A LOS MAESTROS

De un día para otro, los docentes, sin ninguna ayuda, han tenido la capacidad divina de crear de la nada, y en esa suerte de “creatio ex nihilo” de la que hasta ahora Dios tenía la exclusiva, han montado todo un sistema de educación a distancia, para seguir prestando sus servicios desde casa.
¿Materiales? Su ordenador particular, privado y personal; y su internet, pagado de su bolsillo.
¿Espacios? El salón de su casa, que vuelve pública la intimidad de su hogar.
¿Derechos de autor? Cedidos, imagen, textos, tareas…
¿Formación? La propia, investigando contrarreloj.
¿Apoyo de las consejerías? Anecdótico. ¿Vigilancia? Toda.
¿Exigencias? Absolutas.
La escuela en el salón de casa no termina nunca.
¿Un millón de correos que atender? ¿A quién le importa? Para eso cobran.

Pero nadie les aplaudirá, casi nadie dará las gracias, y pocos reconocerán su labor. De hecho habrá padres y madres que se quejarán porque reciben casi a diario notificaciones sobre el progreso, o no, de sus hijos o porque tienen que echarles una mano con sus deberes.
Los profesores están trabajando, de hecho han multiplicado por mucho sus horas de trabajo, pues ahora aclaran las dudas uno a uno, corrigen y evalúan las tareas una a una…
Yo aplaudo a los docentes, y no solo a ellos, también a otros muchos que en estos días de crisis se exponen para prestarnos todo tipo de servicios. Pero aquí, ahora, hablo de educación.
Yo aplaudo a los docentes con todas mis fuerzas, pero más que aplausos, necesitan (necesitamos) devolver la educación al lugar que le corresponde.

UN PADRE DE BADAJOZ

Be Sociable, Share!

    Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

    ACEPTAR
    Aviso de cookies
    Web translate