EL CAPITÁN PALACIOS (I)

Teodoro Palacios Cueto, nació en Potes (Cantabria) el 10 de septiembre de 1912, y participó en la Guerra Civil española como alférez provisional, permaneciendo en el Ejército como teniente y sirviendo en la División Azul ya como capitán.

El 10 de febrero de 1943, el Capitán de Infantería D. Teodoro Palacios Cueto mandaba la 5ª Compañía del II Batallón del regimiento núm. 262 de la División Española de Voluntarios.
Con su Unidad defendía parte del sector de KRASSNIJ BOR, en el frente ruso, en las afueras de Kolpino, a una veintena de kilómetros de un Leningrado sitiado, cubriendo un amplio frente de unos 2 km.

Informado de que el enemigo preparaba un fuerte ataque, el Capitán Palacios adoptó las disposiciones precisas para defender eficazmente la posición, exhortó a todos a que cumpliesen con su deber y dio la orden de “resistir hasta morir”… y gastarían hasta la última bala.
Las fuerzas atacantes estaban compuestas por 33.000 hombres (Divisiones 72, 73 y 63), 2 Batallones de morteros de 80 mm., 2 de anticarros de 76, 1 de carros medios y pesados y, además, numerosos grupos independientes de artillería de 12,40 y 20,3 (en total 187 Baterías).

A las 7 de la mañana del día 10 comenzó la preparación artillera del enemigo sobre el sector defendido por el I y II Batallones del Regimiento núm. 262 y Batallón 250, con una intensidad y violencia extraordinarias, que duró 2 horas, en las que tomaron parte hasta un total de 187 Baterías enemigas y que dejó destruidas todas las clases de defensas.
Después iniciaron el ataque los carros de combate de las Infantería rusas, que fue rechazado, lo mismo que otros que en sucesivas oleadas fue lanzando el enemigo, al que le ocasionaron gran número de bajas.

A las 10 y media había sido aniquilado el I Batallón que defendía el terraplén de la línea férrea Moscú-Leningrado, y ocupado todo el flanco derecho de la 5ª Compañía, que quedó dominada por el fuego enemigo. También fueron destruidas la 1ª y 2ª Secciones y el resto de las Compañías del II Batallón, que la flanqueaban por la izquierda.
Del Batallón 250 sólo se conservó una posición, a 4 km. de la que ocupaba el Capitán Palacios con los supervivientes de su Compañía, cercados totalmente por el enemigo.
En estas condiciones continuó resistiendo los ataques; les causó numerosas bajas y les impidió usar la carretera que desde Kolpino penetraba en la retaguardia hacia Krassnij Bor, cuya utilización por el enemigo hubiera puesto en grave riesgo el frente propio.
Los rusos atacaron una y otra vez con efectivos enormemente superiores, apoyados por carros de combate, artillería y aviación, hasta que consiguieron destruir todas las armas automáticas.

A las 4 y media, agotada la munición, después de haber rechazado con granadas de mano al enemigo que había entrado en la posición en varias ocasiones, muertos y heridos casi todos los defensores, fueron hechos prisioneros los supervivientes.

Si se pudo llegar a tal extremo de resistencia fue por el constante ejemplo e intervención del Capitán Palacios, que siempre estuvo en los sitios de mayor peligro y empleó todos los recursos posibles para mantener muy altos, la moral y espíritu combativo de tan pequeña tropa. Al final del combate, el número de bajas sufridas por la Compañía del Capitán Palacios superaba el 90% de los efectivos. Y se calcula que ocasionar las 2.800 bajas al regimiento propio supuso para el enemigo la pérdida de 9.000 hombres.

El Capitán Palacios estuvo cautivo en los gulags de Cheropoviets, Rewda, Orenque, Suzdal, Borovichí, Jarkov, Potma, Moscú, Kolpino, Cherbacof, Vorochilogrado…

La extraordinaria conducta del Capitán Palacios en la batalla de Krassnij Bor, tuvo su continuación en la actitud mantenida frente a la arbitrariedad, amenazas y castigos sufridos, con excepcional espíritu desde el mismo instante de ser hecho prisionero, que le hizo exigir siempre el respeto debido a su categoría de oficial, negándose a declarar desnudo porque atentaba contra su dignidad militar, recibiendo castigos corporales y amenazas de muerte y cumpliendo en todo instante cuanto está ordenado en estos casos y le exigía su sentido del honor.

Durante los 11 años que pasó en los campos de concentración rusos siempre estuvo al frente del grupo de prisioneros españoles que se encontraban con él, levantando la moral de los soldados para evitar que cayesen en actos de debilidad, consecuencia de los malos tratos y penalidades que les infligían, multiplicó su ayuda moral y material a los más débiles, incluso cediendo su propio calzado y ropa a los que iban a trabajar. Exigió el trato debido tanto a él como a sus compañeros de cautiverio dentro de la dignidad militar y personal, lo que le proporcionó infinidad de arrestos y castigos especiales en cárceles y mazmorras.

En KOLPINO, Palacios sufrió las primeras presiones nada más ser hecho prisionero: los soviéticos le interrogaron durante 45 minutos exigiéndole que, sobre unos mapas, situara el puesto de mando, el de socorro, el lugar donde tenían emplazada la artillería y sobre todo, la ‘línea del Ishora’, que era la verdadera línea de resistencia, a lo que se negó. Se le invitó a dirigirse por radio al General Esteban Infantes y al sector de la División invitándoles a rendirse y ante su resistencia se le dijo que las bajas del ejército rojo tenidas el día anterior, serían vengadas.

En CHEROPOVIAR, a los soldados, desnutridos y mal equipados, se les encuadró en Brigadas de trabajo agotador para después someterles a una intensa acción política. Se pretendió que los soldados por medio de cartas se dirigieran a sus compañeros de la División invitándoles a pasarse a la filas rojas diciéndoles que el país del comunismo era el verdadero Paraíso…Palacios logró que las cartas fueran rotas no saliendo ninguna, en esta misión cooperaron, el Teniente Rosaleny Jiménez, el Alférez José del Castillo Montoto, los Sargentos Ángel Salamanca Salamanca, Moreno y Quintela, con el soldado José Jiménez.

En POTMA, le arrancaron la bandera de España de la manga y lanzó al suelo la guerrera, diciendo: “¡Así ya no la quiero!”

En SUZDAL, Campo destinado a oficiales, el Coronel Jefe ruso, Krasti, formó a los prisioneros concentrando delante de ellos una fuerte guarnición armada de fusiles, ametralladoras y profirió toda clase de amenazas para obligarles a trabajar. Todo el Campo se puso en marcha atemorizado por las amenazas, excepto los oficiales españoles, que alegaron la Convención de Ginebra. Fueron encarcelados en condiciones pésimas y en el interrogatorio en tono despectivo se le dijo al Capitán Palacios que ni sabía porque había ido a luchar contra la Unión Soviética, a lo que este respondió: “Efectivamente cuando vine no sabía por qué venía a luchar, ahora… ya lo sé”.
Después de 10 días, los rusos decretaron que el trabajo para los oficiales sería exclusivamente voluntario… cuando salieron los españoles de la cárcel, un teniente rumano cuadrándose, les entregó un paquete con azúcar, té, jabón, tabaco… como símbolo de homenaje y gratitud de todos los prisioneros rumanos. Después se presentaron los alemanes con idéntica misión, y los húngaros, y al fin los italianos, con un pastel gigante, en el que habían dibujado una reja sombría, cruzada por un rayo de sol y entre las rejas, las cinco flechas del emblema español.

 

ROSA M. CASTRO

 

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