35 AÑOS NO ES NADA

Yo no era del Frente de la Juventud, pero admiraba a Juan Ignacio González. Entre las filas de las Juventudes de todas las entonces llamadas “Fuerzas Nacionales”, su asesinato fue un verdadero varapalo.

Era un día cualquiera de un mes cualquiera, y nos despertamos con la terrible noticia: habían asesinado a Juan Ignacio en la puerta de su casa, muy cerca de la mía… En ese momento me vino a la memoria la última vez que le había visto, sólo unos días antes, en la salida de las Coronas desde Moncloa, organizando a los suyos una vez más. Recuerdo a mi madre, que le tenía mucho cariño, diciendo y maldiciendo a sus asesinos. Nos fuimos toda la familia a la esquina de Goya con Claudio Coello, al lado de la Sede, a esperar la bajada del féretro. Recuerdo como si fuera ayer, los gritos de “Unidad Unidad Unidad”, la rabia mal contenida de una enorme multitud de jóvenes con camisa azul, pero con boinas de diferentes colores, todos hermanados ante la injusticia y ante el asesinato del que todos reconocían como un líder nato, como el único líder. Había tantísima gente en la calle, que ni la policía se atrevía a intervenir. Le seguimos por Goya hasta Colón, Serrano, Puerta de Alcalá, Alfonso XII, Atocha… Aunque lo viví, no soy capaz de describir esa tensión que se respiraba en el aire… Intervención y palos de la policía de Rosón para disolver…

Los militantes del Frente saben lo que pasó posteriormente mejor que yo y no voy a hablar de su historia, pero sí recuerdo que durante unos años se hizo el silencio sobre Juan Ignacio y su muerte. Ignoro si se convoco algún acto en recuerdo de otros aniversarios, pero sí se que cuando ya se cumplían los veinte, un jovencísimo falangista llamado Fernando Cantalapiedra y otro gran militante -que ahora nos mira desde su lucero- César Gómez, retomaron el testigo, y comenzaron la nueva etapa de reivindicación de su memoria. Ellos organizaron la celebración del vigésimo aniversario de su asesinato, con un funeral en las Carmelitas de Príncipe de Vergara, Iglesia de las Maravillas, seguido de un sencillo pero emocionante acto, al que acudimos de nuevo, junto con un puñado de camaradas y Blas Piñar, entre otros. Ellos reivindicaron la necesidad de abrir esa puerta cerrada de forma tan injusta.

Pasados otros cinco años, se celebró el 25 aniversario ya mucho más numeroso en la sala ISIS, aquél en el que se llamó a la lucha, aquél que despertó los ánimos y las conciencias, aquél en el que nos hicieron caer en la cuenta de que aquellos jóvenes que éramos entonces, pese a haber pasado 25 años, aun no éramos viejos… y otro lustro después, comenzó el actual movimiento, que lleva ya cinco años saliendo a las calles pidiendo Patria, pidiendo Justicia y pidiendo Revolución… Que parafraseando el tango, treinta y cinco años no es nada, cuando se lleva fuego en el corazón y luce en las antorchas.

Y la lucha sigue…

BELÉN DE ESPONA

 

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