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A PROPÓSITO DE DARWIN

 

La Teoría de la Evolución de Darwin siempre me ha parecido algo traída por los pelos. El que un pez se acabe convirtiendo en un lagarto, luego en un mono y luego en un inspector de Hacienda o en un obispo se me antoja un fenómeno misterioso y con enormes lagunas en su desarrollo lógico.
Esta suspicacia, producto sin duda de mi ignorancia en estos temas, no quita para que piense que algo de cierto debe de haber en el asunto. Y que algunos bichos, sea por adaptación al medio o por mutaciones genéticas, acaban transformándose en otros. O al menos, cambiando de costumbres, que también es una forma de evolucionar.

Y si empezamos bicho por bicho la cosa va teniendo más o menos fundamento: los de ahora se supone que son más listos, más fuertes o más rápidos que los de antes. O eso dicen.
Tampoco es que podamos estar muy seguros ya que lo único que tenemos para comparar son generalmente unos huesos fosilizados pero, bueno, nos hacemos una idea.
Tú ves una gallina, por ejemplo, con sus plumas y tal, y parece que está bastante bien terminada comparada con el dinosaurio del que se presupone desciende. Pero es que del dinosaurio no sabemos casi nada. A lo mejor con los huevos de dinosaurio salían también unas tortillas cojonudas, pero no podemos estar seguros.
Así que damos por bueno que la gallina es un ser más evolucionado y más adaptado al medio que el dinosaurio y más eficaz en su función, que es poner huevos.

Del caballo dicen los darwinianos que procede de una especie de pony enano del tamaño de un perro chico. Está claro que si el equino no hubiera crecido hasta su tamaño actual, no hubiera podido cumplir debidamente con sus funciones como auxiliar del ser humano en menesteres de paz y de guerra.
Si el caballo no hubiera evolucionado, las estatuas ecuestres, por ejemplo, serían muy distintas a como las conocemos. Consistirían posiblemente en el héroe de pie llevando al minicaballo de una correa como el que saca a pasear al perro. Poco vistoso, la verdad. Así que podemos concluir que el caballo actual es un ser mucho mejor que el antiguo.
En general, con los mamíferos superiores, la Teoría de Darwin va más o menos encajando y casi que la podemos dar por buena.

El problema viene con los animales inferiores como los parlamentarios, los locutores de telediario o los tertulianos. Cuesta creer que, por ejemplo, su lenguaje renqueante, plagado de coletillas aprendidas y lugares comunes sea mejor que los discursos de sus congéneres de hace unas décadas.
En realidad, los de antes defendían las mismas estupideces decadentes que los de ahora pero al menos lo hacían con más estilo y con citas de autores clásicos, lo que siempre es de agradecer.

Aunque, pensándolo bien, puede que en realidad sean un ejemplo de éxito evolutivo. Al fin y al cabo cumplen con eficacia su función, que es engañar al personal, con más descaro y desvergüenza que sus antepasados y se multiplican y sobreviven con impunidad.

En cualquier caso, a la hora de adoptar una mascota, sigo prefiriendo a un monete o a un perrillo antes que a un subsecretario.
Y que a Darwin le vayan dando.

J.L. Antonaya