1976: EL NEOLIBERALISMO ECONÓMICO ATERRIZA EN ARGENTINA Y DESTROZA SU ECONOMÍA

Argentina llevaba varios años sometida a una creciente agitación provocada por el pluripartidismo, las guerrillas urbanas, el terrorismo, etc. Era el proceso mediante el cual frecuentemente el comunismo chantajea a ciertos gobiernos y logra sucesivas concesiones que gradualmente lo vuelven más fuerte.

Pero en marzo de 1976 el Ejército tomó el poder y suprimió al Congreso y a los partidos. A la vez, inició una encarnizada campaña y acabó con el terrorismo, no sin liquidar a muchos de sus miembros. Esta lucha fue tan severa que incluso se acusó a los banqueros David Graiver  y Jacobo Timerman de que daban facilidades para “lavar” el dinero que los guerrilleros Montoneros obtenían en sus fechorías  (los acusados emigraron a Nueva York). El arma comunista de la agitación y el terrorismo había fracasado, di bien la estrategia aconseja que cuando una fortaleza no pueda ser tomada en asalto frontal, se cambie de táctica y se la flanquee.

Por eso en cuanto la Junta Militar se afianzó en el poder, recibió una “generosa” propuesta de la Cúpula Financiera Internacional, con sede en Nueva York. La propuesta hacía notar que Argentina debía 8 mil millones de dólares y que podía verse obligada a declarar una suspensión de pagos, cosa terrible para su economía. A fin de que eso no ocurriera, se le ofrecían nuevos créditos, para lo cual era conveniente que implantara una política económica como la recomendada por Milton Friedman (de la Escuela de Chicago). Y a efecto de que esto fuera convenientemente realizado, se pedía que el brillante graduado de Harvard, José Martínez de Hoz, fuera nombrado ministro de Economía. Así seguiría fluyendo créditos para que Argentina se elevara a niveles sin precedente.

La política económica de Friedman -que se le aconsejaba a la Junta Militar-  consistía en la libertad de mercado, libre convertibilidad de divisas, liberación de precios, liberación de las tasas de interés, liberación de importaciones y exportaciones, combate a la inflación y restricción del gasto público. En suma, el programa liberal de “dejad hacer, dejad pasar”…

Ya en la práctica, la liberación de las importaciones empezó a afectar a la industria argentina la cual no podía competir con la producción norteamericana, japonesa o alemana (que en algunas ramas gozaban de subsidio). A la vez, el ministro Martínez de Hoz fue dictando sucesivos aumentos de tarifas a los servicios públicos, con las buenas razones de que se hallaban subsidiados y de que era necesario equilibrar el gasto público.

Naturalmente, el alza de tales servicios repercutió en los precios de todo y la inflación siguió adelante.

Además, las tasas de interés seguían subiendo (de acuerdo con su liberalización) y se dio la explicación “friedmana” de que si había inflación, era imprescindible que los intereses bancarios subieran, a fin de compensar a los inversionistas por la erosión que sufrían sus capitales.

Temporalmente, las cosas parecieron mejorar porque había más dinero, el tipo de cambio se mantenía firme y se podían comprar toda clase de mercancías extranjeras. Pero, entretanto, la industria argentina empezaba a batirse en retirada ante la competencia extranjera y el alza del tipo de interés bancario.

Según la denuncia hecha por economistas no oficiales, como Walter Beveraggi, la inflación era una deliberada cortina de humo para realizar toda una serie de maniobras que destruían a la economía privada aumentando la demanda de bienes y el consumo (temporalmente), pero sin aumentar la producción. Tal cosa era “delincuencia económica”.

Al mismo tiempo, el ministro Martínez de Hoz acordó acoger a los inversionistas extranjeros eximiéndolos del pago de impuestos, cosa que parecía conveniente, pues así  llevaron a Argentina capitales por 10 mil millones de dólares. Sólo que estos capitales no iban a invertirse en producción, sino a cambiarse por pesos argentinos, que luego se colocaba a plazo, con un alto interés, y al cabo de cierto tiempo, el dinero así aumentado se empleaba en recomprar más dólares de los inicialmente “invertidos”. ¿Acaso no era esto practicar la libre convertibilidad?

Martínez de Hoz mantenía temporalmente congelado el tipo de cambio del dólar -porque así mucha gente estaba tranquila- y de tiempo en tiempo, variaba dicho tipo, alegando que con la devaluación del peso se incrementarían las exportaciones y el turismo. Pero, con anticipación a cada variación de la “paridad”, el Fondo Monetario Internacional y los “inversionistas” extranjeros se enteraban de que iba a haber una nueva “paridad”. De esta manera utilizaban su caudal en pesos argentinos para recomprar dólares oportunamente y, una vez consumada la devaluación, volvían a invertirlos en la compra de una cantidad mucho mayor de pesos, y así sucesivamente.

Con una masa de maniobra de 10 millones de dólares, los “inversionistas” lograron extraer aproximadamente 50 mil millones de dólares en 5 años, lo cual anuló el beneficio de los préstamos (32 mil millones de dólares) y, además, absorbió parte de lo que se obtenía por concepto de exportaciones y turismo. David Rockefeller, cómo no, amigo y protector de Martínez de Hoz, figuraba como uno de los máximos “inversionistas”.

El público sentía que las cosas no marchaban bien, pero oficialmente se le decía que las altas cuestiones financieras iban mejorando, cosa que avalaban desde el extranjero diversos expertos a sueldo de los Rockefeller y Cía.

El Gobierno Militar, anticomunista, había vuelto sus ojos, desde 1976, a la economía liberal -que parecía ser la opuesta al marxismo- y se había acogido a las escuelas de Friedman y de von Mises: se eliminaron barreras aduanales, se liberalizaron las importaciones, se respetó la competencia, la libre convertibilidad de la moneda, etc., pero tampoco funcionó. ¿Había un factor secreto, dentro de la economía liberal, que podía convertirla a veces en un móvil de prosperidad y a veces en un medio de empobrecimiento? Para Argentina fue esto último.

Ya en plena ruina, con una inflación de más del 300% y con su moneda por los suelos (10 mil pesos por dólar), la Junta Militar argentina escuchó el “canto de sirena” de que podría recuperar las Islas Malvinas y así mejorar su dañada imagen ante el pueblo. Pero resultaron falsos los informes que tenía -de que Estados Unidos se mantendría neutral y de que eso paralizaría a Inglaterra- y sobrevino la derrota en Malvinas.

Desprestigiada  por el fracaso económico y por la fallida invasión, la Junta Militar fue arrollada en los comicios de 1983 y subió a la presidencia Raúl Alfonsín, procomunista (maquillado de demócrata-liberal), quién además pertenecía a la selecta Logia  Teodoro Herzl. Alfonsín restableció el pluripartidismo y estuvo realizando una “purga” en el Ejército Argentino, para anularlo como fuerza política.

En resumen: desde Videla al “Niño” Macri es posible observar que el Poder Sinárquico y sus aliados son coherentes en el impulso de una política económica antinacional para la Argentina.

¡Es hora de decir BASTA y de volver a PERÓN!

Fraternalmente en Cristo, desde Misiones

FERNANDO JAVIER LIÉBANES   5 de septiembre de 2021

 

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    1 thought on “1976: EL NEOLIBERALISMO ECONÓMICO ATERRIZA EN ARGENTINA Y DESTROZA SU ECONOMÍA

    1. El liberalismo es tan dañino como el comunismo. El verdadero y original Peronismo es la llave para que Argentina y España salieran de su crisis perpetua.

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