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A TONTAS Y A LOCAS

“El valor, la irreflexión y la violencia son gérmenes de lo grande”
Luys Santa Marina

En cierta ocasión, Jacinto Benavente, que como diría Eduardo Mendoza era “un maricón de tomo y lomo” -lo que no resta ni un ápice, al contrario, de su genialidad- fue invitado tras su Nobel a dar una conferencia en un círculo sufragista.
Don Jacinto, al que no le apetecía en absoluto la charla, se excusó con la nada políticamente correcta frase: “yo no hablo a tontas y a locas”.
Reconozco que es una de mis frases hechas favoritas del castellano, aunque la intención subyacente del dramaturgo no fuera la de su uso habitual, que es desde El Quijote: “hacer algo apurado, sin prestar atención ni reflexionar en lo que se está haciendo”.

A diferencia de las buenas gentes de derechas que tienen que olerse los culos -como los perricos- para reconocerse, a nosotros nos basta un vistazo o un simple gesto para saber que estás entre hermanos.
La cita de Santa Marina que encabeza estas líneas es -de cabo a rabo- la exacta antagonista del término “conservador” y jamás la asumiría como propia un “señor de orden”. En cambio, “uno di noi” nunca podrá entender la vida de otra manera.
Tal vez por eso somos tan pocos.
Audaces, locos enamorados de la vida y de la muerte a la vez, contradictorios, irreflexivos y testarudos, “algo perdularios, ¿y qué?”… perdedores irredentos.
Rotundamente: nuestro Estado anhelado nada tiene que ver con aquella otra cosa que proponen las derechas.

Los matices son importantes:
Cuentan los que saben, que poco despues de recibir el Nobel, Juan Ramón Jiménez se topó en Puerto Rico con Serrano Poncela y éste le ofreció su mano. El poeta la rechazó diciendo “yo no estrecho la mano de asesinos, no estoy en el exilio por ser lo mismo que usted”.
Jiménez -republicano de pro- tuvo que exiliarse del Madrid rojo precisamente cuando uno de los diarios controlados por Serrano Poncela -Claridad- atacó a los intelectuales cuya lealtad consideraba no suficientemente probada.
Dos años despues, absolutamente abatido, escribiría una hermosa elegía para su sobrino falangista, Juan Ramón Jiménez Bayo, caído en la batalla de Teruel:

“Yo sé bien que él tenía, con las ideas que él creía mejores, un ideal limpio, sin más sangre en él que la suya. Y esta sangre generosa lo dejó sin ella exangüe en el sitio de su ideal. Y se sumió en la tierra a mejorarla. Si su muerte, y las otras como la suya, no nos mejoran, ¿de qué sustancia miserable somos?”.

Tras acaparar fracasos con cada nuevo intento, nadie y digo bien: nadie, a estas alturas nos debería culpar a aquellos que mantenemos “un ideal limpio” que no queramos ser péndulo que oscila entre veleidades electoralistas. Si lo fuéramos, como algunos “camaradas” nos reclaman… ¿de qué sustancia miserable seríamos?.

La pasada semana en compañía de tres militantes, nos metimos entre pecho y espalda unos miles de kilómetros por estar en compañía de nuestros hermanos europeos en ese congreso oficioso del neofascismo que es, desde hace una década larga, el Espace Jean Monnet que organiza la revista Synthèse.
ACIMJI había sido invitada por la Organización para exponer la verdad del problema creado en Cataluña, y además se nos brindaba la posibilidad de colocar un stand.
No lo desaprovechamos.
Tuvimos ocasión de saludar a Jean Marie Le Pen y departir con él a lo largo de media hora.
También disfrutamos de una cena y agradable sobremesa con camaradas franceses e italianos en el propio domicilio de Roland Hélie.
Y, cómo no, las tertulias en torno a un café o una cerveza en las instalaciones del congreso.
En todas las ocasiones citadas, en todas, la primera pregunta que recibíamos era por Vox.
Resulta contradictorio -pero así es y así hay que contarlo- que los escasos reductos europeos donde aún se venera, se cultiva y se propaga el fascismo, sus autores y sus intelectuales, pongan sus esperanzas en el Front National, en La Lega o en una quimera como el partido pistacho.

Vox nació, casi, casi, como una escisión del PP.
De hecho, alguno de sus líderes manifiesta la pretensión de ser Alianza Popular.
En este punto hay que recordar que la transición de la derecha española hacia las posturas liberales y socialdemócratas que la definen en la actualidad fue escogida voluntariamente, innecesaria tras la desaparición de UCD, con las sucesivas campañas aznaristas de “vamos hacia el centro”.
Tantos fueron sus “viajes al centro” que Alfonso Guerra en una de sus más celebradas ocurrencias declaró: “Coño, ¿que de tan lejos venían?”.
Y es que, efectivamente, llegaban desde muy lejos a la derecha.
Durante sus primeros años Vox contaba sus días por fracasos pues Ciudadanos llegó para ocupar el espacio electoral que pretendía Abascal y no había propuesta que no le hubieran tomado la delantera los riveristas.

¿Qué ha cambiado para que se conviertan en alternativa?.
Sencillamente que han radicalizado su discurso, tomando para sí mismos algunos de los postulados con los que los nuestros hicieron bandera (inmigración, autonomías, ideología de género…) y les faltó el eco mediático necesario para hacerse oir.
En este punto es justo reconocerles a los pistachos que han sabido mantenerse oportunamente alejados de los estándares clásicos de la militancia ultra.
Y tales son las causas que despiertan desconfianza: ¿por qué de repente Abascal con un programa que firmaríamos en un porcentaje importante cualquiera de nosotros, se ha hecho con los recursos económicos y los medios de comunicación imprescindibles para salir del anonimato?.
Bonita pregunta que algún día tendrá su respuesta, no lo duden.
Vox está siguiendo la hoja de ruta que le funcionó a Podemos para enganchar, tanto a aquella parte del electorado frustrada con sus votados, como a los que se incorporaban nuevos al censo: radicalidad en el mensaje.

Y, ¿qué hacer ahora?.
Tal vez, lo inteligente sería que todo aquél que apueste por el posibilismo dentro del Sistema se planteara un desembarco masivo en Vox e intentará crear corrientes de opinión dentro del partido para influir en el programa y trabajar por asumir liderazgos.
Tal vez mantenerse en las posiciones actuales acercando posturas e intentando unificarlas bajo una sola sigla y esperar acontecimientos.
Francamente, no lo sé.
Pero si tuviera que hacer un resumen de las jornadas pasadas en París entre camaradas relevantes del neofascismo actual, constataría que coexisten no menos de una veintena de asociaciones importantes y decididamente contra-sistema trabajando en el frente cultural y social… y un partido consolidado que disputó la presidencia de Francia alcanzando la friolera de 8 millones de votos.

Yo soy de los que hacen suya la frase del jonsista Martínez de Bedoya: “aceptar las armas que la democracia nos ofrece para luchar, sabiendo que nunca serán las suficientes para derrotarla”, y por tal motivo estoy donde estoy.
No creo en las urnas.
Pero, para desesperados, el ejemplo de Francia: que todo parece hacerse a tontas y a locas… pero funciona.

Lo importante: nunca abandonar la resistencia, cada uno trabajando en lo que cree, como aquel faro que resiste, rocoso y tenaz, los embistes de la tempestad.

LARREA   OCT/2018

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