EVOLA ANTE LA ITALIA FASCISTA

Vayan estos apuntes para aclarar ciertas confusiones que sostienen algunos con respecto a la actitud que adoptó Julius Evola frente a los dos más definidos períodos del fascismo italiano. Sépase, empezando por el final (esto es, por la segunda etapa del fascismo), que Evola se jugó la vida en unión de todos aquellos que sostuvieron y defendieron a la República Social Italiana. Estuvo clandestinamente en Nápoles y en Roma con la intención de organizar la resistencia contra los badoglianos aliadófilos que habían depuesto a Mussolini el 25 de julio de 1.943 a raíz de la reunión del Gran Consejo Fascista. Salvó el pellejo de milagro -gracias a las tretas de distracción llevadas a cabo por su madre- cuando salía por la misma puerta de su casa, en Roma, por la que habían entrado en su busca agentes de los servicios secretos británicos…

Más que a las medidas de tipo económico-social adoptadas por la República de Saló (y a la legislación que ésta aprobó en Verona) es a la jerarquía que dichas medidas (que no vamos a entrar ahora a valorar) alcanzan en la R.S.I. a lo que Evola se opone, pues él defiende, por ejemplo, la idea de que una organización estatal no debe, como de manera paradigmática sucedió, definirse en su autodenominación por lo que jerárquicamente debe de estar sometido a lo Espiritual, esto es, no debe definirse por lo Social (República Social Italiana), pues lo Social debe de estar sometido a lo político igual que lo político debe de estar sometido a lo Metafísico.

Pese a todo esto Evola se alineó con la R.S.I. al considerarla como la representante del ´frente del honor´ ante la deshonra representada por la otra Italia que había traicionado en plena guerra a sus hermanos de armas (el III Reich). El honor, la fides y la lealtad (como valores inherentes a la Tradición) sustanciaban a la R.S.I. y por ello Evola se alineó incondicionalmente con ella.

No se piense, por otro lado, que Evola se adhiere incondicionalmente a la Italia fascista del ventennio. Nunca fue miembro del Partido Nacional Fascista y critica con dureza los compromisos que el Régimen mantiene ya sea con el Vaticano o ya sea con la mentalidad y los hábitos que informan lo burgués y frívolo del comportamiento de ciertos gerifaltes (p. ej., esto último, desde la revista La Torre por él dirigida y que fue rápidamente clausurada por las autoridades). Atisba un conato interesante -de parte de esta Italia del ventennio fascista- cuando se reivindica el pasado de la antigua Roma, pero se decepciona al comprobar que esta mirada al pasado glorioso de Roma no pasa de lo superficial (lo folclórico, lo artístico, lo exclusivamente arqueológico,…) y no es capaz de percibir la esencia metapolítica y metafísica que constituyó su médula y su razón de ser. No por esto Evola cejó en ningún momento (a través de algunos de sus libros y muchos de sus artículos) en su empeño por intentar reconducir al Régimen hacia las fuentes genuinas de la Tradición.

EDUARD ALCÁNTARA

 

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