28 Octubre 1922 – MARCIA SU ROMA – “ITALIA UNA Y FUERTE, NO COBARDE Y ESCLAVA”.

“Italia una y fuerte no cobarde y esclava”.

Hay que reconocer que Mazzini, Crispi, Carducci, Oriani, Corridoni y muchos más conocían bien cuál era la condición del pueblo italiano de su época. ¿No es quizás hoy la condición del pueblo italiano la de haberse reducido a cobarde servidor de potencias extranjeras y esclavo de centros de poder que sin ninguna legitimación dominan en Italia gracias a la ausencia del Estado, administrado por gobiernos débiles?

Con la Marcha sobre Roma, los italianos, después de un enorme tributo de sangre derramado por la revolución fascista, creyeron que habría sido imposible volver al antiguo régimen fundado sobre los viejos partidos. En cambio, el aula “sorda y gris” ha vuelto; aquélla donde se desarrolla, afirma Mussolini “el viejo juego parlamentario a base de mayorías, pasillos, intrigas, asaltos a la diligencia, ejercicios lúdicos sobre el papel…” es soberana a pesar de su incapacidad para afrontar los problemas de sus ciudadanos.

Desgraciadamente el gran sueño de los italianos, encarnado por Mussolini, convencidos de “la imposibilidad de volver al antiguo régimen que el fascismo sepultó para siempre en la fosa” (palabras de Mussolini), no se ha realizado por culpa de la victoria del extranjero.

La marcha sobre Roma y la insurrección fascista ha sido una verdadera revolución y lo dice su Duce:
“Que se trate de auténtica revolución lo demuestra el hecho de que el fascismo ha afrontado el problema del Estado moderno, de su carácter y de sus funciones, en esta creación de un nuevo Estado que es autoritario pero no absolutista, jerárquico y orgánico – es decir abierto al pueblo en todas sus clases, categorías e intereses –, en esto está la gran originalidad revolucionaria del fascismo…” y continúa: “las bases y los instrumentos de esta revolución venían inmediatamente creados con el Gran Consejo y la milicia. La fractura entre el viejo y nuevo Régimen quedaba establecida irremediablemente.”

La marcha sobre Roma fue también el acto final de una Revolución dirigida a una conciliación entre italianos después de la sangrienta guerra del bienio rojo. Efectivamente, Mussolini intentó realizar un gobierno de amplia mayoría y lo consiguió aunque reconociese que: “Hace falta repetir una vez más que para nosotros la guerra civil no es un capricho o un deporte sino una dura necesidad, a la cuál nos sometemos y nos someteremos por supremas razones de orden nacional.”

Está demostrado que el aula (Parlamento n.d.t.) “sorda y gris” (el Duce n.d.t) habría podido transformarla, como él mismo afirmó en su discurso de toma de posesión de la Presidencia del gobierno el 16 noviembre 1922 n.d.t.) en un “campamento para sus “manipoli” (unidad táctica de las legiones romanas n,d,t,) pero no lo hizo. No se desencadenó la caza al socialista y al comunista, los vencedores no se abandonaron a venganzas personales y la nación Italia resurgió rápidamente bajo la guía de su Duce que en innumerables ocasiones confirmó: “Nuestro mito es la Nación. Nuestro mito es la grandeza de la Nación y este mito y esta grandeza son los que queremos traducir en una realidad completa a la que subordinaremos todo el resto.”

¡Qué diferencia respecto a la feroz y cobarde actitud de sus, nuestros, enemigos desde el 1945 en adelante! ¿Cómo no fue previsto desde entonces? ¡La crueldad de los “subversivos” no conocía límites! Baste un episodio significativo que tuvo lugar en Roma y que reporta Alessandra Staderini en su libro “Fascistas en Roma” (1921-1943) ediciones Carocci 2014, página 51:
“Todavía más dramático, con un balance de tres muertos y más de 50 heridos fue lo que sucedió el 24 de mayo de 1922 en ocasión del traslado del cadáver de Enrico Toti, que había llegado el día anterior a la ciudad (…), al cementerio del “Verano”; la crónica del día … además de criticar a las autoridades que deberían haber previsto todo lo que sucedió, subraya que se trató de una auténtica emboscada por parte de los subversivos del barrio” de San Lorenzo ( n.d.r.).

La marcha sobre Roma se realizó por voluntad de un pueblo que después de 1500 años de servilismo y de una frágil unidad nacional realizada parcialmente con la toma de Roma, ha soñado volver a ser un gran pueblo y una Nación merecedora del respeto de todas las demás Naciones. Un sueño que se ha roto por quién sabe cuántos siglos más, en cuanto el mundo no nos perdonará jamás el prestigioso imperio de la antigua Roma.

GABRIELE LECCISI

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