MI ALCÁZAR PARTICULAR

Hay dos frases que pertenecen a mi infancia lo mismo que los colegios que me acogieron, la educación familiar y la que yo adquiría en mis aventuras sin supervisión con mis amigos por “esos mundos” estremecedores y llamativos a partes iguales cuando lo vivíamos sin mayores.

La primera era la coletilla favorita de uno de mis abuelos, el guerrero de los dos que tuve, el que me enseño a cazar y a pescar, el que me llevaba al futbol y a los toros, el que me enseñó a utilizar armas de fuego, a dormir a la intemperie en los campos de Castilla y en las montañas de León, y me presentó a los animales y su mundo, nuestros hermanos pequeños los llamaba él. Cada vez que yo hacía una trastada y recibía el subsiguiente castigo, entonces mi abuelo se convertía en la madre de Boabdil y me espetaba un : “llora como una mujer lo que no supiste defender como hombre” que a mí me helaba las venas y enervaba dentro de mi la virilidad aun incipiente. Yo sería un hombre sin lágrimas, el orgullo de la familia. Un cazador de alta montaña infatigable.

La segunda provenía de mi otro abuelo, el escritor, el místico y poeta, el minnesinger de Doncella; éste me enseñó los libros y a leer, a disfrutar escuchando los atardeceres y de la música del espíritu, a entrar en una iglesia con el mismo recogimiento que en un templo, de la belleza de la poesía y de las letras, el Amor, el afán espiritual y algo aun más importante, me enseño de las tragedias y de nuestra alegría con ellas. Aquí no eran necesarias las trastadas o equivocaciones, aquí era peor. Cada vez que me despedía de mi abuelo, el muy histriónico, se convertía en el Coronel Moscardó y me susurraba al oído sin que yo pudiera sustraerme: “encomienda tu alma a Dios, da un viva a Cristo Rey y a España y serás un héroe que muere por ella. ¡Adiós, hijo mío, un beso muy fuerte!“, y yo salía por la puerta con lágrimas en los ojos pensando en que no volvería a verlo por mi inminente sacrificio, que en mi candidez me veía sin remedio a la vuelta de la esquina a pesar de cualquier heroica lucha.

Mis abuelos se complementaron sin saberlo inculcándome, cada uno a su manera, unos valores en mi formación a través de dos frases. Dos frases viriles, dos frases heroicas, dos frases que te marcan a fuego España en el alma. Ambos eran hombres de otro tiempo.

A.Martín.

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