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MUJERES Y LOBAS

“En la aurora de nuestra historia, los romanos fuimos fuertes y feroces, pero también criaturas groseras y solitarias; fue solo cuando tomamos esposa que empezó nuestro ascenso a la grandeza. Son las mujeres de ROMA, con su acerada virtud y su casta moral, quienes conquistaron el mundo; es gracias a su virtuosa luz que, nosotros los hombres, hemos pisado los peligrosos caminos de la Gloria. Son las mujeres de ROMA, quienes guardaron el hogar y la morada mientras, nosotros los hombres, incendiábamos Cartago. Son las mujeres de ROMA, como la LOBA que amamantó a Rómulo y Remo, quienes han criado una Nación de estadistas, sabios e invencibles”
Cesar Augusto en la serie “ROMA”

A mí siempre me han gustado las señoras, mucho. Y así es, yo he sido criado entre lobas y reconozco mi absoluta fascinación por ellas; si algo tengo de fiereza me viene de línea materna, mi padre era tranquilo y tolerante, serio, formal y tajante, pero tranquilo y nada fanático, solo yo le alteraba el pulso y de qué manera. Lobas feroces, tiernas, elegantes, bravas, duras, confortables, mimosas y ásperas… mujeres. A mí siempre me han gustado, aprecio su carácter y giros, carácter es solo un epíteto para decir “mala leche”. Yo no creo en la superioridad de un sexo sobre otro… en general; creo que se complementan y que así es, dónde va a parar, mucho más divertido. Sí sé, sin embargo, que uno no puede ocupar el lugar de otro y que cuando es así resulta antinatural y ridículo cuando no algo peor, no soporto a los tíos cotillas y a las machirulas.
Sí pienso que esa guía en los primeros pasos, esa caricia que calma al llorón, ese refugio no termina de darlo un hombre, lógica y precisamente porque no es una mujer, por mucho que te empeñes, debe de ser, es, algo morfológico; una espada no es una cuna, ni debe serlo.

Quiero dar las gracias ante todo y sobre todo a Rosa Ramos por haberme dado a Juan, por su risa, por su manera de moverse, por ser tan absolutamente bonita cuando tocó y por aquel traje de Moschinno que me convirtió en el tío más odiado y envidiado de todo Madrid; a una niña rubia que me regaló una piedra erosionada, totalmente hueca, en la playa de la Carihuela, quiero que sepa que aún la “conservo” conmigo y la piedra también; a Tante Fe, por abrazarme cuando le dije sentir nostalgia de mi anterior colegio y emocionarse ante mi “cursilería” con siete años; a Isabelita Mahou por el primer beso con lengua, ella 12 yo 11, en la cabaña, ¿se lo tenías que contar a mi madre… gilipollas?; a Lucía por las interminables subidas y bajadas del 1º al 11º y del 11º al 1º en los ascensores de Las Naciones, esta no contó nada, con 13 los dos; a Susana, Giovanna y demás chicas de la pandilla que subían por nuestro frente, perfil y espalda para aquellas torres humanas de la piscina, ¡¡lo que tardábamos en salir del agua!!, los tíos; A Mª José, la Mejicanita, por mirarme así y colarnos a todos en el cine de verano, propiedad de su padre; a Nina por demostrar que no había barrera alguna, ni lingüística, ni de edad, ni Cobo (primo político o algo así) cagándose en mi padre que pudiera evitar la fusión Norte-Sur; a las hermanas Sanchez Botella, a Cristina por cantarme “Milord” de Piaf en el autobús 43 a voz en grito y a Mª José por lo “otro”, me la encontré 32 años después y me puso fino, desde luego se acordaba de mí; a todas las torremolineras, por los veranos, las moragas y las risas; a Matilde, mi amiga, por ser como fue mientras fue así; a Ida Trujillano por “aquel” pañuelo al final del verano y los siguientes seis años; a Maribel, por aquel bañador plateado y por hacerme buscar tras de mí a quien saludaba…¡¡y era yo, era a mí!!; a Delia y Celia, por tomar la iniciativa y de qué manera; a Nuria, en la terraza del ¡QUÉ! de Fuengirola, por lograr “despeinarme”, cosa imposible con un tubo de Patrico por encima, qué intensidad; a Begoñam-ñam, por estar tan monísima con el pelo al uno y ese bikini, sí “ese”; a Rosa Calleja, por quererme de forma enfermiza; a Concha La China, por hacerme entender, ella a mí, lo que siente una tía con un baboso detrás, ¡¡¡jo-dé!!!; a su amiga Alicia, por conseguir compensarme del acoso a su manera; a una tal Mámen, camarera del TURF, por cambiar los sectores de la barra para atenderme personalmente, nunca pasó nada y mira que me gustaba, ¿qué me darán a mí las camareras?; a Rocío Sacristán, por sus “hoyuelos” en las mejillas y por hacerme sentir el “síndrome de Stendhal” aún sin conocer lo que era; a Elke Cases, por quitar de la circulación a Pablo Bobis y, así, darnos una oportunidad a los más feítos, que pareja tan guapa, ella más; a Valeria, por su pelo rojo, sus formas, su forma de explicarse en italiano creyendo que habla español y por sugerirme “trascender” con ella, lo tenía que haber hecho; a Flavia, por su veteranía y demostrarme que “Historia de O” era para todos los públicos; a Natacha, una piloto rusa o ucraniana de helicópteros, por hacer todas las comprobaciones de seguridad del aparato con el mono de vuelo tan abierto que podíamos ver “Las Plazas Rojas” en toda su extensión, que delicia, casi me pego un tiro en el pié de puro embobe ; a Itxi, por darme gintónics sin copa alguna; a Eva, camarera del Honky, galleguísima e imponente, por pedirme por favor que le encendiera yo los cigarros ¿?¿?, vio un mordisco mío y se asustó tanto que ya no le parecí tan simpático …cachissss; a María, por “gomitarme” encima, por pegarme, por recibir una patadita mía, por difamarme, por meterme en broncas…vamos, por ser mi amiga; a Gloria Botín, por ser una tía autentica y buena persona, sin problema alguno; a Payu Llorente, por intentar intoxicarme con un té de flores, de margaritas o lilas, para acabar con mi actitud violenta, ¡¡que no es una actitud, es que sale el “yo” que llevo dentro…jipi!!; a Sandra Ayoso, por guapa, por los chupitos, las risas y por “iluminar” la mierda del Mess Around; a Rebeca Sanchez por saludarme siempre de la manera más efusiva del mundo, sea donde sea y delante de quien sea; a Esther Sanchez, por “arrancarme” la respiración cada vez que me miró y devolverme el aliento con su boca en la mía, “l´amour fou” al que cantaba Piaf, irracional y profundo no podría decir más con menos; a Carmen Porras, por su naturalidad siendo un guayabón de libro; a Nati Porras, por refugiase en mi regazo tiritando dentro de la toalla, con aquellos ojazos, esas pestañas enormes, la sempiterna gota pendiendo de su nariz y decirle, precisamente a Esther -…este es para mí, tú solo eres una “averigüá”, cuando crezca me lo llevo y ná más ná…-, ella con 7 y yo con 22, ¡¡sigo esperando, Nati!!; a Belén Blanchart, por guapa, simpática y chula, tres de tres; a Mónica Montesdeoca, por ser “refugio” en los días lluviosos y grises de la península despejándolos con solo una foto de la playa…donde sale ella, claro; a Charo Raga, por “medicar” a mi anciano perro Byron, qué “marcha” le daban las pastillas, ¡¡Charo ¿te quedan para mí?!!; a Lola, una “granaína” con ojos de Bambi, motivo de mi raid en los dominios de Sor-Mino; a Mercedes Menarguez, por su nariz adolescente, siempre parecerás una chavala, que suerte, ya tengo apalabrado un duelo por “ella”, por su nariz, y no se me ocurre mejor motivo para derramar sangre; a Laura, que tentación, es que eras demasiado joven, creo, seguro; a Chiqui y Cuqui, por “pasear” Sevilla con todo el tronío posible con nosotros de consortes; a una bailarina de striptease que aprovechó que llevaba una copa en cada mano para meter mi cara entre sus…, no hacía falta forzarme, con sugerirlo habría bastado (los dos últimos años han sido muy extraños) y a una niña de unos 9 años que se acercó a consolarme cuando tuve que sacrificar a mi foxterrier Petti, fue tremendamente tierna con los dos y, sin ningún reparo, me sonó la nariz, me enjugó las lagrimas y me limpió la boca, como lo hacían nuestras madres…para asegurarse, por ese orden, que los mocos quedaran bien repartidos por toda la cara, ¡¡gracias, preciosa!!

A las camaradas, verdadero estandarte de la causa, abnegadas, valientes, bonitas y tremendamente fieles a la idea, ¿qué sería del Fascio sin sus hembras?. A Blanca, por su eficiencia, valor, fidelidad y por no tener ¡jamás! desaliento ni desmayo ante las adversidades; a Mª Cruz Jara, por no bajarse del tema ni a tiros y no es una expresión; a Marina, Mª José y, sobre todo, Doris, por una labor de años y lo qué te rondaré; a las chicas de MATRIA, la primera Patria, el calido, seguro y tierno útero materno, “eso” significa; a Gorgo de Esparta y Planchadell…¡¡dos santas!!, de esas que solo aman a demonios; a Ruth Silver, por sus zarpazos, un poco a lo “ataca y fuye”, técnica de guerra antigua y española de guerra contra el moro que “seguro” es de Reverte; a Esther Lloret por ácida, por ingeniosa y por dar “leña”, camarada antigua y nueva para mí; a Estíbaliz y Pilar, las “ositas”, y a su madre Pilar Badiola por dejar de “manifiesto” lo caro que es ser valiente cuando toca y pagar por ello (carlistonas, eso sí, y guapas que te cagas); a Macarena Asiego, por castiza y no cejar en su “apostolado” conmigo y otros muchos, me va a dejar el puticlú de mi “Paraíso de los Soldados” limpio y aséptico como una patena, no va a querer ir nadie; a Lourdes de Miguel, por descojonarse y celebrar tanto descalabro en propia cabeza como relato, cabrita; a Alessandra Marchetti, camarada y feroz defensora de los animales; a Bego Lahera, por cuidar del Brujo y de nosotros; a Mercedes, por mimar a Ochoa; a Camen Martin, por ser tan buena compañera y darle “color” a 24 horas de talego, guapa y a Encarna, por no dejar que le arrebatasen la bandera ni los batasunos, ni la policía, la que sea

A las madres y abuelas, que nos examinaban cuando nos conocían y cuando nos conocían se santiguaban. A Toñi Baro, viuda de Cobo, madre más que abnegada, ni un lamento jamás (ella tenía a José, conmigo no sé yo), por ser tan buena y regalarnos cuchillos, hachas, arcos y todo aquello que nos traía del Bazar de OJE a nuestros 7 y 9 años, ahora iría a la cárcel por esos mismos regalos, pobre mía; a doña María, viuda de Baro y madre de Toñi, por los molletes con manteca colorá, por decirle a las que iban conmigo la suerte “infinita” que tenían y por esos besos de abuela, acuosos e intensos como los de un bebé, ahora echaría yo un par de horas en su regazo; a Inés Kantar, por darnos a “los repetíos” Carlos y Eduardo, así los demás no parecíamos tan cabrones; a Luisa, por la involuntaria cesión de güisqui, tarta de queso y “literatura” y por su omnipotente voz llamando al orden, que buena mujer, pero…¡¡¡qué mala leche tenía esta señora!!!; a Mª Carmen viuda de Porras, que teniendo varios hijos “tela”, consideraba que el golfo era yo…¡¡manda güevos!!; a Paulina, madre de Pico, por ser tan absolutamente buena e inocente, que no tonta y de una paciencia infinita, infinita; a Mamá Toa, abuela de Pico, por su “serrado asento cordobé” y por entornar los ojos cuando el sinvergüenza de su nieto se jactaba de un poster donde una tía rubia llevaba una bicicleta y ¡¡nada más!!, colgado en su puerta, ella le preguntaba – ¿esta es tu novia?- y ante la afirmación del niño, ella entornaba los ojos y decía -…¿y la dejas que enseñe todo?,¡pues vas tú listo!, esta es una cochina, que lo sepas…- sin disimular su risa; a Cristina Oguiza, no, a esta ni agua, vieja loca; a María Soriano, por su hija
, que me ha dado a Juan y a ella mucha paciencia, por lo visto; a Alicia Ramos, madre de Javi Veiga, por curarnos los cachiporrazos mientras nos pegaba ella, así no acabábamos nunca; a mi madre, Juana, por traerme al mundo y asumir las consecuencias, por enseñarme “Tercios Heroicos” antes que cualquier otra canción y cantarla los dos, como dos locos, en el 600 de vuelta a Madrid, por hacerme uniformes de “55 días en Pekín” para los Madelman, por cuidarme, mimarme y disciplinarme con esa contundencia suya, por hacerme reír, por hacerme llorar cantándome un tango tristísimo, “La casa está triste” o algo así ¡¡y yo, entre hipos y mocos, pedía un bis, no te lo pierdas!!, por hacerme llorar sin tango alguno a bofetones, por cubrirme y ayudarme a militar como la camarada que era y por otras muchas cosas que me guardo para mí y , por supuesto, a mi abuela Juana Felisa, por guardarme las mejores viandas, por taparme, por disculpar lo indisculpable, por quererme como fuera, por las “operaciones” (cosquillítas) los sábados por la mañana con aquellas resacas de muerte; por echada pálante, por inculcarme que “antes muerto que rajáo”, por insultar a una caravana del PCE con todo el barrio en pié y con el puño en alto, por rezar para que Suárez y el rey se murieran (no era pecado según don Lorenzo), por hacerme entender la expresión “cariño de legionario”, ese amor que es profundo, fanático, incandescente, delirante, febril, tierno, duro, partidario, irracional, verdadero, eterno, animal, de “loba”…de abuela.

Y por fin a las otras “féminas”; a Kirsa, una Alaska Malamute, con unos ojos miel y unas pestañas largas y rizadas que su ¿amo? no podía coger nunca, él llamaba a mi telefonillo y yo con solo decirle -¿pero tú sabes lo guapa que estás?, lograba que viniera corriendo a chupetearme, nada como tocar la vanidad; a mi perra Petti, lo mejor que hice por mi madre antes de su muerte, por ser la cachorra más mala del mundo, por su valor, por su gracia, por su fidelidad, por morder a todo aquel que intentara tocar a mi bebé, por robar comida y por ser tan particularmente tierna y a Persian, una gata más que mala que vive conmigo ahora, por parecer un perro, por no saber que es un animal, por salvaje, por comerse mi chili, por tierna y por recordarme cada vez que juego a lo bruto con ella que sus garras están ahí, dejando un jirón de piel rasgado y la mancha de una gota de sangre que ya no saldrá, recordándome que si te acercas y tocas algo “bonito” siempre saldrás herido de consideración y que, aún así, merece la pena.

A todas ellas, las que no están; a vosotras, las que seguís aquí, daros las gracias por vuestra aportación a la vida de los hombres, los que incendian Cartago y deciros bien alto:
¡¡¡Brujas, que sois unas brujas!!!, pero qué aburrida sería esta vida sin vuestros permanentes zarpazos… y qué plácida.

GIOVANNI a 514 del año de nuestro Señor EL CESAR CARLOS

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