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EL MANDO DE LA PLAY

Me contaba un compañero que, para poder jugar a la play mientras estaba con su hijo de 4 años, le daba uno de los mandos y le hacía creer que ambos jugaban, cuando en realidad el mando del niño no estaba conectado. Así, el pequeño estaba tan contento pensando que las partidas las ganaba o perdía él, pulsando aquellos botones. Mientras, su papá, jugaba a su antojo sin que el niño molestara demasiado.

Así funciona, básicamente, nuestra democracia. Nosotros somos ese niño. La pantomima de votar cada cuatro años es el mando desconectado que nos da este maravilloso sistema. Pulsamos los botoncitos creyendo que somos nosotros los que manejamos el juego, pero los que juegan son otros. Y nosotros, no pintamos nada.

Encima, cada vez que algún incauto declara no ser demócrata y comenta que, por mucho que usemos el mando, nosotros no decidimos nada en ese juego, todos contestan que los que no son demócratas y no usan el puñetero mando, no juegan y no deben opinar.

Así que, después de la empalagosa fiesta de la democracia, todos volverán a quedarse calladitos y sin molestar, porque creerán que ya han participado en el juego. Y en realidad, nada cambiará.

A no ser que algún día nos dé por levantarnos del sofá y desenchufar la play.

ANA PAVÓN

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