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¿QUÉ ES EL NACIONAL-SINDICALISMO?

JOSE ANTONIO PRIMO DE RIVERA

 

Intentar definir el Nacional-Sindicalismo en unas pocas palabras es dar respuesta a todos los problemas que se plantean en la vida política en la actualidad. Por ello entraña cierta dificultad.

Pero hemos de partir para ello de una idea básica: el Nacional-Sindicalismo es una Revolución, es más, es la Revolución.

Frente a los que pretenden ver la Revolución en el liberalismo o en el marxismo, nosotros oponemos que la verdadera Revolución está en el Nacional-Sindicalismo y en toda la carga política, humana y al mismo tiempo espiritual y trascendente que lleva consigo.

Someramente podríamos decir que el Nacional-Sindicalismo es la corriente ideológica española que une, de forma coherente e indisoluble, el sentido nacional español –lo que podríamos llamar “valores espirituales”- con la necesidad de un sentido revolucionario en el orden social, constituyendo así las bases de una auténtica Revolución Española.

Si vemos que tradicionalmente la derecha española presenta una defensa de los valores religiosos y patrióticos, observaremos que acostumbra a menospreciar los sociales o los económicos, que se constituyen de esta forma, en bandera de las izquierdas.

El Nacional-Sindicalismo pretende unir estas dos ideas, la Patria y la Justicia Social, Espíritu y necesidades materiales, constituyendo un todo doctrinal.

– Pero, mal podríamos comprender el Nacional-Sindicalismo sin atender a sus orígenes, a su Historia.

El Nacional-Sindicalismo nace aproximadamente en el año 1.931. Aunque sin llamarse nacional-sindicalismo propiamente, arranca de inquietudes juveniles de algunos años atrás.

Posteriormente cristaliza en dos organizaciones pioneras que paralelamente desarrollarán una acción en dos sectores diversos : el laboral y el campesino.

Por un lado, un grupo de universitarios y obreros se agrupa alrededor de un joven, licenciado en Filosofía y Letras y en Ciencias Exactas, Ramiro Ledesma Ramos, y editan una pequeña publicación llamada “La Conquista del Estado”.

Por otro lado, y al mismo tiempo, otro pequeño grupo constituye en Valladolid las llamadas “Juntas Castellanas de Actuación Hispánica”.

Más adelante llegarán a unirse, y el acuerdo de los dos grupos dará origen a las “Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista”, las J.O.N.S., cuyo jefe será Ramiro Ledesma.

En 1.933, José-Antonio Primo de Rivera aglutinará en torno suyo a otro grupo que pasará a constituir una entidad denominada “Falange Española” (F.E.).

En 1.934 se fusionarán, dando lugar a “Falange Española de las JONS”.

Como doctrina inicial preconizará una nacionalización de las masas obreras, adoptando el Sindicalismo Revolucionario frente a las tendencias marxistas y capitalistas.

José Antonio dará verdadera cohesión doctrinal al incipiente movimiento, desplazando de la organización a elementos derechistas cuyos verdaderos intereses eran completamente distintos a los revolucionarios de la Falange Española de las JONS.

Apenas sin medios económicos, se crearán diversos Sindicatos, entre ellos el universitario (SEU), desarrollando así una acción profesional, paralela a la política.

Falange Española sufrirá durante su corta vida, apenas tres años de actividad política (1.933-1.936) persecuciones por parte de la derecha y de la izquierda del Frente Popular, que detendrá a sus jefes hasta lograr incluso su completa clandestinidad.

Estallada la guerra de liberación en 1.936, los falangistas se sumarán al bando nacional aportando la esperanza de una Revolución Nacional Sindicalista una vez terminada la contienda.

En 1.937, y después de ser asesinado José Antonio, el Jefe Nacional, Manuel Hedilla Larrey, se opone al Decreto de Unificación, por el cual se creaba una nueva entidad denominada F.E.T y de las JONS, que agrupaba a todas las fuerzas políticas participantes en la zona nacional, y es condenado a muerte, aunque no es ejecutado, por el delito de rebelión.

A partir de éste año deja de existir jurídicamente F.E. de las JONS.

Hay que hacer obligada y honrosa mención a la participación de voluntarios falangistas en la Segunda Guerra Mundial en la División Española de Voluntarios, “División Azul”, y en la “Legión Azul”.

– Pero después de esta obligada, aunque breve, reseña histórica, más importante es que nos fijemos en el Contenido, en el mensaje que conlleva la doctrina Nacional-Sindicalista.

-En primer lugar hay que decir que el Nacional Sindicalismo, antes que una nueva doctrina política, es una auténtica filosofía política en el doble sentido de construcción intelectual arrancando de los fundamentos, y “manera de ser”. Es decir, ante todo la filosofía como una guía de la conducta, como una serie de improntas vitales que debe poseer el auténtico falangista y que constituyen su “estilo”.

Es aquí donde cobra verdadera importancia lo que se ha venido en llamar la “revolución en las personas”. En una revolución nacional sindicalista es fundamental el elemento personal, el estilo. No puede haber una verdadera Revolución nacional sindicalista si antes no se ha operado en cada uno de los que se dicen nacional sindicalistas ésta Revolución interior. De ahí debe salir, debe verse con claridad la diferencia entre un nacional sindicalista y uno que no lo es.

Así lo manifiesta José Antonio desde lo más profundo de su alma cuando dice : “…pero nuestro movimiento no estaría del todo entendido si se creyera que es una manera de pensar tan solo. No es una manera de pensar, es una manera de ser. No debemos proponernos solo la construcción, la arquitectura política. Tenemos que adoptar, ante la vida entera, en cada uno de nuestros actos, una actitud humana, profunda y completa. Esta actitud es el espíritu de servicio y de sacrificio, el sentido ascético y militar de la vida”.

“Así pues, no imagine nadie que aquí se recluta para ofrecer prebendas, no se imagine nadie que aquí nos reunimos para defender privilegios”.

Esta moral y estilo nacional sindicalista se transluce en lo que se podría llamar una moral nacional, edificando un hombre distinto, que tenga el trabajo como medio de dignificación social; un hombre al cual la cultura ha hecho verdaderamente libre, y que se siente solidario con sus semejantes.

Hasta el punto de que sin ésta “manera de ser”, carece de justificación toda construcción política o económica.

– Pasando a otro punto en la exposición del tema para llegar atener una idea de lo que es el nacional sindicalismo es forzoso tropezarse con una cuestión : ¿Cómo debe ser el Estado Nacional sindicalista? ¿En qué consiste éste Estado Nacional sindicalista?

En primer lugar, el Estado no es otra cosa que “la Sociedad organizada”. Con lo cual éste Estado se convierte en un instrumento integrador y totalizador de todos los elementos de la Nación. Es el encargado de asumir las aspiraciones nacionales, que constituyen esa unidad de destino hacia la universalidad.

Todos los ciudadanos estarán integrados y participarán, a través de aquellos cauces de convivencia inherentes a la relación humana en sociedad : la Familia, el Municipio, la Comarca, y por otra parte los Sindicatos y Asociaciones Profesionales. Estos son los órganos que intregran el Estado y le dan consistencia.

Estos órganos constituirán dos Cámaras: la Sindical y la Comunal, que a su vez formarían la tercera Cámara, de función legislativa.

El poder ejecutivo, por otra parte, tendría las atribuciones normales del Gobierno en el Estado.

El Nacional sindicalismo, nacido como superación del liberalismo y del marxismo, a los que reputa de clasistas, y por ello de incompletos, representa también un cambio de mentalidad tan grande como pueda ser el paso de la sociedad utilitarista y materialista del capitalismo a una sociedad sindicalista y trascendental: es decir, espiritualismo frente a materialismo. Y por muy idénticas razones, el nacional sindicalismo hace la crítica del materialismo histórico y dialéctico de Marx.

Si bajo el régimen de la democracia burguesa se vive bajo la atmósfera de la política de los tecnócratas, o sea, de los profesionales, y con el comunismo bajo la omnipotente política del Partido, el Nacional sindicalismo propone la política del trabajo, o sea, la consideración del trabajo y de la vida como fundamentos de una política nacional.

Así tenemos que la arquitectura del Estado nacional sindicalista se basaría en lo vivencial, Familia y Municipio, y en lo profesional, Sindicato, Gremio, Corporación.

De ésta forma, la identificación individuo-Estado se produce por una identidad de fines. El Estado está al servicio del ciudadano, ya que está integrado por los órganos de convivencia real del hombre, en donde pueden plantearse sus necesidades y aspiraciones.

– Otro punto a considerar para comprender en todo su alcance lo que es el nacional sindicalismo, es el referente al tema de la Justicia Social, implícita en el nacional sindicalismo desde sus comienzos.

Frente a los que utilizan algunos aspectos de la Justicia Social (con mayúsculas) como señuelo para atraer a las masas, el nacional sindicalismo opone que JUSTICIA solo hay una, con mayúsculas, y que estos aspectos de justicia social solo interesan en cuanto respondan a un verdadero anhelo de JUSTICIA.

El nacional sindicalismo que solo en éste sentido entiende lo que se ha venido en llamar la justicia social, la trata en profundidad en múltiples ocasiones (nacionalización de la Banca, reforma agraria, reforma de la empresa, etc.). Para ello bastará echar una ojeada a lo contenido en los 27 puntos programáticos de F.E.

Llegados a éste punto de la exposición surge una cuestión, una doble cuestión : ¿en qué consiste el sindicalismo nacional? y ¿cómo es la empresa en el nacional sindicalismo?

– La herencia del sindicalismo tradicional español se hace patente en la visión económica y social del nacional sindicalismo. Podíamos sintetizar diciendo que éste no es más que la nacionalización del sindicalismo. Y además, éste sindicalismo puede ser reivindicativo, que aspira a obtener ventajas dentro del sistema, o revolucionario, que pretende sustituir el sistema por otro más justo. Queda claro que es con éste segundo con el que se queda el nacional sindicalismo para nacionalizarlo.

– Respecto a la empresa nacional sindicalista hay que hacer notar la perfección de la misma comparada con los otros tipos de empresa : la liberal y la marxista.

En el nacional sindicalismo la empresa adopta la forma de empresa sindicalista, en la cual todos los que trabajan en ella, director o altos técnicos, técnicos de grado medio o trabajadores (hoy mal llamados obreros) participan en la propiedad y en la gestión de la misma. El resultado es la “co-gestión” de la empresa, sin intervención alguna del capitalista ni del Estado. Con esto se logra la formación de empresas-células socio económicas, resolviéndose en su interior todos los problemas por medio del sindicato de empresa, que está integrado por representantes de todos los que trabajan en ella.

Otro aspecto de la empresa nacional sindicalista es que en ella la plus valía de la producción revierte a los trabajadores, les es asignada por el sindicato de empresa.

– Pero, si bien los aspectos económicos o de justicia social del nacional sindicalismo son importantes, más importancia todavía tiene, no solo en el nacional sindicalismo sino en cualquier otra ideología, la respuesta a ésta pregunta : ¿cómo queda la persona, el individuo, en el nacional sindicalismo? ¿cómo considera al hombre el nacional sindicalismo?

El hombre constituye el centro del nacional sindicalismo, que se constituye así en humanismo. Frente a la consideración individualista del liberalismo y el colectivismo marxista, el nacional sindicalismo propugna la postura personalista, es decir, el hombre en relación con los demás hombres, armonizando así su esfera individual y social.

Este hombre tiene, para el nacional sindicalismo, como características inalienables la dignidad y la libertad, ya que éste no es una mera construcción biológica, sino un ser trascendente.

A partir de ésta consideración personalista se articulan los cimientos de la doctrina nacional sindicalista.

Con ésto se puede llegar a tener una idea, aunque ligera, de lo que es el nacional sindicalismo, muy lejos como se puede comprobar de lo que desde diferentes y contradictorias, aparentemente, posiciones ideológicas nos han querido hacer ver que era.

En un mundo que tiende, debido a la descomposición del sistema capitalista, hacia la socialización, con bases de justicia, libertad y equidad, el nacional sindicalismo se presenta como una solución genuinamente española, como una forma de entender la vida, una ideología con bases firmes, a su vez desarrollables y como una postura ante la vida con clara visión de futuro. Que se vuelvan los ojos hacia él depende, en alguna medida, de nosotros.

Bibliografía:
-Obras completas de José Antonio.
-Etica y estilo falangistas (Sigfredo Hillers de Luque)
-José Antonio y la Revolución Nacional (Agustín del Río Cisneros)
-Ediciones del Círculo Cultural Hispánico. Barcelona
-La Revolución Social del Nacional sindicalismo (José Luis de Arrese)

JOSE-MANUEL LLÁCER

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