusia, plantarle cara a Franco y que te manden al exilio interior condenado a la muerte civil como Hedilla… La alternativa, para tipos de pequeña estatura y hombres de nuestro tiempo, es contentarse con ser simple estudioso y admirador de aquellos auténticos militantes… haciendo el “Máster”. El “Máster” realmente consistía en aprender toda una serie de cosas que no estaban escritas o recopiladas sistemáticamente en ningún manual, y que se adquirían a través de la convivencia, la conversación y las lecturas (muchas lecturas).

Aquel “corpus” de conocimientos, aquella “cultura” de la militancia falangista, estaba irremediablemente condenada al olvido, habida cuenta del retroceso de las organizaciones azules, cuyas filas van menguando inexorablemente por la acción de la Dama de la Guadaña y la dificultad de “enganchar” a jóvenes que sirvan de reemplazo generacional.

El diccionario falangista “Palabras en Azul” ha venido a salvaguardar una parte de esa “cultura” de la militancia, que se extinguía. Su autora, María Pilar Amparo Pérez García, que es historiadora, acomete una valiosa tarea, que a juicio del que suscribe puede ser descrita como el retrato de la aventura falangista por medio de “sus palabras”.

Sí, la Falange tuvo, acuñó, sus propias palabras. La Falange fue pensamiento -y acción, desde luego-. Y el pensamiento, como es sabido, opera sobre la lengua, sobre el verbo. In principio erat Verbum. También en la Falange al principio fue la palabra. La historia de la Falange está jalonada de hitos fundamentales, que son discursos, unas veces pronunciados oralmente -el discurso de la Comedia, el del Cine Madrid… y otras veces en forma escrita –el testamento político de José Antonio podría ser el paradigma-.

El diccionario falangista de Pituca, en 181 entradas, desde la A de Academias hasta la Z de Zona Engañada, describe todo el universo falangista. Cada voz es acotada semánticamente desde la perspectiva de su singularidad en el marco del nacional-sindicalismo.

Junto a conceptos teóricos fundamentales, a los que podríamos denominar la “letra”, tales como España, Modo de Ser, Libertad, Jerarquía, Unidad… aparecen otras voces de resonancia lírica, señaladamente unidas a esa “letra”, y que podríamos decir que son la “música” o la “melodía”, y entre las que encontramos Poesía, If, No Importa, Bajo las estrellas, Luceros o Haz.

Junto a vocablos propios de una época o fase concreta de la Historia de la Falange, como las primitivas Aristocracia, Centuria, Escuadrista o Palma de Plata; pasando por términos y expresiones consagrados en épocas posteriores, Guerra Civil y franquismo, tales como Alcubierre, Alto de los Leones, Unificación, Camisa vieja, Cruzada, Pacto de Matute, Vista, suerte y al toro… y llegando por fin hasta la jerga de los falangistas de la Transición y de la época actual, entre cuyas expresiones, la autora recoge Pintada, Guarro y hasta incluso la muy reciente Globalización.

Para regocijo del lector, recoge también un catálogo de “voces jocosas” entresacadas de esa jerigonza de la militancia que sólo quien ha convivido alguna vez en el ambiente de chanza de los locales rojinegros o las ciudades de lona, es capaz de comprender sin ayuda de diccionarios, y aquí encontrará el leedor las simpáticas Cangrejo, Meneíto, Tomate, Copla y Claudio.

No hay en este diccionario una intención enciclopédica. Sí se nota un fuerte propósito de síntesis sin renunciar a la cita de autores, libros, artículos y protagonistas que le dan sentido completo a cada entrada y permiten la comprensión exacta del término, invitando al lector a profundizar en el concepto acudiendo a otras fuentes. En este sentido, es un trabajo de investigación muy serio y documentado.

Francisco Artero Montalván

 

 

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