8 DE MARZO. EL AQUELARRE TRIUNFAL DE LAS PLAÑIDERAS

 

El viejo refrán que afirma que el que no llora no mama, parece presidir, como un lema omnipresente y sagrado, el frontispicio de ese gran putiferio diseñado en los sanedrines del NOM que llamamos posmodernidad.
Al europeo actual se le adoctrina desde el jardín de infancia para que evite cualquier reacción viril contra los atropellos y se limite a lloriquear cuando se le ordena.

Se ha conseguido crear así un tipo estándar de ciudadano soplapollas y afeminado que se horroriza reglamentariamente ante cualquier forma de violencia, sin distinguir entre la que es lícita moralmente y la barbarie.
Este hombre sumiso y castrado mentalmente se presenta desde los púlpitos televisivos, desde la propaganda institucional y desde los centros educativos como un modelo a seguir.
Esta dogmática de la gazmoñería pacifista y cobardona se fomenta generosamente con todo tipo de ayudas, subvenciones y mamandurrias a cualquier chiringuito que se dedique a propagarlas.
Ya es paradigmática la picaresca de tipos como Esteban Ibarra que llevan toda la vida viviendo del cuento mediante sus chiringuitos “antirracistas” que es como la progresía llama al racismo antiblanco.

En las últimas décadas, las arcas de las doce tribus de la finanza internacional (Soros, Rockefeller, Rotschild…) han patrocinado abundantemente los grupos de presión y mafias que componen ese experimento de ingeniería social llamado marxismo cultural.
De todos ellos, el que recibe más pasta es el feminista.
Este europeo actual, llorón, cobardica e incapaz de defenderse, es el hombre ideal para las bandas de histéricas, amargadas y callos malayos que suelen pintarrajearse las tetas, chillar y revolcarse pidiendo cosas que están reconocidas desde hace décadas en las leyes de los países en los que protestan. Incluso salvajadas criminales como el asesinato de bebés.

Desde hace unos años, al abrigo de subvenciones públicas y privadas, de una brutal cobertura mediática, de la machacona publicidad institucional y de la repetición ad nauseam de sus dogmas y neolenguas ridículas – gilipollas y gilipollos, miembros y miembras… – han proliferado y se han hecho cansinamente omnipresentes estas bandas de taradas femilocas. Ésas que los meapilas, los moñas y los imbéciles llaman “feminazis” haciéndoles el juego a los desprepuciados patrocinadores del invento.
Da igual que sus demandas sean disparatadas, demenciales, estúpidas o directamente criminales. Que, curiosamente, nunca protesten contra la “religión de paz” que más humilla y maltrata a las mujeres. Que, a pesar de las campañas cansinas contra la violencia doméstica– ellas dicen “violencia de género” pasándose por sus hirsutas entrepiernas la presunción de inocencia de cualquier varón- jamás señalen a los colectivos en los que más asesinatos de mujeres se producen. Aunque la mayoría de los asesinatos en el ámbito doméstico cometidos en España han sido protagonizados por inmigrantes extraeuropeos, ellas protestan y criminalizan al varón europeo, blanco y heterosexual, que es para lo que les pagan.

Porque al final, todo es una cuestión de pasta y de estómagos agradecidos. Soros y sus secuaces dicen cuándo, cómo y contra qué hay que llorar.
Al fin y al cabo son los que, a semejanza de los caciques decimonónicos, pagan a las plañideras. Ya saben, el que no llora no mama.

Viendo la fauna que secunda, apoya y publicita la esperpéntica “huelga feminista” es fácil comprender que el 8 de marzo se haya convertido en la apoteosis triunfal de los lloricas y los mamones.

J.L. ANTONAYA

Be Sociable, Share!

    Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

    ACEPTAR
    Aviso de cookies
    Web translate