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STAR WARS YA NO ES LO QUE ERA

 

Entre 1977 y 1983, el estreno de las películas de la Trilogía Original de Star Wars nos hicieron descubrir a muchos de los que entonces éramos adolescentes, un nuevo concepto de la épica y del espectáculo cinematográfico.
Con unos efectos especiales magníficos para su época, con la genial banda sonora de John Williams y con un diseño de producción capaz de crear un universo propio, estas películas marcaron un antes y un después en el cine de aventuras espaciales. Porque Star Wars nunca fue cine de ciencia-ficción, sino una saga de aventuras más emparentada con las leyendas tradicionales de nuestra cultura que con los personajes de cartón-piedra de la cultura popular yanqui.

Los héroes arquetípicos de Star Wars siempre estuvieron más cerca de las sagas nórdicas o del Señor de los Anillos que de Flash Gordon. No en vano, se dice que George Lucas era en aquella época un admirador de Joseph Campbell, discípulo de Jung que había investigado los arquetipos del inconsciente colectivo presentes en todas las mitologías de raíz indoeuropea: El Héroe, La Doncella, el Camino del Conocimiento con la Guía de un Maestro, la lucha entre la Luz y las Tinieblas…

En las sucesivas precuelas, secuelas y pelicuelas con los que se estiró el chicle del éxito taquillero, esta inspiración en un universo heroico y ancestral se fue diluyendo en favor de los efectos especiales digitales. Pelis más espectaculares pero con guiones más simplones, personajes más planos y tramas más previsibles y adaptadas a la tiránica mediocridad del dogma políticamente correcto.

Cuando Lucas vendió la saga al sanedrín Disney, esta desnaturalización alcanzó su apogeo. Mensajes feministoides, demagogia burda e “iconoclastia” políticamente correcta han sustituido al espíritu de la historia original.
Y lo peor es que, para conseguir este aggiornamiento y sumisión a la cultura dominante, se han ido cargando a los personajes principales que constituían el mito.
A Han Solo lo defenestraron de forma indigna, a Luke Skiwalker lo convirtieron en un viejo resentido antes de hacerlo desaparecer y, para colmo, el Maestro Yoda, que ya nos había salido chorizo y separata está, cuando escribo estas líneas ingresado en el hospital a punto de doblar el labio.

Al final, peinarán con rastas a Chewbacca y lo convertirán en el camello de cabecera de alguna casa okupa o en concejal de Ahora Madrid. Al tiempo.

J.L. Antonaya

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