A PROPÓSITO DEL GARROTE

 

En España desde tiempo inmemorial, se venía ejecutando a los condenados a muerte por el procedimiento de la horca, puesto que la decapitación y otros se habían quedado anticuados. Nuestro nunca bien ponderado cabrón Fernandito VII, alias “El Felón”, un día se sintió generoso y decidió hacer un regalo a sus súbditos: a partir de entonces la horca, que se ve que hacía mucha pupa, no volvería a emplearse y se sustituiría por el garrote. Los nobles serían ejecutados con garrote noble y los villanos con garrote vil.

Queridos niños: si alguno os preguntáis por la diferencia entre uno y otro, os diré que el aparatejo era idéntico en el vil y en el noble, pues la única diferencia radicaba en los prolegómenos. Los villanos llegarían al patíbulo montados en un burro y de espaldas a la marcha, mientras que los nobles lo harían de frente y montados en briosos cordeles. Las diferencias, pues, acababan en el patíbulo y la argolla que cascaba el pescuezo de unos y otros era la misma.

¡Qué generosos han sido los Borbones!

EL CENIZO

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