ADIÓS ESPAÑA, BIENVENIDA ÁFRICA

Quien no quiere pensar es un fanático; quien no puede pensar es un idiota; quien no osa pensar es un cobarde.  (Bacon)

Los sátrapas de todos los partidos del Sistema engañan (tratan de engañar) a las masas, diciéndoles que la entrada masiva de inmigrantes salvarán las pensiones de su jubilación. Pero se trata de un falacia.

Es cierto que la Seguridad Social en realidad es un sistema “ponzi”, la pirámide siempre al final colapsa. La Seguridad Social irrumpe en España en un momento en que la esperanza de vida es 12 años menor que la actual, cuando apenas estaban integradas en el círculo laboral las mujeres que disponen de una esperanza de vida aún mayor. Nuestro sistema de pensiones está diseñado pensando en cotizantes que trabajan una media de treinta y cinco años y viven alrededor de diez tras su jubilación (tampoco existían las tenias parasitarias autonómicas, que chupan de la caja de las pensiones).

Era evidente que el sistema de cotizaciones y pensiones debía ser corregido y, técnicamente, solamente hay tres formas de hacerlo: o se retrasa la edad de jubilación, o se aumentan las cotizaciones, o se reduce la cuantía de las pensiones. No existe otra por mucho que los sindicatos se empeñen en no ceder derechos adquiridos y los partidos (todos) intenten no decepcionar al electorado (engañándolo).

El sistema de Seguridad Social precisa una profunda corrección.

Si en lugar de esa corrección, lo que se hace es importar masivamente mano de obra inmigrante (en el mejor de los casos, que trabajen y no sean parasitarios) lo que se genera es el “pan para hoy y hambre para mañana”, porque esos trabajadores ahora contratados ¿no se jubilarán alguna vez? ¿y quién pagará entonces sus pensiones de jubilación? ¿más inmigrantes? Y, a su vez, ¿qué ocurrirá cuando esta segunda generación de inmigrantes se jubile? ¿le sustituirá otra? En la práctica, esta concepción de la Seguridad Social recuerda los negocios “piramidales” en los que para que la cúspide obtenga beneficios (en este caso pensiones), es preciso que la base de la pirámide aumente constantemente… Y, al igual que los negocios “piramidales”, una caída momentánea en el nivel de ingresos provoca la destrucción de toda la estructura.

Pero hay algo peor y que los gobiernos de cualquier signo no quiere tener en cuenta: la sociología de las poblaciones que vienen. Salvo el caso de los inmigrantes de la Europa del Este, los que proceden del Tercer Mundo tienen una estructura muy particular: por cada miembro activo (es decir, cotizante a la Seguridad Social, base mínima, claro) hay un número indeterminado de miembros pasivos (mujeres, hijos, abuelos, a veces la tribu completa). Sólo uno cotiza a la Seguridad Social , el resto consumen recursos del Estado (o sea de nosotros): unos enseñanza gratuita, otros becas de alimentación, otros libros de estudios gratuitos, todos beneficiarios de la tarjeta sanitaria, casi todos con ayudas sociales no contributivas.

Y para colmo de esa “ruina” el paro se extiende entre las comunidades inmigrantes. La Seguridad Social oculta desde siempre las cifras de gastos sanitarios de la población inmigrante. Es mentira que, dadas las características de las poblaciones inmigrantes, se esté en condiciones de afirmar que los ingresos que proceden de la inmigración, restada la cantidad que reciben en concepto de prestaciones de todo tipo ellos y sus familiares y el seguro de desempleo los que están ya en paro, el resultado pueda considerarse esperanzador a la hora de intentar pagar las pensiones futuras.

Pero hay más… Si contemplamos la inmigración como un fenómeno global (impuesto por el NOM) que afecta a la totalidad de actividades realizadas en España, veremos que la capacidad que tiene la inmigración para producir riquezas se ve contrarrestada por los problemas y desajustes que la inmigración masiva y descontrolada genera en el Estado.

Cuando es preciso desplegar guardacostas y patrulleras en el Estrecho, cuando es preciso instalar radares de alta tecnología para localizar pateras o barcos y cuando, las inversiones humanas y de equipamientos deben movilizarse para aminorar (no contener) la invasión de ilegales, estos gastos deben incluirse en el Debe de la inmigración masiva e incontrolada, no en el capítulo de gastos generales del Estado.

Cuando las estadísticas (reales) demuestran que en sólo tres años se ha llegado al límite de capacidad carcelaria y cuando los delitos han experimentado una brusca subida a causa de la inmigración/invasión descontrolada, es evidente que la construcción de nuevas cárceles y reclutamiento de agentes del orden para poder controlar la avalancha de menores en centros da acogida o para ser repatriados (cosa muy rara), todo eso cuesta al Estado (nosotros) miles de millone; jamás recuperaremos esos inmensos gastos.

Los políticos-polichinelas de los Amos del Mundo, jamás te dirán la verdad… que la cuestión no sea si gracias a la inmigración-invasión masiva se pagaran las pensiones, sino que a causa de esa inmigración el Estado quebrará.

Los cretinos que proclaman “papeles para todos… ningún ser humano es ilegal…” también sucumbirán (con caras de idiotas por haberse creído esa memez).

LORENZO FELIÚ

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