ENTREVISTA A DON SALVADOR BORREGO

Esta entrevista fue realizada por los camaradas NS mexicanos, hace ya años. Hoy creemos que es una buen momento para publicarla.

Pregunta: Este libro titulado “Derrota Mundial” es muy polémico, particularmente polémico. Para formar un juicio exacto ¿cuál fue el móvil que tuvo usted para escribirlo?
Salvador Borrego: Pues únicamente aportar una versión diferente a la propaganda en boga, ya que en todo conflicto de grandes proporciones como fue la 2GM los dos bandos utilizan la propaganda como una de sus armas más eficaces. Yo quise hacer una crónica sin el manto de la propaganda.

P: ¿Usted considera que había propaganda en favor de las potencias aliadas? ¿Y del eje nazi-fascista? ¿Pero cómo fue que la identificó?
SB– Vea usted, yo trabajaba en el diario “Ultimas noticias” de Excelsior, que empezaba a circular a las tres. A las dos de la tarde, hora del cierre de la edición, eran las nueve de la noche en Europa. De ese modo casi toda la información del día se recibía ampliamente en “Ultimas noticias”.
Por un motivo u otro yo leía gran cantidad de mensajes, era parte de mi trabajo, tanto los que se publicaban como los que no tenían ya cabida, así fui siguiendo el curso de los acontecimientos día a día desde antes de que la guerra empezara, y cada vez se iba haciendo más evidente que habían contradicciones entre los planteamientos de uno y otro bando. Surgía pues la pregunta: ¿cuál es la verdad? o bien ¿qué grado de verdad hay en esta versión y en su contraria?

P: Posiblemente usted ya tenía en ese momento alguna opinión que se inclinara hacia una u otra versión.
SB: Pues no. Prácticamente yo era neutral. Hasta podría decir que los discursos del presidente Roosevelt y todo lo que de ellos se derivaba eran más centrados, más serenos que los de Hitler o Goebbels. Los mensajes originados en Berlín hablaban a veces de un pretendido entendimiento entre el bolchevismo de la URSS y las plutocracias -así las llamaban- de las potencias aliadas. Y algo más. Decían que ese pretendido entendimiento tenía por meta final el dominio del mundo. Eso me sonaba a fantasía.

P: ¿Entonces cómo fue perfilándose en usted la tesis que maneja en su libro y que precisamente se refiere a un propósito de instaurar un gobierno mundial?
SB: Una serie de detalles me fueron dando, muy gradualmente, la impresión de que las potencias aliadas se empeñaban en ocultar algo. Es muy natural que la propaganda exalte las propias virtudes, así se hace en la mercadotecnia. Pero si se trata de informar al público y precisamente se hacía tanto hincapié en la objetividad y la verdad, ¿por qué se iba acentuando la presión para ocultar hechos?.

P: ¿Habla usted de presión sobre los medios de comunicación?
SB–Naturalmente, enumerar detalles de presión sería largo y cansado, pero vea usted un ejemplo:
Después de ocho meses de que Inglaterra y Francia declararan la guerra a Alemania, después de que en ese tiempo se estuvieron concentrando ejércitos para iniciar su ofensiva, Alemania se les adelantó y atacó el 10 de Mayo de 1940. La pequeña línea Maginot fue rota y empezaron a ser dominadas las líneas anglo-francesas, ocurría entonces que en México se había formado un grupo de anunciantes encabezado por el señor Jackes Sustel que amenazaron al Cas Excelsior con retirar su publicidad porque, según decían ellos, se estaba favoreciendo a los nazis. El golpe iba primero contra “Ultimas noticias” por ser el que publicaba primero los sucesos de Europa, dado que a las dos de la tarde, como ya le expliqué antes, ya se tenía información de todo lo ocurrido allá hasta las nueve de la noche (hora europea). El director del periódico, Don Miguel Ordorica, le pidió al señor Sustel que pasara a la redacción toda una mañana para que viera objetivamente cómo se hacía el diario. El señor Sustel aceptó, consecuentemente se le fueron mostrando los mensajes que llegaban de la ASOCIATED PRESS con matriz de Nueva York. La Maginot acababa de ser perforada en Sedan y empezaban a caer en poder de los alemanes algunas posiciones del norte de Francia. El señor Ordorica le dijo al señor Sustel: “Usted en su almacén comercial exhibe en sus aparadores la mercancía que más llama la atención de sus compradores. Nosotros en el periódico hacemos lo mismo. Las noticias más importantes van en primera plana, si lo merecen incluso se ponen a ocho columnas”, y agregó, más o menos: “La guerra no se gana en México, sino en Europa”.
Sin embargo el grupo de anunciantes fue cancelando su publicidad para ahogar al periódico. El director, el señor Ordorica, tuvo que ser retirado. Lo que se pretendía en suma era que se manipulara la información para que el lector no se enterara o se enterara a medias de lo que estaba sucediendo.

P: Bueno, pero ese fue un caso.
SB: Sí, pero hubo muchos que en conjunto configuraban la intención de que únicamente se conociera una versión hasta en los hechos más relevantes. Otro ejemplo, antes de que la guerra empezara, el Papa Pio XII consideraba que todavía se podía evitar la hecatombe y encargó a sus diversos nuncios que hicieran sondeos en Berlín, Roma, Polonia, Paris, Londres, con este propósito. Mussolini y Hitler contestaron que estaban dispuestos a negociar en una junta cumbre de los cinco países. París dijo que la gestión papal era totalmente inoportuna, Londres y Varsovia se negaron, pues bien, esto se minimizó en los mensajes por parte de las agencias de Nueva York, o sea la Asociated Press y la United Press, continuaba presentándose el cuadro de que de un lado estaban los buenos y del otro los villanos.

P: ¿Pero ocurrieron otros hechos semejantes y en todos los medios informativos?
SB: Sí, sí ocurrieron. Cuando las fuerzas aliadas fueron derrotadas en Noruega, muy al principio de la guerra, y retrocedían hacia el mar para regresar a Inglaterra, un diario tuvo temor de informarlo así claramente y dio la noticia de este modo; decía el encabezado “¡Los aliados avanzan hacia el mar!”. Y es que la presión del grupo de anunciantes, encabezados por extranjeros, hacía que los diarios se autocensuraran, que de un modo o de otro ocultaban o deformaban lo que estaba sucediendo. Aunque no se podía ocultar del todo el sol con los diez dedos de la mano.

P: Entonces no había televisión y ¿qué ocurría con la radio?.
SB: Lo mismo que con los periódicos, ¡y luego hasta fue peor!, pues Gobernación envió a un funcionario a la X.E.W. para que censurara los noticieros. Yo lo vi de cerca ya que yo hacia los textos para los noticieros de las 7:45 y de las 10:45 de la noche, el 90% ó 95% de lo internacional debía de ser cubierto con la versión de un bando, y el resto, y a veces menos, lo del bando contrario. Una librería fue clausurada por vender cientos de libros y revistas alemanas, en fin, todo iba indicando que no debía haber objetividad en la información. ¿Quién, que quisiera hacer una crónica de la II GM no hubiera pensado en aquel entonces que era indispensable cruzar las nubes de la propaganda para acercarse a la verdad histórica?
¿Quién, que intentara comentar la II GM no se sentía inclinado a hurgar más en datos históricos, sociológicos, raciales, religiosos, económicos, etc…, para explicarse mejor los grandes acontecimientos que se venían sucediendo?

P: Entonces con lo que nos ha dicho ¿llegó usted a conclusiones?
SB– No. De ninguna manera. En cuatro o cinco preguntas y respuestas no se puede exponer todo un proceso de muchos años, tardé prácticamente quince años en ir recolectando y clasificando datos y en ir investigando en diversas disciplinas, o sea de 1936 a 1951, luego me llevó dos años escribir y reescribir la primera edición de ” Derrota Mundial”, que se publicó en Diciembre de 1953.

P: Se habla internacionalmente de una corriente Revisionista de la Historia, y se dice que usted fue uno de los primeros o el primer revisionista. ¿Así es?.
SB: Pues ya sería entrar en muchos detalles y esta plática se alargaría, en realidad ha habido muchos que desde muy diversos puntos de observación han escrito sobre la II GM y han coincidido conmigo, sin que nos conozcamos.

P: ¿Como quienes?
SB: Pues ahí tiene usted al historiador militar inglés Little Hard, al escritor español Joaquín Bochaca, al Mayor General Fuller, a David Irving, al padre Menville, argentino, a Mauricio Carlavilla, historiador, al belga León Degrelle, a Saint Paul de Francia, al Doctor Dimitri Constantinov, combatiente ruso, y a otros muchos que ahora no puedo recordar pero que no son ni nazis ni fascistas.

P: Pero los libros de esos autores son poco conocidos. Rápidamente desaparecen del mercado.
SB: Así es, y ¿sabe usted por qué es así?. Porque existe una llamada liga Anti-difamación que se encarga de evitar que circulen todos los testimonios que no son favorables para el grupo que desde Moscú, Washington y Nueva York dirigieron la II GM. En realidad esa guerra fue una de tantas batallas, enorme, sí, pero no el fin de la lucha. La lucha continúa y la propaganda también continúa. Puede decirse que la guerra prosigue ahora con otras tácticas como la del Neo-liberalismo, la de desorientar a la juventud, la de disolver a la familia, la de fragmentar a la iglesia, la de alentar las drogas, etc… En realidad es una guerra que lleva dos mil años. El Doctor en Teología, el Padre Alfredo Sainz, considera que hay un sentido teológico de la Historia y que esto se pondrá más de manifiesto en los próximos años, pero eso ya es otro tema… Nos estamos saliendo del tema inicial. Sus preguntas acerca de cómo nació “Derrota Mundial” ya están contestadas, por lo menos esquemáticamente hasta donde puede hacerse en una breve plática.

P: Una última pregunta, Don Salvador. El prólogo de José Vasconcelos, ¿cómo fue que consiguió usted que escribiera para ” Derrota Mundial”?.
SB– Bueno, cuando se publicó la primera edición yo casi no quise recurrir a los amigos porque era un tema bastante polémico y no quería comprometerlos, pero un día en la cadena García Barseca, donde fue a colaborar el licenciado Don José Vasconcelos, me presentaron con él y me dijo: “¿Es usted el que escribió Derrota Mundial?”. Pues sí -le dije-, y entonces hizo algunos elogios del libro y yo aproveché la ocasión para decirle “Pues como verá usted, mi libro no tiene prólogo, ¿no podría usted hacérmelo?” y me dijo: “Sí, con mucho gusto” Y así fue como se prologó, digamos accidentalmente la segunda edición.

P: Ediciones en el extranjero: ¿De qué países?
SB: Bueno, se han hecho ediciones en Argentina, me dicen que se hicieron seis ediciones, luego se hizo una en España, pero parece que hubo presiones y bloquearon que se siguieran haciendo allá más ediciones.

P: Muchas gracias, Don Salvador.

Mexico. 1998

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